Son diez ya los años que Havalina llevan guitarra en mano girando por la geografÃa española con cada uno de sus seis discos -los tres primeros, como Havalina Blu, en inglés- y ninguna las veces que su furgoneta habÃa hecho destino en Santander. Visita, por tanto, esperada la del los madrileños que, el 20 de enero, efectuaban su primera parada en la capital cántabra dentro de un viaje que celebra su década como banda.
El trÃo formado por Manuel CabezalÃ, Ignacio Celma y Javier Couceiro, hacÃa su aparición en el Black Bird ante un recibimiento de algo menos de 100 personas y llegaban con el brillante último disco, ‘Las Hojas Secas’ (2011), por presentar en una ciudad que se habÃa perdido los anteriores y que no escondÃa las ganas que tenÃan ambas partes.
Fue la guitarra de Cabezalà la que abrió fuego con ‘Desierto’, canción que también hace esa función en un último disco en el que se acercan más a Queens Of The Stone Age que a The Cure, y que -simplemente el tÃtulo- marca las directrices de lo que se viene encima: nos vamos a encontrar aridez, desierto. Murallas sonoras que bien podrÃan firmar Sonic Youth, melodÃas que mantienen la esencia pop. Su lado más fácil aparece en canciones como ‘Tu Ciudad’, segundo dardo arrojado en Santander.
Manuel Cabezalà habla de desamor, pero sonrÃe y lanza guiños al público antes de entrar con un breve repaso a su segundo trabajo en español con ‘Sueños de Esquimal’ e ‘Imperfección’, para posteriormente retornar a su último LP. Continúan entonces con ‘SÃndrome de Culto’ y ‘Punto de Reconciliación’, los cortes con más aroma a 80s. Cargadas de flangers, atmósferas y sonidos que rebotan de un lado a otro y, en uno u otro momento, explotan. Pero Havalina están mutando hacia un lado más salvaje, cercano al stoner, y lo dejaron entrever con la acelerada ‘Viaje al Sol’, canción que, anunciaban, formará parte de su próximo disco.
Ya se sobrepasaba el ecuador del concierto cuando dieron rienda suelta a ‘Objetos Personales’, ese maravilloso poema de José Juan Cabezalà (hermano de Manuel) convertido brillantemente en música. Una canción que se antoja eterna, una perfección lÃrica e instrumental que desgarra y que, si bien es la más digerible del disco, a servidor le parece lo mejor que haya publicado Havalina nunca. Después del éxtasis general en la sala, era el turno para la enrabietada ‘Mordiente’ -elevando la presión (voy a morder tus párpados / desgarrarte y odiarte aún más) a cotas, precisamente, desgarradoras- y la seca ‘Mamut’, chute ruidoso y rebelde en vena.
Se perfilaban ya absortos los rostros en el público cuando el concierto alcanzó la catarsis con la cuasi litúrgica ‘Por La Noche’. 10 minutos, alargados a prácticamente 15 en directo, en los que Havalina se dejan llevar por un instrumental que sobrevuela cabezas y las reduce a un suspiro de acongojo. Cuarto de hora después de que sonara el primer acorde de la canción que cierra el disco, los madrileños hacÃan el amago de irse. Pero allà nadie podÃa esperar: sin darles tiempo a despojarse de sus instrumentos, la sala ya pedÃa unos bises que fueron correspondidos con ‘Incursiones’, transformando el ambiente de nuevo a la sensualidad -y sexualidad- que transmite la canción.
Y, además, quisieron convertir aquello en una fiesta, en una visita inolvidable: Cabezalà y Celma se alejaban del escenario y se entremezclaban con el público, uniéndose en última instancia Couceiro (timbal y baquetas en mano), para poner el punto y final a la tardÃa pero soberbia primera presentación del trÃo en Cantabria.
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