¿Cuántocuestaescalarlacuesta?

, , Leave a comment

 

Dice el protocolo que es muy poco cortés no presentarse cuando se llega de nuevas a cualquier lugar. Esto que parece una perogruyada (y lo es) no es más que el comienzo de mi no-presentación, me explico, dado que soy un nuevo individuo en el staff debería ser cortés pero nunca he sabido presentarme, es cierto. Lo más que puedo decir es que me embarco en esta aventura con un grupo de gente que ha tenido a bien el unirme a sus filas. Y que espero que mis idas de pinza en estas viñetas, primero, y mis divagaciones, después, puedan ser mi mejor (o peor) tarjeta de presentación. Antes de empezar con el que será mi bautismo de fuego quiero agradecer al equipo de notedetengas la oportunidad que me ofrecen de trabajar con ellos, y por otro lado agradecer a los antiguos seguidores de nosolovito que se han mudado hasta aquí, así como a los recién llegados, los minutos que puedan perder leyendo lo que tipo como yo pueda escribir. Gracias.


 

[photopress:tira01.PNG,thumb,pp_image]

 

Desde hace tiempo, no es nada raro para el ciudadano de a pie vivir todos los meses la particular «cuesta de marzo», «cuesta de octubre», «cuesta de…» cualquier mes que venga en el calendario o que esté por venir. Lo que antes era característico de enero ahora lo es de todos los finales de mes, aunque hoy por hoy lo de enero sea como una escalada al K-2 por la arista norte, sin cuerdas, sin arneses, sin oxígeno y sin sherpas.

Pero aún hay más, en los pocos días de 2008 que llevamos transcurridos la bolsa española, nuestro Ibex 35, ha estado bajando, y bajando, y bajando. Para ser sincero, no creo que vayamos a vivir tiempos terribles (el Crack del 29 ya nos enseñó bastante y bien) pero lo cierto es que nos lo ponen difícil, muy difícil, recapitulemos: el euro con sus redondeos al alza, la carestía de la vivienda, deslocalización de empresas, el «mileurismo» (¡cuántos lo quisieran!), las subidas desproporcionadas de los alimentos y artículos de primera necesidad y para rematar un/a hijo/a, que ilusionados y ajenos al mundo de los adultos te piden por navidad el último y más potente modelo de una videoconsola de última generación, en fin, una pieza que casi cuesta el sueldo mínimo interprofesional, ahí es nada (literal). Y claro a todo esto hay que sumarle la hipoteca, las letras del coche, agua, luz, gas, ropa y complementos, etc. Conclusión hemos llegado a 2008 con la hucha rellena de 21 partes de oxígeno, 78 de nitrógeno y una de argón aproximadamente. Así pues, no es de extrañar que la gente empiece a dejar de fumar (por salud de la cartera), deje de hacer turismo o deje de practicar un deporte tan patrio como el de acudir a una barra a tomar una cerveza, un café o un vino.

Pero como dije antes no veo un futuro negro, porque además de sabernos apretar muy bien el cinturón tenemos algo, algo que nos salvará de las garras de la recesión, algo que es ya una tradición en nuestras tierras: la economía sumergida. Vivimos tiempos malos económicamente pero seguimos siendo el país con más billetes de 500 euros de Europa, «en manos de unos pocos» me direis, cierto, igual de cierto que esos productos que compramos sin factura para no pagar el IVA, al igual que esos servicios a domicilio que se pagan sin factura (carpintería, fontanería…); igual de cierto que esos trabajos que hacemos sin contrato y que cobramos sin que hacienda se entere; o esas viviendas que se tasan con un valor menor al real y que la diferencia es pagada en dinero negro (o «B» como gusta llamarse ahora), éstos y muchos más son ejemplos de lo «bien» que funciona la economía que está fuera del control del gobierno.

Y lo que más me duele reconocer es que mientras la economía legal sólo parece exprimir al ciudadano, la «ayuda» de este otro tipo de economía nos permite dibujar una sonrisa en la cara de un/a niño/a al desenpaquetar su dichosa videoconsola. Siempre me he mostrado muy tajante a la hora de juzgar la economía sumergida, pero de un tiempo a esta parte… pienso que es ésta última la que nos permite afrontar los gastos de su hermana «formal» en los tiempos difíciles y ahorrar en los tiempos de bonanza.

Desde luego es sabio ese dicho popular que reza: «Hay que buscarse las habichuelas».

Y para esto nos las pintamos sólos.

 

Leave a Reply

(*) Requerido, tu email no se har pblico