Vuelta a la etapa salvaje de Mr. Cave.


Este abril se edita el álbum Grinderman, que no es otra cosa que un nuevo disco del muy prolífico Nick Cave [wiki] que no solo saca un álbum por temporada, sino que pasa de realizar un disco doble como Abbaitor Blues/ The Lyre Of Orpheus, a en pocos meses editar una triple recopilación de caras B y rarezas o firmar el guión y la música del western The Proposition y en medio de todo esto sacar el disco del que hablamos, sin despistar a su banda de siempre, los Bad Seeds, con los que ya esta comenzando la preparación de su nuevo trabajo.

Grinderman también es el nombre de la banda que firma este discazo, Cave y otros tres viejos colegas de los bad seeds, amigos que conocen muy bien sus vicios, se aburrían y querían hacer algo de ruido por su cuenta (y vaya si lo hacen), libres de la influencia de la banda madre y el tono que se imponen, simplemente buscando algo de libertad.

El resultado que consiguen es brillante, canciones arrastradas, oscuras e incómodas confrontan con impactos brutales de distorsión y mala leche, guitarras envenenadas contundentes y directas, entre las que también hay hueco para alguna ensimismación ritmica.

El comienzo del disco te deja sin aliento, con “Get it on”:


I’ve gotta get up to get down and start all over again / (…) / Keep those white mice and black dogs out / Keep those white mice and baboons out / Keep those baboons and all the motherfuckers out and… / Get it on, get it on, on the day when you got born’


seguido de “no pussy blues” nos advierte que esta crudeza va a ser una constante en el álbum, son estos de los tracks mas directos impactantes del disco, junto con el loco “honey bee (lets fly to mars)” guiado por un órgano eléctrico que le da una inmediatez brutal y “love bomb” -el magnifico cierre-.

La otra personalidad del disco se conforma en otras canciones, las cuales muestran una carga musical mas densa, arrastrada por el violín que consigue un ambiente optimo para el lamento de Cave y la desgarradora distorsión de su guitarra (como en “Electric Alice”, “Grinderman”,”When My Love Comes Down”), rabia contenida que te sitúa al borde del precipicio.

No me quiero olvidar del momento de respiro que supone la balada “man in the moon”, aunque pronto se vuelve al festival de distorsión de la bluesy “love bomb” para terminar el disco.

Brutales, demoledores.

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