Crónica del concierto de Arizona Baby. Sala Ochoymedio (Madrid) – Abril 2016.

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“¿Vives con tu familia? Bien, porque un hombre que no vive con su familia no es un hombre”. Apenas se necesita un par de actuaciones de Arizona Baby para osar a parafrasear al gran Corleone y asumir la validez de tal aseveración cuando uno se vincula con la música de estos pucelanos. “La Familia Arizónica”, dice la leyenda tácita en sus círculos más cercanos, absorbe de tal forma que apadrina. Y eso te hace seguirla allá donde vaya y crecer en su seno. El viernes volvió a quedar constatado en la Sala Ochoymedio que sus lazos de unión son, cada vez, más fuertes. Y quien no lo crea, que pregunte a la taquilla.

Con la gira ya encañonada, a tiro de su final, visitaban Madrid, donde tan bien acogidos, dicen ellos, se han sentido desde sus comienzos. No es de extrañar tal hospitalidad porque lo cierto es que siempre se presentan con algo bueno que ofrecer. El regalo empieza a desenvolverse cuando los teloneros inauguran la escaleta. Los jóvenes madrileños Los Wallas abrieron la veda con un garaje rock que encendió las primeras sacudidas del público. Provenientes de la neo-Malasaña, combativos y enérgicos en su propuesta, su disco “Sangre, sudor y la grima”, muestra una interesante lista de canciones de descamisadas letras y sonido centelleante que supuso un buen preludio de lo que aún estaba por llegar.

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Y llegó. Se abría el telón y asomaban tres pobladas barbas presidiendo la sala y enardeciendo a los presentes mientras sonaba ‘Owners of the world’ y ‘New Road’, de su último trabajo Secret Fires (Subterfuge, 2014). Entre ese trío, una figura sobresalía por su palpitante oralidad. La del padrino de la familia. La de quien mueve los hilos. La única con potestad para hacer ofertas de las que no se pueden rechazar, venga lo que venga después. Javier Vielba es así. Y lo hace ver.

Primero nos retrotrae a clásicos como ‘The truth’ o ‘Dirge’ y, de seguido, nos pone a todos en comunión disfrutando de uno de los mejores momentos de la noche con ‘If I could’. Si hay que callarse para que él también lo haga, pues se hace, porque seguro que de esa intención sale un buen negocio. Nos tenía preparado uno de esos subidones que dan sentido al ruido. Y vaya si surtió efecto. De menos a más, Vielba, el Señor Marrón y Doctor Tosco redujeron el ritmo y la intensidad hasta rozar un estremecedor silencio que luego rompió en apoteosis. Tan solo el dislate de alguien pidiendo el “cumpleaños feliz” a mitad de liturgia amenazó el sobrecogedor momento; como si el inoportuno Frank Pentangeli se hubiese reencarnado en una fan desconsiderada para irritar a los músicos (quizá la LOMCE esté tardando demasiado en incluir en su asignatura de religión normas de comportamiento durante un concierto de rock).

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Interrupciones aparte, el padrino arizónico acotó sus canciones entre proclamas de buena música y filosofía. Incluso se permitió el lujo de ponerse chovinista ensalzando el emergente panorama musical de Valladolid; curiosa y acertada defensa mesetaria, en parte, porque es cierta. Fruto de ello, Juan Izquierdo, teclista del grupo The Levitants les acompañó en varias ocasiones a lo largo del concierto con una gran complicidad.

De Arizona Baby no solo hay que quedarse con esa imagen de tipos que braman y puntean sus canciones como si el rock fuera a morir mañana. También saben cómo armonizar el show eyectando intimismo sin abandonarse a lo que no son. ‘Don’t look back’ y ‘Create your own God’ fueron un claro ejemplo de ello, que atemperaron las caderas de los más agitados. Tras ellas, regresaron a la mixtura habitual de folk, rock y country con ‘Gather round the fire’, ’16 toneladas’, ‘Survive’, ‘Wooden nickles’ o ‘My love’.

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Y de ahí a los bises, y con ellos la improvisación, cargada de fuerza, garra y guitarrazos de los que arañan la piel. Con ‘Real lies’, ‘Back in te USSR’, con el carismático grito de guerra ‘Shiralee’ y con ‘It helps is you sing’ cerraron un encuentro que dejó patente la gran conexión de los vallisoletanos con su público, allá donde van. Al fin y al cabo, si uno ya ha sido parte de él alguna vez, es irremediable aceptar la culpabilidad de creerse consanguíneo en la Familia Arizona. De lo contrario, puede que sea Vielba quien parafrasee a Don Vito: “no digas que eres inocente, porque eso insulta mi inteligencia”.

Texto: Ángel González Perianes & Javo Morla.

Fotos: Javo Morla.

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