The Hidden Cameras / Age

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No es ningún secreto que los últimos discos de los Hidden Cameras no han sido ni por asomo tan redondos como los que lanzaron en sus inicios, aquellos inmaculados ‘The Smell of Our Own’ y ‘Mississauga Goddam‘, sobresalientes de la primera a la última canción. Su último LP hasta la fecha, ‘Origin: Orphan‘, publicado hace ya cinco años, contenía, no obstante, un puñado de buenas canciones, algunas (estupendísimas ‘Do I Belong?’, ‘Underage’, ‘The Little Bit’) muy en la línea de ese pop-folk grandilocuente con el que se ganaron la etiqueta de “música folk gay de iglesia”. Pero ese álbum incluía también pistas mucho más oscuras (‘Walk On’), senda por la que los canadienses han decidido adentrarse en los temas que componen su nuevo disco, ‘Age’.

Resulta hasta lógico que el disco darks de The Hidden Cameras se abra con una canción sobre sadomasoquismo titulada ‘Skin & Leather’, temática que parece mentira que no hubieran tratado antes. No obstante, ‘Age’ no presenta una unidad musical tan evidente y, sin ir más lejos, ya en el siguiente tema del álbum, ‘Bread for Brat’, escuchamos unas providenciales cuerdas que se alejan bastante de ese sonido gótico con el que se suponía que nos íbamos a topar. Explica Joel Gibb que ‘Age’ se ha grabado a salto de mata, en diferentes años, estudios e incluso continentes, con lo que difícilmente podríamos esperar encontrar aquí una cohesión sonora perfecta, que se define más bien desde un punto de vista negativo: las guitarras acústicas, arpas, panderetas y órganos de iglesia han sido eliminados del mapa en favor de sintetizadores, baterías electrónicas y teclados. ¿Influencia de su cambio de residencia de Toronto a Berlín?

Éste es el motivo de que en el álbum haya temas tan dispares como esa especie de reggae -bastante olvidable, por cierto- que es ‘Afterparty’, la electropop ‘Carpe Jugular’, que remite a aquel ‘Hidrogenesse versus The Hidden Cameras‘, o esa delicada y magistralmente cantada ‘Ordinary Over You’ -por si se nos había olvidado lo buen vocalista que es Joel-. Pero, ¿por qué, entonces, ha reunido estas ocho canciones en un mismo álbum? Según Gibb, en todas ellas analiza su adolescencia, con la perspectiva que le ha dado el tiempo, y lo hace además desde un prisma muy concreto: quería que éste fuera su disco enfadado, su disco de “queer rage”. Por todo ello el single no podía ser otro que la explícita ‘Gay Goth Scene’, videoclip reivindicativo mediante.

Como decía al principio, es cierto que los discos de los Hidden Cameras hace tiempo que dejaron de ser perfectos -y desde luego ‘Age’ no es el que nos va a permitir cambiar el discurso-, pero habría que ver si el público general -que decide que un concierto de los Hidden Cameras lleno de hits en el Sonorama es el momento idóneo para irse a cenar, en lo que hacen tiempo para Love of Lesbian- acogería mejor un nuevo ‘The Smell of Our Own’ -que, por muy musicalmente brillante que fuera, no dejaba de hablar de enemas, lluvias doradas y de llegar tarde a tu boda por haberte quedado hasta las tantas la noche anterior haciéndole un dedo a un desconocido en un cuarto oscuro- en 2014, donde todo apunta a que en estas cuestiones -hola, Pussy Riot- más que avanzar estamos retrocediendo. Dice Joel Gibb que en estos cinco años le ha dado tiempo también a preparar un segundo disco con banjos y demás parafernalia folk, cuya temática aún no ha trascendido. De momento, y a pesar de sus incoherencias y puntos flacos, este álbum de “queer rage” no podía ser más oportuno. Definitivamente, no nos los merecemos. 6,3/10.

 

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