The Horrors @ Sala Joy Eslava (Madrid) – 25/11/09

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Había que darles una segunda oportunidad. Liarla de esa manera en la sala Moby Dick en 2007, y en poco más de dos años ser capaces de reconducirse con un buen segundo disco y, claro está, comportarse como niños buenos sobre el escenario, merecía que no se lo tuviéramos en cuenta.

Con todo, la expectación por su segundo directo en Madrid era previsible. En lo que parecía en un principio una sala medio vacía, poco a poco fue cogiendo tono hasta convertirse en lleno sobre las diez de la noche, hora a la que se dejaron ver The Horrors. Poco antes, The Lions Constellation nos enseñaron que no hacen falta grandes despliegues escénicos ni una agotadora sesión de peluquería para hacer buena música en directo. Basta con unas guitarras hábilmente distorsionadas y una línea melódica a su servicio para insinuar hacia qué lado apuntas.

Con una sobria puesta en escena, oscura y elegante al mismo tiempo, y donde cantante y bajista se ponen al mismo nivel en lo que a situación escénica se refiere -en lo musical voz y bajo irían de la mano de igual manera-, hacen su aparición los chicos de The Horrors, como decíamos, en medio de una expectación proporcional a su antaña bravuconería.

Tal y como esperábamos, el repaso a Primary Colours es de libro -de disco en este caso-. Con algunos saltos en el orden original de los temas -lo tocaron al completo-, arrancaron con el hipnótico teclado de Mirror´s Image, para empezar a mover al público con un frenético viaje a bordo de esa montaña rusa que es Three Decades y, sobre todo, Who Can Say, tras el colorista tema que da nombre al disco, Primary Colours. Tras ellas, I Can´t Control Myself, Do You Remember, New Ice Age -uno de los mejores temas del disco- y el fantástico bajo de Scarlet Fields, en algunos de los cuales bajista y teclado se alternaban con sus instrumentos.

I Only Think Of You ya sólo fue un preludio del gran momento de la noche, la fuerza visual y sonora de Sea Within A Sea, para este medio y el que suscribe en particular, el mejor tema del disco con diferencia (la mano de Geoff Barrow siempre es buena). Enorme tensión acumulada en un arranque espectacular, que desemboca en un alarido sonoro creciente -bien acompañado visualmente en directo con sus característicos “colores primarios”- al servicio de una acertada y repetitiva base electrónica, para llegar de nuevo al sosiego inicial sin habernos dado cuenta prácticamente del lugar donde nos han llevado. En definitiva, de una solvencia musical acorde con grupos de mayor entidad, así como preludio de lo que esta banda puede dar de sí en el futuro más próximo.

Tras ello, sólo quedaba un aclamado bis de hasta cuatro temas en forma de guiño a su primer disco y, sobre todo, para gloria de sus primigenios fans -esta vez en minoría-, del que destacamos el ruidista Sheena Is A Parasite cuyo videoclip ya nos embaucó allá por el año 2007.

fotografías cedidas por Juan Pérez Fajardo de The Fly Factory

 

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