Crónica del concierto de Angel Stanich. 30 de enero. Leganés (Madrid)

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Se antojó extraño encontrar a ese goliardo del indie español llamado Ángel Stanich en aquel escenario, durante la noche del pasado sábado. El Auditorio de la Universidad Carlos III de Leganés. Un envoltorio demasiado formal para el espectáculo pantanoso que nos tenía preparado. No hubo forma de encontrarle sentido a las butacas que acecharon las posaderas de un aforo casi completo durante la hora y tres cuartos que duró el concierto. Valiente irreverencia proponer reposo al respetable mientras el que había enfrente imbuía aquel escenario de polvo, guitarras áridas, cactus y coyotes con su rock recluso. Así que todo el mundo en pie.

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La cita dio para demostrar, una vez más, que no hay cliché definido con el que encorsetarle. Bohemio y ermitaño, dicen de él con frecuencia. Lisérgico cantautor reza en inglés su cuenta de Twitter. Y, sin embargo, este tipo, el del semblante escondido entre melenas y barbas hirsutas, el de las letras alquitranadas con tramos entre Steinbeck y Bukowski, sigue con pose desafiante frente a quien se atreve a catalogarle.
Desde los primeros compases, Leganés quedó teñida de su folk desteñido y de su voz crepitante, no apta para incondicionales de timbres estándar. Y no hablamos solo del Stanich cantante, sino del showman que poco a poco va desarrollando con una edad insultantemente joven. Del que conecta con el público atreviéndose con chistes y chascarrillos que vuelven sus canciones un poco más terrenales.

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El concierto fue un espectáculo vivo, orgánico, como sus letras, llenas de personajes e historias que retrotraen al “Nebraska” de Springsteen. En ese repertorio no faltaron tonadas como ‘Camino ácido’, de las primeras en salir, ‘La noche del coyote’‘Outsider’ o la coreada ‘Carbura’, que se hizo de rogar, casi hasta el final de la velada. Y entre medias, dos alardes de osadía, una versión en cristalino castellano del mítico ‘Hey Hey My My’ de Neil Young, ahí es nada, y el ‘Hurdy Gurdy man’ de Donovan, para ponerle algo de psicodelia al asunto.
Ya en tiempo de bises, llegó la dosis definitiva de épica surrealista. Primero con  ‘Mezcalito’ para animar la noche, después con ‘El rio’ para medir nuestras gargantas en los coros encabezados por Alex Izquierdo y, cómo no, ‘Metralleta Joe’ para poner el broche final.

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La textura musical que ofreció el grupo fue impecable. Stanich ha sabido crear una maquinaria llena de fuerza e intensidad a su alrededor, con el guitarrista Víctor L. Pescador como pieza básica de un engranaje que carburó a la perfección.
El auditorio de Leganés fue solo un alto a mitad del enigmático “Camino ácido” (Sony Music / Octubre music, 2014)  que tan buen resultado le está dando al artista cántabro. Sin embargo, también fue un motivo más que suficiente para comprobar, desde el retrovisor, el paso firme con el que avanza este outsider, cada vez menos clandestino, del panorama musical en España.

Crónica por Angel G. Perianes y Javo Morla.  Fotos: Javo Morla

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