The Maccabees / Given To The Wild

given to the wildddd The Maccabees / Given To The WildEl que llegue a este ‘Given To The Wild’ esperando a los mismos Maccabees que los conocidos en sus dos trabajos anteriores va a reflejar, cuanto menos, una mueca de asombro en su rostro. El quinteto de Brighton -ahora seis sobre el escenario con la adición de un teclista-, ya se atrevió a dar un paso al frente en su segundo trabajo (‘Wall Of Arms’, 2010) respecto al primerizo Colour It In’ (2007) pero es ahora cuando realmente se adentra en ese mundo salvaje que anuncia su título. Su debut llegó, hace ya 5 años, como un huracán: no inventaron nada nuevo pero avivaron, a golpe de frenesí y pegada, el júbilo guitarrero que vivía el indie en ese momento. Un disco que no fue propiamente concebido como tal y que, ellos mismos reconocían, reunía esa furia desenfadada, directa y juvenil propia de un conjunto de canciones pensadas para directo y no para estudio.

Ahora es cuando nos damos cuenta de que ‘Wall Of Arms era un disco puente entre su primer y su último trabajo. Sin sacrificar en exceso ese característico desparpajo juvenil, The Maccabees ganaban enteros en matices, estructuras y atmósferas para firmar un trabajo notable. Y es en ‘Given To The Wild’ donde la banda liderada por Orlando Weeks (el vocalista se erige esta vez como piedra angular de un proyecto que, sin su voz, perdería gran parte de su sentido) va un paso más allá y abandona, prácticamente, toda muestra de pop desenfadado para convertirlo en un pop mucho más arriesgado y ornamental, exquisito en las atmósferas y delicado en los instrumentales.

Ya avisan en una espacial introducción de que la presencia de sintetizadores y vientos va a ganar peso frente a las guitarras y que las atmósferas van a sobreponerse al golpe directo. Que ‘Given To The Wild’ es un disco que ataca lenta y comedidamente, acumulando tensión en sus canciones hasta que explota con un cambio de ritmo. ‘Child’, ‘Feel To Follow’, ‘Glimmer’ o ‘Forever I’ve Known’ responden a este patrón ascendente, a ese efecto champán, con búms instrumentales repentinos y vivos que guardan parte de la magia de sus anteriores trabajos sin perder una fuerza que trabajan especialmente en ‘Pelican’ y ‘Unknow’.

Es en ‘Ayla’, ‘Went Away’, ‘Go’ o ‘Heave’, donde realmente aparecen los nuevos Maccabees que exploran con teclados y efectos vocales y se vuelcan a una épica cortante, que trata con cariño los ambientes y se acerca a lo que Foals y Bombay Bicycle Club hicieron en sus últimos trabajos. Mención especial para el suspiro final del álbum donde ‘Slowly One’ y ‘Grew Up At Midnight’ cierran el círculo volviendo al medio tiempo relajado que puede recordar melódicamente, incluso, al homónimo de Bon Iver. En definitiva, un disco lleno de matices, intensidad y riqueza sonora que, aunque tarda en calar, se convierte en el mejor trabajo de los de Brighton hasta el momento.

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