Mordisco Club, quince años hincando el diente en la pista de baile de Granada
Hay proyectos que nacen para ocupar un lugar concreto, como una sala, una noche, un momento, y otros que, con el tiempo, terminan desbordándolo. Desde Granada, MORDISCO CLUB pertenece claramente a esta segunda categoría. Tras quince años de recorrido, su historia no se puede explicar únicamente en términos de música electrónica o programación de club.
Desde sus inicios, a comienzos de la década de 2010, MORDISCO se planteó como una experiencia abierta, en la que la pista de baile funcionara como punto de encuentro entre distintos lenguajes. La música es el elemento central, pero no el único: a su alrededor se articulan textos, imágenes y conceptos que expanden lo que sucede en la sala.
Cada sesión se construye en torno a una temática, como el lenguaje, la verdad, o el amor, que atraviesa la experiencia de principio a fin. Las frases y versos seleccionados, conocidos como “dardos”, ocupan físicamente el espacio y acompañan al público durante la noche, mientras que las proyecciones visuales de Francis López, grafista, productor audiovisual y docente, introducen una lectura paralela que dialoga con lo sonoro. De este modo, el club deja de ser únicamente un lugar de consumo musical para convertirse en un entorno donde lo sensorial y lo reflexivo se entrelazan.
Este planteamiento ha ido tomando forma a lo largo de quince años de actividad continuada. Con varias sesiones por temporada y un aforo en torno a las 400 personas, MORDISCO ha consolidado una comunidad diversa y estable, capaz de sostener el proyecto en el tiempo. En su evolución más reciente, el paso hacia el formato de “club de tarde”, entre las 17:00 y la medianoche, refleja también una adaptación a nuevas formas de relación con la música y el ocio.

Lejos de mantenerse como una propuesta cerrada, MORDISCO ha ido ampliando su alcance mediante la colaboración con otros agentes culturales. La participación del comisario Jesús Alcaide ha sido clave en el desarrollo de su dimensión conceptual, a la que se han sumado intervenciones de artistas como Miguel Benlloch. Estas colaboraciones han contribuido a situar el proyecto en un terreno híbrido, a medio camino entre el club y otras prácticas culturales contemporáneas.
Bajo la dirección de Hugo Carretero, profesor de la Universidad de Granada y también activo como Cobertizo, este trabajo ha generado además nuevas líneas de desarrollo. Entre ellas, el festival RIT/MO, que traslada esta misma filosofía a un entorno natural, combinando música electrónica con arte contemporáneo; y el sello LATIDO, que explora las conexiones entre la música de baile y otras disciplinas, estableciendo vínculos con figuras como José Val del Omar o la artista Dora García.
Este ecosistema ha encontrado también su lugar en el ámbito institucional. La colaboración con La Madraza – Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada ha dado lugar a propuestas como “Sudar la noche, políticas del baile”, en las que el lenguaje del club se introduce en el espacio académico sin perder su lógica original.
El reciente 15 aniversario de MORDISCO ha servido para condensar este recorrido en una serie de cuatro celebraciones especiales, con la participación de artistas como Mr. Ho, Ciel, John Talabot y Manfredas. Una programación que refleja tanto la evolución del proyecto como su conexión con la escena electrónica internacional.
Sin embargo, más allá de estas citas puntuales, el verdadero valor de MORDISCO reside en su continuidad. En haber mantenido, durante tres lustros, una forma de hacer y de pensar el club que no se agota en lo inmediato.
Porque si algo ha demostrado MORDISCO en estos quince años es que la pista de baile puede ser también un lugar donde suceden otras cosas. Donde se cruzan cuerpos, sonidos e ideas. Y donde, a veces, el tiempo se mide de otra manera.
