24 febrero 2024

El viernes 8 de octubre parecía que Madrid se estaba vaciando poco a poco. La amenaza de una intensa borrasca y la llegada de unos cuantos días libres, parecían haber obligado a evacuar la ciudad. Pero unos pocos elegidos y bienintencionados ciudadanos, se reunieron en el Teatro Circo Price, como la resistencia que permanece al pie del cañón, para asistir a la presentación de Rooom, el último show escénico de los barceloneses Standstill, una “fiel” reproducción en directo de su último disco “Adelante Bonaparte”, de la A a la Z, de principio a fin (de prefacio a epílogo).

Tres grandes lonas hacían de pantallas y paredes al mismo tiempo. Dentro de ellas, en un ambiente como el de nuestra propia habitación (o tal vez la suya), los componentes de uno de los grupos más avanzados de la escena nacional, afinaban sus múltiples instrumentos para desarrollar toda la intensidad que arrastra este último trabajo.

Pese a que el público no llenó por completo el limitado aforo dispuesto en las gradas del Price, la noche prometía emotividad y buena música a partes iguales, con la expectación y la ilusión de quien se enfrenta a un espectáculo desconocido.

El inicio fue algo flojo, tal vez frío, pese a que contábamos con temas tan populares como “todos en pie” o “el hombre araña”  (que resultó algo descafeinada sin la voz del niño). Las proyecciones ayudaban a comunicar y multiplicar los sentimientos de cada nota, pero la maquinaria no terminaba de funcionar.

El primer cd pasó sin más por los ojos de los asistentes hasta que llegó el primer “Adelante Bonaparte”, y este fue el punto de inflexión de Rooom. Un gran aplauso contenido durante los primeros temas rompió el silencio y, a partir de ahí, una sucesión de grandes interpretaciones con especial mención para la épica “sálveme quien pueda”, “el resplandor”, “cuando ella toca el piano” , “elefante”,  o “moriréis todos los jóvenes”, para finalizar con ese epílogo optimista en el que Enric quiso volver a entonar la letra del prefacio (ejem), pero que resolvió de manera simpática en un guiño de cercanía hacia los incondicionales asistentes.

Su entrega fue incontestable aunque el sonido no ayudó, quién sabe si por problemas técnicos o por una arriesgada sonorización del espectáculo. Al finalizar, el público ovacionó en pie el esfuerzo de la banda y les obligó a salir en varias ocasiones. En el apartado audiovisual, destacar la elocuencia de las imágenes, el perfecto matrimonio entre sonidos y proyecciones, que conseguían en ocasiones hacernos retroceder a nuestra infancia, a los grandes momentos de nuestra vida.

Se agradece que existan bandas que quieran ir un paso más allá, pero a veces uno desea la perfección con tantas fuerzas que un “excelente trabajo” permanece en el recuerdo solo como un “buen trabajo” cuando se compara con las expectativas que se había creado.