Animal Collective en el 44 Heineken Jazzaldia 23.07.09

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Cuando el Sónar 09 anunció la actuación Animal Collective como una de las atracciones principales de su cartel, se desplegaron al tiempo una gran cantidad de rumores que apuntaban a que éste sería un concierto exclusivo en la península y que no se podría ver a los de Baltimore en ningún otro festival; la única oportunidad de verles en directo, ya que hace tiempo dejaron de lado nuestro país al no estar incluido en la gira en la que actualmente se encuentran embarcados.

Así que la nueva actuación en tierras patrias de estos gurús que tienen encandilado a lo más respetable de la prensa musical de medio mundo fue una doble sorpresa, primero por el concierto en si, ya nadie esperaba de otro festival el esfuerzo y el riesgo que supone traerles -a pesar de que volarán alto en las listas de lo mejor del año, no son precisamente conocidos entre el gran publico-, y segundo porque el Heineken Jazzaldia no está orientado al público potencialmente fan de este grupo, lo que quedó patente en la variopinta asistencia al Kursaal, auditorio en el que se había fijado la cita.

Puntuales, los Animal Collective saltaron al parco escenario, decorado simplemente por la efectista imagen de portada de su nuevo disco y una bola al estilo de las discoteca de los 60s en la que acertadamente se proyectaban imágenes y vídeos que acentuaban el viaje psicodélico.

Los tres músicos de llamativos nombres, -que contrasta con el poco juego que dan al verles en directo- se pusieron al mando de sus mesas de mezclas y comenzaron a desplegar su particular sonido, iniciando el festival de ritmos, atmósferas e inexplicables y sorprendentes texturas. Repasando por encima su celebrado «Merriweather Post Pavilion» quien no se durmió a pierna suelta entre dos butacas -verídico-, tenía los ojos como platos intentando descifrar lo que estaba escuchando -quizás planteándose qué hacía alli- o ya estaba en pleno éxtasis desenfrenado, causado por las atmósferas envolventes, que capa a capa y con un sonido evidentemente impecable, hicieron levantarse a una tercera parte de un auditorio con muchos huecos para bailar al son de sus africanizadas percusiones y samplers.

Hilaron fino en cuanto a construcciones rítmicas y envolventes, así como en la fascinante superposición de efectos que dió en la asombrosa ‘Fireworks’ que nos dedicaron, pero fueron precisamente esas canciones con ritmos marcados y caña como las esperadas ‘Summertime Clothes’ o ‘Lion In A Coma’ con las que más disfrutó el publico -que estaba disfrutando- y en las que demostraron finalmente porque son los cabezas de éste nuevo pop sintético del futuro y la actual corriente africanista.

 

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