Crónica de concierto: Glass Animals en la sala Charada de Madrid – Octubre 2014

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Los británicos Glass Animals, con un refrescante disco de debut a la espalda llamado Zaba (Harvest – 2014), una pieza de pop inusual cuidada y llena de matices, podían ofrecer un directo que fuera una insulsa versión del disco o en algo más impactante. Pudimos comprobarlo el pasado viernes en la sala Charada de Madrid gracias a la promotora Cooncert.

Como teloneros disfrutamos de la actuación de Pacosán, trío barcelonés que vino a presentar su nuevo maxi-single Space’s Confes. Demostraron que una pieza fundamental de su propuesta son los desarrollos largos, precisos e intensos sustentados por una fantástica base rítmica entre bajo y batería, característica que en directo brilla con todo su esplendor. Queden como prueba la propia Space’s Confes y Ulises, ambas provenientes del citado maxi-single, o Maièutica, de su primer EP combustione. El resultado no sería el mismo si entre la percusión se hiciera hueco la voz procesada, los teclados y la guitarra, aportando arreglos, matices y personalidad al conjunto que en directo llena y convence.

pacosanPara cuando salieron a la palestra Glass Animals, tras un pequeño retraso cambiando las válvulas a un amplificador (o eso me pareció desde lejos), las primeras filas ya estaban plagadas de jóvenes y jóvenas británicos fans del grupo que no podían perderse a su grupo revelación del año. En otras ocasiones esto significaría que un griterío evitaría que escuchases al grupo o que una pequeña turba de gente invadiría sin piedad tu espacio vital, pero esta vez no fue así y pudimos disfrutar sin molestias del concierto. Como citaba al principio, un disco como Zaba, muy rico en producción, en detalles y en sonoridad, es complicado que en directo de un buen resultado a menos que se trate de un lugar con acústica más adecuada como un teatro. Glass Animals optan en directo por subir las vibraciones a las bases, eleccioón acertada que además hace más evidente el regusto hip-hop que en el disco está más descafeinado, sin renunciar a los arreglos más representativos de cada tema.

Canciones como Black Mambo y Hazey ganan cuerpo y contundencia, donde antes era delicadeza y sofisticación, y otras como Flip o Toes engordan en el último tramo del tema en un catártico final, también marca de la casa. Todos fragmentos muy disfrutables sacados de su único álbum, excepto Psylla que fue su primer single y sirvió para abrir el concierto. Después de Wyrd y sus características bases metálicas, y parón que no fue y la esperada versión de Love Lockdown de Kanye West, sacada de su ninguneado 808’s & Heartbreak, con la que queda demostrado que el poso hip-hop de Glass Animals es mayor de lo que parece porque la versión no desentona como uno esperaría y, aunque se note la diferencia, queda encuadrada sin calzador en el setlist. Para finalizar, todo el mundo esperaba el hit y llegó al final. Una festiva y coreada Pools sirvió de cierre exaltado. Hizo su cometido, pero disfruté mucho más de Cocoa Hooves, y del resto del concierto. Para repetir.

 

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