31 octubre 2026
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En su debut en 4AD, el dúo de Filadelfia '@' cose el folk psicodélico de los setenta con el grunge de los noventa en un disco más oscuro de lo que pretendían.

En su debut en 4AD con ‘Autosmile’, el dúo de Filadelfia ‘@’ cose el folk psicodélico de los setenta con el grunge de los noventa en un disco más oscuro de lo que pretendían.

Hay un detalle de Autosmile que añade complejidad y sentido a este debut. Al final de «Love In The Dark» suena una guitarra protagonista, saturada, deforme, y más de uno le ha preguntado a Stone Filipczak qué pedal de fuzz usa, pero sin más es una acústica de doce cuerdas grabada con el preamplificador del micro a tope, y la eléctrica del arranque va enchufada directamente a una interfaz barata llevada hasta romperse. Así trabajan @ —se pronuncia «at», y suerte buscándolos en Google—: con poco, en casa, forzando el material hasta que suena a lo que ellos quieren.

Victoria Rose y Stone Filipczak empezaron a colaborar en los primeros meses de la pandemia y grabaron Mind Palace Music sin saber siquiera que estaban haciendo un disco. Aquel debut corrió de boca en boca, les llevó a abrir para Snail Mail, Cameron Winter o Black Country New Road y, después, a fichar por 4AD. Autosmile es su segundo largo y el primero con el sello británico, y se nota que lo saben: esta vez llevaron al estudio solo sus canciones más acabadas. Canciones con mayúscula.

También es un disco más oscuro, aunque no lo buscaran. Filipczak comentaba que el primero recogía el raro optimismo del confinamiento; este, los años de bajón que vinieron después. Abre «Bird«, inspirada en los pajarillos que cada año, por las mismas fechas, aparecían muertos en su porche, un mal presagio. Pero la oscuridad de Autosmile nunca es monocromática, pues  en este trabajo se dan cita canciones de amor que suenan a ruptura y rupturas que suenan a liberación necesaria. El título puede ser el principio que lo  sonrisa que sale sola cuando las cosas se tuercen.

El sonido es uno de sus fuertes, bien podemos navegar entre el folk de los sesenta y setenta y el rock alternativo de los noventa son, según el propio Filipczak, las dos épocas con las que más les comparan y la costura entre ambos géneros es evidente. «I Know You Are (But What Am I Thinking)» es la prueba y la mejor canción del lote: el punto exacto entre Stereolab y Elliott Smith, entre lo emo y lo barroco. Rose pasó diez años de su infancia en un coro y se nota en melodías que parecen de otro siglo, sostenidas por acústica, cello y unos teclados casi medievales. Ella misma cuenta que el puente marcaba el límite de lo emo que @ se permitía. Lo cruzan con elegancia.

«I’m Not In Pain» tira hacia el otro lado. Rose la imaginó desde el principio con ese cello grunge tan noventero, virtuoso y pesado a la vez, y es la única canción del disco con batería de verdad. Garrett Burke y Andy Loebs aprendieron las partes que Filipczak había programado y las tocaron en directo. El resultado es una canción sobre dos personas que son mejores lejos la una de la otra que suena a local de ensayo de 1994. Alrededor caben más rarezas: las armonías a tres voces de «Earthly Love«, grabadas en una misma habitación con Nina Ryser; un mono chillando en «Punish My Mind», sacado de YouTube; los casi siete minutos del tema titular, que empieza y termina en el estribillo y se repite como un mantra.

Sin embargo el tramo central se dispersa: «Judgement Farmer», que Filipczak describe como una quimera de ideas sueltas, se deshace antes de llegar a ninguna parte, y la densidad de los arreglos acaba pidiendo más paciencia de la que concede. Es un disco que no busca la escucha fácil y el engancho sencillo

Canciones clave