Blonde Redhead de visita este fin de semana en Barcelona y Madrid.

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Blonde Redhead es un trío estadounidense que empezó como una banda disonante de noise-rock y poco a poco se fue tornando a una banda capaz de producir álbumes de pop-rock con un marcado golpe emocional

El trío estará presentando su último trabajo, tres años después de publicar “Barragán” han vuelto con un EP : “3 O’Clock”.

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25 FEBRERO – RAZZMATAZZ 2, BARCELONA

26 FEBRERO – JOY ESLAVA, MADRID

Apertura puertas: 20:00hEntrada: 20€ + gastos

Los gemelos Amedeo y Simone Pace, nacieron en Milán y se mudaron a Montreal, Quebec, Canadá, cuando ambos tenían 13 años, tocando la guitarra y la batería respectivamente, y desarrollando un gran interés tanto por el jazz como por el rock. Posteriormente se trasladaron a Boston para asistir a la prestigiosa Berklee College of Music, obteniendo títulos de bachillerato antes de trasladarse a la ciudad de Nueva York para continuar con la creación de una banda de rock.

 

Con el tiempo conocieron a dos estudiantes japonesas, Kazu Makino era un cantante y guitarrista aficionada, mientras que Maki Takahashi era bajista. Los cuatro tuvieron una conexión instantánea y empezaron a salir juntos y ensayar en serio, estableciéndose con el nombre de Blonde Redhead. La banda forjó un sonido influenciado por las bandas no-wave de finales de los 70 y principios de los 80.
El grupo grabó su primer álbum de ocho canciones con Steve Shelley, de Sonic Youth, titulado simplemente Blonde Redhead (1995 Smells Like), que obtuvo elogios de la crítica, aunque casi cada mención de la banda conectaba su sonido con el de Sonic Youth. En realidad, ya estaban estableciendo un sonido único, no sólo por las voces únicas de Makino y Pace, que fueron mucho más lejos que las de Sonic Youth. Poco después del lanzamiento del álbum, Takahashi dejó la banda y Blonde Redhead continuó como un trío sin bajo. En 1995, publican un nuevo álbum, La Mia Vita Violenta (Smells Like), donde el grupo refinaba aún más su sonido. Makino, cada vez más hábil con la guitarra, amplió el registro de su voz, siendo a menudo comparada favorablemente con el estilo de Bjork cantando. Las voces de Amadeo Pace también se hicieron más completas, y el trabajo de percusión de Simone Pace se volvió cada vez más templado y matizado. El sonido Blonde Redhead ya estaba en marcha.
En 1997, la popularidad de la banda hizo que firmara con la prestigiosa discográfica independiente Touch & Go, cuyo primer álbum Fake Can Be Just as Good, fue co-producido por la banda con el ingeniero John Goodmanson. El siguiente álbum de Blonde Redhead, In an Expression of the Inexpressible (Touch & Go, 1998), fue producido por Goodmanson y el cantante y guitarrista de Fugazi, Guy Picciotto, siguiendo la tendencia de pulido y refinamiento. Los teclados también empezaron a introducirse en el sonido de la banda, ya mucho más presente en su siguiente álbum Melody Of Certain Damaged Lemons (Touch & Go), en el 2000. En este punto, Blonde Redhead se habían alejado de las violentas comparaciones con Sonic Youth de sus primeros lanzamientos, y ahora estaban adoptando un sonido que incluía influencias del pop francés de los años 60, así como elementos extraídos del jazz, el ambient y el shoegaze.
Cuando su siguiente álbum, Misery Is A Butterfly, apareció en 2004, cogió a mucha gente por sorpresa. Las cuerdas y los teclados fueron prominentes en un álbum donde el sonido de Blonde Redhead se había convertido ya en una especie de música de cámara de rock. La música era ahora agraciada donde antes era urgente. Los críticos y los fans pronto aparecieron y el álbum se vendió mejor que cualquiera de sus discos anteriores. Blonde Redhead continuó su gira y lanzó 23 (4AD) en 2007. Por primera vez, el grupo optó por producir el álbum, con la asistencia en dos canciones del productor Mitchell Froom. El disco es una excelente destilación de las diferentes etapas de la banda a lo largo de su carrera. El álbum fue de lejos el más vendido por el grupo, vendiendo alrededor de 11.000 copias la primera semana de lanzamiento y situando a la banda en el número 63 de las listas de los Estados Unidos.
Tras un trío de lanzamientos tan potentes como Misery Is A Butterfly, 23 y Penny Sparkle -su álbum de 2010-, no debería sorprender que Barragán, del pasado 2014, tenga semejante continuidad en su sonido. La presencia del productor, mezclador e ingeniero Drew Brown -que fue miembro clave del equipo durante la grabación de Penny Sparkle- fue clave introduciendo una serie de sugerencias. Fue Drew quien convenció a la banda para dirigirse a Key Club Recording en Benton Harbor, Michigan, donde encontraron una increíble colección de sintetizadores antiguos, en palabras de Kazu, un ” cielo analógico”. Todavía están aquí, y después de 21 años, es obvio que Blonde Redhead nunca han hecho discos por la fama, ni por el dinero, ni para complacerse con cualquiera de los impulsos mudos y efímeros que obstruyen la blogosfera con música muda y efímera. Están haciendo música, simplemente, porque quieren hacerlo.

 

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