Crítica de teatro: “2036 OMENA-G” en el Teatro Zorrilla (Valladolid) – abril 2011

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El Teatro Zorrilla acogió del 14 al 17 de abril del 2011 el espectáculo 2036 OMGENA-G, un anti-homenaje  a 50 años de trayectoria de Els Joglars, un viaje al futuro ambientado en el 2036, lo que sería su hipotético 75º aniversario. El alma de la longeva compañía, Albert Boadella, es el responsable de la dramaturgia, el espacio escénico, la dirección…La tradición ha dibujado una figura todopoderosa dentro de la compañía, agrandada por lo mediático de la actitud de un experimentado hombre de la escena que “antes de palmarla, quiso ser diplomático”. Así lo asegura la actriz Pilar Sáenz en un momento de la obra, entre las risas de un público familiarizado con un Boadella poco amigo de los convencionalismos.

Todo lo que habría que decir sobre este montaje no cabe en este texto, pero podría resumirse en dos palabras: muy Joglars.

En primer lugar, se ha rebajar la omnipotencia del director. Es un maestro de la escena, sí, lo es, pero resulta equiparable la labor de unos actores extraordinarios. Grandes todos ellos en este montaje, incluso los más jóvenes (Dolors Tuneu, Xavier Sais, Lluís Olivé) que no desmerecen frente a la altura de los más veteranos. La profesionalidad de los que componen el núcleo de Joglars desde hace décadas (Jesús Agelet, Ramón Fontseré, Pilar Sáenz, Jordi Costa, Minnie Marx) es absolutamente indudable.

La gran interpretación se desarrolla paralelamente a la calidad técnica en adecuada simbiosis entre el acto escénico puro sin demasiados elementos escenográficos y la utilización de recursos multimedia que arropan el hilo argumental.  La riqueza del espectáculo en fondo y forma es indiscutible. Era complicado que el resultado de 50 años de experiencia Joglars condensada en una obra no fuera algo parecido a lo que es 2036 OMENA-G: comicidad ácida al borde del humor negro, irreverencia, sarcasmo sin límites, desmontaje de clichés sociales con los que convivimos cómodamente pero que se desmoronan con facilidad ante una visión crítica bien construida.

Además, hay que señalar el mérito añadido del ejercicio de imaginación que supone sobrevolar un cuarto de siglo nuestros días y ver cómo la gloria de unos viejos actores queda enterrada en el Ogar del Artista, una residencia de ancianos muy peculiar custodiada por dos jóvenes cibernéticos que se expresan en una lengua ininteligible, mezcla de lenguaje sms y una especie de nuevo esperanto. Los ancianos representan los vestigios de la sociedad actual. El resto de recursos escénicos nos acercan una imagen de sociedad del futuro en la que no se deja títere con cabeza: desde las alusiones a la Cataluña que ha convertido a Boadella en exiliado de su tierra, hasta el tinte de comedia política característico del estilo Joglars. No se libran de la caricatura joglaresca Aznar, Zapatero, Obama, Franco o Pujol…pero tampoco artistas como Sabina o Barceló. De este modo, la obra resulta una sucesión de gags que hurgan sin concesiones en la memoria colectiva, en la actualidad y en una imaginada evolución (o mejor dicho, una involución) de una sociedad que avanza hacia un futuro incierto instalado en la degeneración intelectual.

 

Por hacer una crítica a la crítica vertida en el contenido de la obra. Aunque se ha dicho que el montaje aborda el tema de la vejez y otros temas delicados (aborto, eutanasia) con cierta crueldad, la peor parte se la llevan las nuevas generaciones. O si no la peor, sí una buena bofetada. Víctimas de la brecha generacional, a menudo cargan con el pesimismo de sus ascendientes, se les acusa de rebeldía sin causa, de pérdida de valores y falta de compromiso. En la obra se refleja una postura derrotista al respecto. Los jóvenes salen malparados en relación a la ancianidad, aunque se pretenda también reflejar el patetismo de ésta. No está muy claro que esta visión ayude a los tiempos que corren. Al fin y al cabo, el futuro pertenece a los jóvenes. Tal y como el propio Boadella había dicho en rueda de prensa con motivo de la presentación de este espectáculo: con frecuencia el futuro que se presenta en las películas de ciencia ficción es terrorífico. Desde luego el que se recrea en esta obra no es deseable. Sirva para la reflexión y la autocrítica, aunque el panorama poco halagüeño no esté del todo justificado.

Por otro lado, la breve definición muy joglars es para bien y para mal, esto es, incluye deliberadamente las referencias a prototipos sociales que a lo largo de su trayectoria la compañía ha recreado sistemáticamente (el progresismo acomodado, la figura del facha …), que les caracterizan pero que poco van perdiendo vigencia (o deberían perderla) con el nacimiento de nuevos modelos sociales y políticos.

Por último, mención especial al final del montaje: en un mundo decrépito Molière se aparece como redentor de frustraciones particulares y universales.

Una obra muy recomendable, por supuesto. Siempre es saludable la sacudida de conciencias maltrechas y el estímulo de la opinión fundamentada, bien por sintonía, bien por desacuerdo con la postura expuesta. Y el teatro resulta ser un foro adecuado para el diálogo y la crítica.

Espectáculo: 2036 OMENA-G
Compañía: ELS JOGLARS
Dirección, espacio escénico, dramaturgia: Albert Boadella
Interpretación: Jesús Agelet, Jordi Costa, Ramon Fotserè, Minnie Marx, Lluís Olivé, Pilar Saénz, Xavi Sais, Dolors Tuneu
Lugar: Teatro Zorrilla (Valladolid)
Día: 15 de abril de 2011

 

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