Lo nuevo de Cariño y una mirada atrás

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Sucedieron en Tinder. Un concierto del Buen Hijo y una grabación “hipertriste” de un tema no menos triste, auriculares en mano. María, Paola, y ya para entonces Alicia. Tres chicas de Madrid, asentadas en Lavapiés, y un lema: “pop de barrio para la bajona”.

“La bajona”. La temida bajona. La esperamos como a ese viejo amigo que se presenta en casa por Navidad. Verlo no nos hace demasiada gracia, pero… Qué se le va a hacer, no queremos echarlo. Es hasta majo. Y sabíamos que se venía.

Cariño nació con Canción de pop de amor. Un fenómeno pop. A partir de ahí, siguió. Y se redefinió, como se redefine siempre. Pero siempre desde una misma línea: la que empezaron a trazar en el momento en que María eligió esta vía de escape para verter todo aquello que no tenía cabida en la poesía. Una poesía hermética, rígida, inaccesible. Y Cariño es todo lo contrario.

Vienen cargadas de una nueva estética, de la mano del que podríamos bautizar como “new-new age”, melodías electrónicas y ritmos orgásmicos. Letras azucaradas, frescas y despreocupadas, sin pretensiones ni estereotipos. Al margen de la introversión reflexiva de otros artistas, Cariño se expresa a través de la sencillez y la superficialidad del día a día. Reivindican el “tontipop” como una forma de entender la vida.

No todo lo que se escribe tiene que ser poesía. No todo tiene que ser profundo. ¿Por qué no pueden expresarse las cosas complejas de manera simple?

En la era de la comunicación fácil, rápida y (hemos de creer que) veraz, lo que las nuevas generaciones demandan son versos directos, accesibles, fáciles de digerir. Pero sobre todo, que nos identifiquen, que nos definan como generación. Y que sean capaces de ayudarnos a entender todo eso que sentimos y que, en un mundo cada vez más globalizado e individualizado, nos deja confusos y paralizados.

Las canciones de Cariño podrían ser la banda sonora de cualquier ruptura amorosa, de cualquier amor adolescente, de los días de toda chica de “veintitantos” descubriéndose a sí misma sin éxito. Cariño es como una pastilla, pero legal. O así lo reivindican ellas.

carinog

Iniciando su trayectoria en el verano de 2017 y con apenas dos años de carrera, en una industria marcada por la supremacía masculina, ya se han hecho con un visible espacio en la escena musical de España. [Aquí las letras de sus compañeras, Las Odio, “yo no soy la novia, no soy la amiga, mira mi pulsera, yo soy la artista” ] Un álbum, Movidas, y varios sencillos. Han llegado a versionar a C. Tangana, llevando a lo cotidiano y absurdo su Llorando en la limo. La retorcieron hasta darle una nueva textura, un nuevo significado, más próximo a cualquiera de nosotros de lo que jamás lo sería la original; y lo hicieron genial.

Movidas nos ha dejado Mierda seca, Bisexual o Su portal. Y este año ya han visto la luz los sencillos La bajona y 🙁.

El último de ellos, las resume. La esencia de todo lo que hasta ahora han venido haciendo, una síntesis de su música y su identidad creativa. Como siempre, en su línea. “A nadie le interesa lo que siento […] Te he escrito porque te echaba de menos”. El esperadísimo single juega una vez más con el reiterado tópico del amor y el desamor, las expectativas autogeneradas y la desaprobación por parte de nuestro entorno, que observa silenciosamente cómo idealizamos una realidad que en nada se parece a nuestras fantasías.

🙁 ha sido producida y masterizada por Harto Rodríguez, quien “ha aportado un toque más maduro a la propuesta del trío”. El artífice del videoclip, por otra parte, ha sido Diego Discorosa, haciendo muestra una vez más de su peculiar sentido del humor.

Episodios cotidianos, a menudo amargos, revertidos en una explosión sensorial de luz y color, en clave, como no, de “tontipop”. Y que así sea siempre.

Puedes ver el videoclip aquí

 

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