Crónica del concierto de Templeton + Rusos Blancos en la sala Wind de Madrid – Octubre de 2012

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La música, en su esencia, tiene poco que ver con las matemáticas. Como producto, la relación crece hasta desbordarse. Porcentajes, precios, ventas, IVAzos y un cúmulo de números más terminan por determinar qué grupo es o no rentable. Que, al fin y al cabo, es lo que le interesa a la industria. O en eso hemos quedado, ¿no? El asunto que hoy nos acontece es, sin duda, uno de los más peliagudos de la escena nacional española. Si trazáramos una línea para dividir el mainstream del indie, Templeton y Rusos Blancos se la pasarían por el forro y situarían un pie a cada lado. Los dos son grupos de culto del gafapasta de manual pero podrían –de hecho, lo hacen– resonar, también, en la habitación de una adolescente en celo.

De hecho, ambos grupos han rebasado ya la línea hacia el mainstream –entiéndase en todo momento como modelo de difusión y distribución, no como modo de entender la música o demás cuestiones de la guerra indie vs. mainstream que poco tienen que ver– haciendo sus pinitos con la gran industria. Templeton, con su reciente adaptación de las canciones de la serie de dibujos animados ‘Hora de Aventuras’; Rusos Blancos, como banda sonora de aquella revolución teen que supuso la serie ‘Física o Química’. Ambas dos producciones con gran influencia y repercusión mediático–social entre las generaciones más jóvenes del país. Y ahora es cuando viene el problema, que hace saltar por los aires la lógica imperante hasta el momento: en la sala Wind no habría más de 80 personas para degustar el menú que ofrecía la unión de los dos grupos. Y, lo que es peor, allí la media de edad se inclinaba más hacia los cuarenta que hacia los veinte. Que alguien me lo explique.

De todos modos, y entrando ya en harina, el ambiente que se respiraba en la sala era fantástico, de celebración. Abrieron Rusos Blancos y poco a poco fueron desgranando los temas que forman parte de sus dos únicos trabajos. El suyo es pop dulzón hasta el empalague –tontipop, en el buen sentido de la palabra–, e incluso rehuye de demasiada técnica. Sin embargo, ahí reside su éxito y diversión. Conocen su techo y sus limitaciones, juegan con ello y lo explotan en melodías tremendamente pegadizas y un aire de amateurismo que le aporta el toque mágico. Para sorpresa, además, Rusos Blancos se alejan bastante de sus trabajos en el estudio y añaden una buena dosis de cacharrismo y contundencia en directo que les viene como anillo al dedo. Si ‘Supermodelo’ la cantase Almodóvar en un algún antro de Malasaña hace cuarenta años es probable que estuviésemos ante el himno de una generación sin complejos. De todos modos, quizá sea esa la esencia del despiste. Que ninguno de los allí presentes vestía chándal y que casi mejor que podamos disfrutar de ellos en petit comité que no con una grupi loca de dieciséis años berreando piropos.

Lo de Templeton es algo distinto. Su último disco, ‘El Murmullo’, se antoja como un paso vital hacia el profesionalismo. Cuidado hasta el mínimo detalle, con melodías de quitarse el sombrero y perfeccionismo arreglista. Les ha gustado eso de sonar grandilocuentes porque volvieron a repetir violín y viento. El cambio de formación provocado por la ausencia de Brian Hunt ni se notó, colgándose Betacam la guitarra y dejando los sintes a la chica del violín. Con bastante ímpetu, abrieron con ‘Miércoles Capítulo’ y su juego endiablado de punteos mientras se lanzaban miradas cómplices y divertidas. Templeton llevan ya diez años juntos y lo hacen notar. Su directo es irreprochable, contundente y lleno de color.

Los cántabros afincados en Madrid dejaron espacio para todo en el set. Desde los temas más acelerados de su último disco (‘Sabe Mejor’, ‘El Cazador’), pasando por los más melosones (‘Mar Cantábrico’) y con el lujo, incluso, de versionar a La Buena Vida. El notición fue que también tuvieron tiempo para pegar un pequeño repaso a su primer trabajo, ‘Exposición Universal’, para gusto y deleite del respetable. No en vano, ‘Las Casas De Verano E Invierno’ y ‘Brasil’ fueron, con casi total seguridad, los temás más coreados de la noche. Eso si obviamos ‘Los Días’, ese hit atemporal que sirvió de single para su último LP y que cuenta con estelar importancia en la carrera del grupo. Cerraron la noche con ‘Vestido de Blanco’ entre explosiones de guitarras y bailes sudorosos en un ambiente desenfadado y la mar de divertido. Al final, los números no fallan: dinero bien invertido.

 

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