«La realidad de videojuego distópico que nos está tocando vivir y cómo lo estamos llevando, con sus penas, sus miserias, el miedo al futuro, la ansiedad por falta de él, el enfado por la deforestación de nuestra naturaleza y nuestros mares, las ganas de que volvamos a ser un equipo, a movilizarnos en comunidad para solucionar los problemas que estamos heredando y como, sobre todo eso, sobrevuelan nuestras ganas de vivir, quererse y sobrellevar lo que sea que venga.»
Llega uno de los discos nacionales del año que reafirma la capacidad compositiva, evolutiva y de transmitir de la que es actualmente una de las grandes esperanzas de la música de nuestro país. El nuevo trabajo de Niña Polaca.
Cantan a la esperanza, al amor, a la tierra, a todo lo que nos permitía desarrollarnos como seres humanos, y que el sistema neoliberal va expulsando de nuestra esfera en pro de convertirnos en un elemento o engranaje más dentro de la máquina productiva.
Cantan a los ratos libres, a cuidar nuestro entorno, a la familia, al mar, a leer y a volver a ser comunidad, pretendiendo escapar de un mundo cada vez mas individualista que evita que la gente se conozca y se cuide y que lleva inevitablemente a la destrucción de los avances que el colectivismo ha conseguido durante los últimos siglo y medio.
Invitan a sentir con inmensidad las pequeñas cosas, a la constante búsqueda de la belleza, a masticar la vida, a sentir que el mundo es más grande que nuestros miedos con el peligro de la caída que esto conlleva pues en el álbum hay también canciones que son cuchillos, recuerdos que duelen.
En el momento de máxima popularidad en la carrera de la banda, habiendo congregado a más de 16.000 personas en las Fiestas de Hispanidad el pasado mes de octubre y sumar 5 Rivieras soldout ese mismo año, cuando Niña Polaca acaban de anunciar nada más y nada menos que su primer Movistar Arena para el 15 de Enero del 2027, el grupo nos regala un trabajo inmenso que invita a cantar juntos cuando todo se desmorona y parece que no queda nada por lo que luchar.
En este disco llegan ecos de la canción protesta de los 60 y el rock de 70, sobrevuelan Serrat, Lluis Llach, Springsteen o La ludwig Band en un trabajo en el que en la produccionse han puesto a la altura del propio mensaje los arreglos y las melodías como forma de expresión, equiparando música y voz.