Crónica: El cósmico viaje de Anni B Sweet en el Náutico

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Un fugaz destello de luz que anticipa la tormenta. Así se presenta Anni B Sweet, en toda su dulzura, cada vez que vuela sobre los escenarios. Repleta de ese candor que deleita y atrapa, de su tierna voz y unos versos de miel. Nos habla de galaxias lejanas, de cometas y nebulosas que se entremezclan con palabras de amor, duda y error. Y no deja de hablarnos, siempre que canta.

Un público que la mira como se mira a la lluvia que resbala, a punto de derramarse sobre ese manto de estrellas que la arropa y la cuida. Sin perder detalle de sus movimientos, se agitan e impulsan en sus suaves revoloteos; pero también caen al compás de sus lamentos, de su grito ahogado y silencioso, que más de una vez traspasa el papel y se adueña de su música. Frágil y veloz, su canto apunta al corazón y sacude la mente. Nos estremece y conmueve. Afina los sentidos y despeja las dudas que nos inquietan. Aporta paz, sentido. Y que así sea.

Anni B Sweet Náutico

El viernes en el Náutico no fue distinto. En su humildad, “fue luz”. Llegó allí para darnos su música, sin pedir nada a cambio, sin buscar respuestas. Además del habitual recorrido a su Universo por estrenar, no se olvidó de covers como la de White Rabbit de Jefferson Airplane. Presentes estuvieron, como no, Sola Con La Luna, Un Astronauta o Buen Viaje, tema dispuesto a cerrar un concierto que requería de un bis.

Su incansable banda, que integran Julia y Víctor de Rufus T. Firefly, está siempre presente. Y Anni nos lo recuerda. Pero también Noni, de Lori Meyers, se subió al escenario para actuar con ella. En un ambiente impregnado del contagioso frenesí de los sueños, la pareja se camufló con la neblina que los envolvía. Se sucedieron los aplausos, y la noche se metamorfoseó, marcando el énfasis en lo que fuera que viniese después. Y así se vino.

Anni B Sweet Noni Meyers Náutico

Una noche cargada de electricidad. Que nos habló, que nos tendió la mano. Sin espejismos ni ilusiones, sin soberbia, sin distancias. Desde una mirada introspectiva, la malagueña apunta como el espejo que nos desafía a contemplar nuestra propia imagen en él. Charlamos del tiempo, y del espacio, sin intercambiar palabras, solo imágenes. De lo que fue, y nos hizo ser. Siempre junto a ella.

Para cuando había terminado, se hizo un vacío un tanto incómodo. Ya nada nutría nuestras dudas, ni callaba nuestros miedos. Habíamos aterrizado de nuevo en la Vía Láctea, y la travesía intergaláctica de B Sweet había tocado a su fin. Un viaje para recordar, y un universo por descubrir. Más cerca de lo que pensamos.

Anni B Sweet Náutico

 

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