En busca de los discos perdidos: Eric Spitznagel busca su juventud a través de los vinilos

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Imposible no acordarse de Rob Gordon de Alta Fidelidad leyendo la sinopsis del libro de Eric Spitznagel. Pero hay que añadir 10 años a Rob y una crisis de mediana edad en toda regla. Eso, y que escribir este libro es como una especie de suicidio social; porque no es una ficción. Spitznagel habla de su ridícula y delirante misión de encontrar sus discos, no las mismas ediciones; sino sus discos, con las mismas ralladuras y el mismo olor a marihuana. Discos que vendió en los 90, cuando necesitaba dinero para comprar cosas esenciales como pañales o botellas de vino. No le pareció importante en su momento, total, el vinilo ya estaba muerto. Pero a sus 45 años, esos mismos vinilos cobran un significado casi demencial para Spitznagel. Necesita encontrar sus discos, para volver a sentir algo, para sentirse algo vivo.

En busca de los discos perdidos: Eric Spitznagel busca su juventud a través de los vinilos

A Eric Spitznagel no le pasa nada especial, nada que no nos pase a todos… Le pasa la vida, en realidad. Tiene 45 años, una mujer con quién no tiene ya mucho más en común que los recuerdos, un hijo, facturas, responsabilidades y muy poco espacio para ser él mismo. Así que un día, después de una conversación con un coleccionista se da cuenta del error abismal que ha sido vender sus vinilos. Ni siquiera tiene un toca disco ya, pero su obsesión va a ser recuperar sus copias y no parará hasta conseguirlo.

Muy rápidamente el lector se da cuenta de que la reconquista de sus discos es solo una excusa para contarle recuerdos y memorias que ya no volverán. Esa novia que apuntó su número de teléfono en la portada de un disco de Bon Jovi, ese Let it be de los Replacements que servía para esconder la maría…

En busca de los discos perdidos: Eric Spitznagel busca su juventud a través de los vinilos

Es imposible que un melómano enamorado de los discos no se identifique con la búsqueda de Eric Spitznagel. La música esta tan liada en cada momento de nuestras vidas que perder esos recuerdos sería como amputarse de los sentimientos asociados a estos recuerdos. No creo que sea ninguna coincidencia que los vinilos hagan su gran regreso hoy en día. En esos tiempos de era numérica, necesitamos sentir que algunas cosas todavía existen. Necesitamos ritos: una copa de vino, sentarse en el suelo y empezar a escuchar ese disco que siempre salta en el mismo solo de guitarra. A veces necesitamos ese trozo de imperfección, solo un ratito. Los vinilos o los CDs nos obligan a prestar atención y a dedicarnos un poco de tiempo. Podemos hacer mil cosas a la vez mientras escuchamos Spotify en nuestos Iphone, pero escuchar un vinilo es un momento dedicado a nosotros mismos. Y eso es lo que deberíamos valorar.

‘En busca de los discos perdidos’ es un libro nostálgico y romántico. La misión de Eric Spitznagel no tiene sentido nada más que para el mismo y se asemeja bastante a una locura. Pero le seguimos con muchas ganas y ternura en su aventura musical. Me parece un regalao perfecto para Reyes para cualquier amante de los discos.

Pero por encima de todo eso, quería mi antigua copia del Alive II de KISS por la amenazante pintarrajeada de la portada: la prueba irrefutable de que mi hermano y yo habíamos sido las personas más importantes de nuestras respectivas existencias. 

Eso es todo lo que siempre he querido de cualquier canción. Solo quiero que me haga temblar mientras me enamoro dentro de un coche, durante una tormenta. Claro que no toda canción puede ser perfecta. 

 

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