The Magnetic Fields / Love at the Bottom of the Sea

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Teniendo en cuenta lo decepcionantes que resultaron los dos últimos álbumes de los Magnetic Fields (‘Distortion’, ‘Realism‘), uno se enfrenta a la primera escucha de este ‘Love at the Bottom of the Sea’ casi como si estuviera ante una actuación de esos artistas que, en lugar de cantar, más bien vociferan y parece que de un momento a otro se les va a estallar una vena o les va a salir tremendo gallo: con mucho miedo por lo que pueda pasar. Un temor muy justificado, por otra parte, después de que oyéramos hace unos meses ‘Andrew in Drag’, ese primer single tan graciosete pero cuyo estribillo reza “Andrew in dra-a-ag/Andrew in dra-a-ag/Andrew in dra-a-ag, yeah”. Todo apuntaba a que este nuevo LP iba a suponer un paso más en ese desidioso sendero de letras geniales y pesadas melodías cuyo culmen representa ‘Realism’, una poesía de media hora con un hilo musical de fondo. Pues nada mas lejos de la realidad.

El disco se titula ‘Amor en el fondo del mar’ y parece que es justo del fondo del mar de donde Stephin Merritt ha recuperado la inspiración a la hora de componer melodías, sobradamente probada durante los ’90 pero lanzada por la borda en torno a la mitad de ‘i’, la primera parte de su trilogía de álbumes temáticos y sin sintetizadores en Nonesuch Records y, a la postre, la única satisfactoria de las tres. Aunque tampoco está muy claro que aquí no haya un hilo conductor, pues lo primero en que uno repara es que, como si de una discusión de pareja se tratara, Shirley Simms y el propio Merritt se van alternando a las voces hasta ‘My Husband’s Pied-à-Terre’, casi al final del álbum, donde aparece Claudia Gonson, en el papel de mujer engañada, hablando del apartamento secreto de su marido infiel (“every girl’s been there but me”).

Apuntan acertadamente en Hipersónica que los Magnetic Fields llevan toda la vida haciendo “La canción de amor”: por esto mismo resulta cada vez más asombroso que, lejos de repetirse, los argumentos de las canciones sean cien por cien originales. Desde la obsesión con la manera en que alguien se mueve de ‘Infatuation (With Your Gyration)’ hasta el odio hacia la manera en que alguien habla de ‘I Don’t Like Your Tone’ (“What’s with all this purring? Are you a cat? Why are we whispering? Love’s not like that”); desde la oda a la castidad de la evidente ‘God Wants Us To Wait’ hasta el lamento por no ser casto en absoluto de ‘The Only Boy in Town’, todo en este álbum suena a nuevo y, al mismo tiempo, tan esencialmente magneticfieldsiano –¿de verdad no se les había ocurrido hasta ahora hacer un tema como ‘The Horrible Party’?- que hasta parece mentira que no hayan grabado estas canciones antes.

Salta a la vista que el volver a los sintetizadores y el liberarse de todas las restricciones que se habían autoimpuesto han sido decisiones más que acertadas. Si bien es cierto que este álbum no contiene ninguna canción que vaya a pasar a la Historia como una de las mejores del grupo -como sí lo hacía, por ejemplo, ‘i‘-, igual de cierto es que tampoco se desinfla en ningún momento -como sí le ocurría a ‘i’-. Aunque no tenemos muy claro en qué momento los Magnetic Fields se propusieron convertirse en un grupo de humor, en este disco elevan esa ambición a su máxima potencia. ‘Love at the Bottom of The Sea’ se revela con las escuchas como un álbum equilibradísimo, plagado de canciones tiernas y divertidas (‘I’d Go Anywhere With Hugh’, ‘Your Girlfriend’s Face’, ‘Going Back To The Country’) y con todas las papeletas para que nos obsesionemos con él durante una buena temporada. Puede que hasta terminemos pareciéndonos a la chica con fijación por los mariachis de la que habla ‘All She Cares About is Mariachi’: uno de sus mejores finales de disco en años para, esta vez sí, su mejor disco en años. 7,8/10.

 

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