23 abril 2024


notedetengas presenta…
GUADALUPE PLATA
Sábado 4 de Mayo en Porta Caeli
inicio del concierto: 21:30h
10€ anticipada en Beluga y http://www.ticketea.com/guadalupe-plata-en-valladolid
12€ taquilla

Nunca una banda de blues ha sonado menos a blues cantando en castellano. Hace unos años Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo y barreño) desempolvaron el envite tradicional afroamericano bajo la impronta de Guadalupe Plata, un trío que ni buscaba romper las reglas de un género incorruptible ni trascender más allá de la simple querencia por los patrones clásicos. Aparecieron sin apelar a la originalidad y sin poner a la vista su exquisito surtido de referentes estéticos; paradójicamente sonaban veraces y contemporáneos sin necesidad de disfrazar el discurso con el tipo de interés bursátil donde cotizan la mayoría de las bandas independientes nacionales. Cuando los Doors de L.A. Woman se cruzan con Perez Prado pueden surgir cosas como Rezando, con sus guitarras crujientes como tablones de madera hinchados por el frémito del mambo. Por otro lado, cuando les da por apretar el acelerador, composiciones como Oh My Bey o Esclavo acaban sumergiéndote en un desenfreno pélvico que, como bien comentaba recientemente una amiga durante uno de sus conciertos, “es un no sé qué que te pone”.

Grabado en directo durante tres días en el estudio de Ryan Anderson en Austin, el álbum cuenta con la colaboración de Walter Daniels (Oblivians, The Revelators, ’68 Comeback), demonio de la armónica con el que ya giró Guadalupe Plata en particular conexión artística hace varios meses. Un cameo inevitable que ha quedado impreso en el tema No me ama y en otras dos canciones que se editarán probablemente más adelante como single. La mezcla se hizo en Málaga, en el estudio de Maxi, de los tremebundos The Hollers, con Mike Mariconda (The Raunch Hands, Devil Dogs) celebrando su cumpleaños tras la mesa. El resultado final, en boca del mismo Mariconda, es un mejunje lisérgico y crepitante repleto de “slides asesinas”, líneas de bajo “fuera de serie” y percusiones marciales que invitan a fantasear con “una fábrica de la Seat sonando a blues del demonio”.
“Tenemos la impresión de que el carácter de la grabación es más oscuro y podrío que nunca, nos hemos acercado más a la involución”, apunta Perico. Y una vez más, no me trago sus palabras. Porque si esto que han logrado los de Úbeda es involucionar, pido a Dios que el noventa por ciento de las bandas actuales del país acaben volviendo a la Edad de Piedra.