‘Hamlet’ en el Matadero – otra lección de Pandur

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“HAMLET” de William Shakespeare (Producción del Teatro Español)
Abril de 2009: Matadero (Naves del Español) Madrid
Actores: Blanca Portillo, Asier Etxeandía, Hugo Silva, Quim Gutiérrez, Susi Sánchez, Manuel Morón, Félix Gómez, Nur Al Levi, Aitor Luna, Eduardo Mayo, Damiá Plensa, Santi Marín y Manuel Moya.
Escenografía: Numen
Composición musical: Silence
Traducción: José Ramón Fernández
Versión y Dirección: Tomaz Pandur

Después de asistir al anterior montaje del esloveno Tomaz Pandur (“Barroco”) y alabarlo de manera excelsa, no cabe otra que quitarse de nuevo el sombrero y volver a situar al maestro Pandur en lo más alto del escalafón de grandes directores de todos los tiempos, porque el espectáculo que nos brindó a los atónitos espectadores que llenábamos las Naves del Español, fue grandioso.

Porque todo el montaje hace gala de una magnificencia asombrosa, con una escenografía maravillosa que nos envuelve en las brumas de Dinamarca, en la que el agua es el actor principal del espacio escénico, sirviéndonos de espejo en multitud de momentos y subrayando la frialdad del ambiente con persistente lluvia en otros pasajes. Cortinones enormes que serpentean por todo el escenario a modo de olas sensuales, nos van abriendo y cerrando diferentes espacios donde se suceden las acciones. Naturalmente la iluminación tiene un papel fundamental para la recreación del ambiente. ¡Grande!

Magnífica banda sonora compuesta por Silence (al igual que hiciera en “Barroco”) que nos ayuda sobremanera a participar de la historia, conmoviéndonos, irritándonos, e iluminando con su partitura el soberbio texto excelentemente traducido por José Ramón Fernández y genialmente versionado por Tomaz Pandur.

Cuatro horas de espectáculo que no pesan especialmente, aunque hay algunos momentos que se podrían haber resuelto de manera más concisa y rápida sin recreaciones gratuitas, como el excesivo y largo momento en el que se preparan para el duelo de esgrima.

Lo que no sobra en absoluto es la presencia inquietante del espectro, interpretado por una de mis debilidades, Asier Etxeandía. Es más, se nos antojan cortas sus intervenciones.

Magnífica la escena en la que se encuentra con Hamlet y en una cena espectral le desvela lo que le ha hecho su hermano. Durante el descanso nos deleita con un espectáculo cabaretero, dónde demuestra que a aparte de ser un excelente actor, es un magnífico cantante y emulando al más desgarrado Tom Waits, nos brinda un soberbio mini-concierto, desenmascarando al traidor Claudio delante de toda la corte, que participa e interactúa con el público que arropa el desmadre ¡De diez, Asier!

Mención aparte merece la interpretación de Blanca Portillo. El mejor Hamlet que he visto en mucho tiempo. Gran reto para una de las mejores actrices de nuestro tiempo, por no decir la mejor… (y por qué no lo voy a decir: la mejor) Ha cumplido con creces el enfrentarse a uno de los personajes bombones que todo actor quiere hacer a lo largo de su carrera. Suficiencia absoluta, poderío físico con gran alarde gestual y perfección absoluta a la hora de enfrentarse a los complejos monólogos que escribió Shakespeare. Lo sublime y magistral se alcanza en el monólogo por antonomasia, el ser o no ser. Limpio, puro, excelso… Magnífico momento en la que la desnudez de Blanca brilla y acentúa sobremanera uno de los monólogos más recitados. En toda la historia teatral siempre ha habido algún momento mágico y este pasará a la historia de nuestro panorama teatral. Blanca, ya formas parte de la historia del teatro. Tu nombre ya merece que esté en lo más alto. Eres punto de referencia para todas las generaciones venideras.

El problema de tan estupenda actuación, es que pueda eclipsar la de sus compañeros de reparto, y eso es lo que ocurre. Irregulares interpretaciones se suceden a lo largo del espectáculo por parte de los demás componentes, explotando mucho lo físico (Calvin Klein estaría encantado…) y coral, pero dejando a un lado lo interpretativo.

Mención especial a las otras dos actrices del montaje, Nur Al Levi y Susi Sánchez. Bien en su trabajo.

El único momento fallido, un tanto sucio, fue la resolución final de la tragedia, pero que no viene a ensombrecer el soberbio espectáculo que nos brindó el director esloveno, Tomaz Pandur. Hay sobradas razones para catalogarlo de obra maestra de nuestra escena.

Otro, que también se merece un hueco de oro en el panorama teatral. Que así sea señor Pandur.

por Mr. Burg

 

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