Crítica de teatro: “Luces de Bohemia” @ Teatro Zorrilla (Valladolid): 21/01/11

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EL ESPERPENTO AL DESNUDO

Muchísimo es lo que se ha escrito sobre Luces de Bohemia y Ramón del Valle-Inclán, obra y autor claves para el teatro y la literatura nacional del siglo XX. Por ello, el punto de partida para enfrentarse a este montaje es ya muy elevado: todo un reto para el director y ciertas desventajas para el público que no parte de cero. Quien más, quien menos, tiene referencias de la obra, de su protagonista, de lo que significa el esperpento como género teatral surgido precisamente con Luces de Bohemia. Por otro lado, la calidad, profundidad y altura del texto de Valle-Inclán,  que requeriría un análisis aparte, resulta indiscutible, lo que no deja de ser una gran responsabilidad para los equipos que osan representarlo.  La Compañía del Teatro del Temple sabía todo esto. Ellos mismos lo han reconocido: Sabemos de la magnificencia del material textual del que partimos y sabemos la problemática que conlleva la puesta en escena de los textos de Valle-Inclán. Y han optado por la humildad. Por huir de la literalidad y de artificios innecesarios.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=uOg6v6CE8nA

El viernes 21 de enero se abría el telón del teatro Zorrilla con el aforo sin completar para dar paso a la representación de Luces de Bohemia, versión de Carlos Martín y Alfonso Plou, en la dirección y coordinación respectivamente,  al frente de la compañía zaragozana Teatro del Temple.

Una de las dificultades de esta obra para su representación reside en la cantidad de personajes y en la sucesión de escenarios dispares por los que Max Estrella y Don Latino pasan a lo largo de la noche. Lo sumario de los recursos escenográficos en este montaje no hace sino subrayar las esencia de las escenas. Esta desnudez, lejos de ser una reinterpretación estética se interpreta como profundización en el contenido ¿Para qué recrear de forma realista la Taberna de Pica Lagartos, una calle de Madrid de madrugada o un despacho del Ministerio de la Gobernación si pueden apenas esbozarse y dejar el resto a la imaginación del espectador? ¿No tiene mucho de simbólico la literatura en general y esta obra muy en particular?

De esta manera, varias estructuras metálicas se  articulan  para simular cada uno de los ambientes, sirviendo también de improvisadas burras de las que penden espectros en forma trajes sin dueño; un guiño a las tripas del teatro, al trabajo entre bambalinas y un detalle que ambienta lo grisáceo del entorno. Lo grisáceo hablando de forma literal y figurada. Y es que todo el vestuario armoniza en torno a este color apenas roto por toques rojos que parecen simbolizar elementos del argumento y del trasfondo del texto: rojo es pasión, rojo es sangre, rojo es dolor, rojo es revolución…

Todo ello en consonancia con una obra que pretende ser crítica social a través de la deformación y la caricatura de una España caduca, la de principios del siglo pasado, un país, el nuestro, que se desmoronaba en varios frentes y una sociedad que clamaba libertad. La desnudez escénica con que se aborda este montaje es una opción coherente con lo que significa la obra para nuestra historia reciente porque la descontextualización nos la trae al frente y revela que ese grito de desaliento ante una realidad “esperpéntica” (aquella reflejada metafóricamente en los famosos espejos cóncavos del Callejón del Gato) puede resultar vigente hoy sin importar demasiado el contexto concreto en el que se escribió.

Mención especial para los efectos sonoros, siempre pertinentes, y la iluminación efectista, casi a lo Caravaggio, adecuada a cada instante para ayudar a modelar escenas, personajes y momentos dramáticos, cinematográficos en más de una ocasión. Todas las escenas están bien construidas pero destacaría la de la celda por su esencia poética y la del velatorio por su contundencia escénica.

Y no sería justo terminar este humilde escrito con una referencia emocionada al factor humano, la interpretación. La de todos ellos fue meritoria pero creo que brilló especialmente la de sus protagonistas, Pedro Rebollo (Don Latino) y Ricardo Joven (Max Estrella), que deleitó a los presentes con una intensa encarnación del desgraciado poeta bohemio ciego, como él mismo se definió: “cesante de hombre libre y hombre cantor”.

Con un Premio Max (¿cómo no iban a atreverse a subir a las tablas al Max de verdad?) a las espaldas como Mejor Espéctaculo Revelación del 2003 por Picasso Adora la Maar, y el reconocimiento del público desde su nacimiento hace casi dos décadas, la compañía Teatro el Temple tiene ya en su trayectoria un éxito más del que sentirse orgullosa.

Hay trabajos correctos, buenos trabajos, pero que te dejan fría. Otros, sin embargo, desde la misma profesionalidad de los primeros, te lo llevas puestos al salir del teatro. Te remueven y algo queda de ellos en ti aun con el pasar de los días. Este montaje es uno de estos casos…

Espectáculo: Luces de Bohemia, de Valle-Inclán (Teatro El Temple)
Dirección: Carlos Martín
Coordinación: Alfonso Plou
Producción: María López Insausti
Interpretación: Ricardo Joven,Pedro Rebollo, Gabriel Latorre, Francisco Fraguas, Rosa Lasierra, Javier Aranda, Gema Cruz, Félix Martín
Lugar: Teatro Zorrilla (Valladolid)

 

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