Crítica: ‘Garrick’ de Tricicle en el Teatro Calderón (Valladolid): 15/12/10

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La risa como terapia

El programa de mano, que gentilmente reparten las compañías teatrales antes de comenzar el espectáculo, son un fiel reflejo de lo que nos va a deparar el montaje a continuación.

En ellos vemos implícita la seriedad del espectáculo, ya que su diseño así nos lo delata, y en otros, la principal característica es que va a ser alegre y divertido o al menos desenfadado, por su claridad en la exposición y por lo alegre del diseño.

En el panfleto (como muchos llaman al programa de mano) del trío catalán, una boca con dientes relucientes y gran sonrisa, sirve de programa para informar al público de lo que a continuación nos van a ofrecer. Y es que es esa la premisa del magnífico espectáculo que nos ofrecieron los Tricicle (como familiarmente se los conoce) en el Teatro Calderón de Valladolid el pasado 15 diciembre.

David Garrick fue un reconocido actor inglés del siglo XVIII.

El actor estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de remedio mágico, capaz de sanar cualquier pena del alma.

Podríamos decir que Garrick, sin saberlo, se convirtió en el primer risoterapeuta de la historia.

Hoy en pleno siglo XXI, cuando se conoce científicamente que los niños ríen unas trescientas veces al día (muchas me parecen…) y los adultos tan sólo unas quince (más todavía me parecen estas…) Tricicle se proclaman sus seguidores más acérrimos y le rinden homenaje, que busca que el público olvide sus problemas, rompa sus más máscaras y se lance a reír con esos cuatrocientos músculos que dicen que tienen que moverse para morirse de risa (programa de mano, dixit).

Y lo consiguen sobremanera.

Yo que no soy de risa fácil, lo reconozco, no paré de reír durante la hora y cuarenta minutos que duró el espectáculo.

El montaje está ayudado con una serie de proyecciones en pantalla que ayudan particularmente en ese ir y venir por la historia del humor.

Los sketchs se suceden vertiginosamente y son tan variados y ricos, pero sobre todo muchos de ellos tan cotidianos, que ahí es dónde reside la magia del humor; cosas tan insignificantes que pasan por delante de nosotros sin darnos cuenta, que el filón lo tenemos nosotros, pero el stress y el ritmo de vida nos impide ver más allá (que pena…).

Resaltaríamos todos los momentos del estupendo trabajo de Tricicle, pero si me tengo que quedar con alguno, me quedo con el de los dos médicos encerrados en un ascensor ¡Sublime!

La interacción con el público también fue uno de los toques que más divirtió al público y ayudó a que la risa se covirtiera en contagiosa. El público es muy agradecido con este tipo de cosas y aunque al principio, siempre es reacio a entrar al trapo, al final acaba cayendo en la tela que el cómico los va tejiendo.

En definitiva, no vamos a descubrir a Tricicle, su trayectoria y palmarés los avala.

Humor con mayúsculas, el gesto perfecto como su primer arma, economía de medios pero genialmente desarrollada.

Humor en grado superlativo. Y humor inteligente, que en los tiempos que corren es harto difícil.

Gracias por esta magnífica terapia.
Tricicle

Teatro Calderón

15 de diciembre de 2010

“Garrick”

Actores: Joan Gràcia, Paco Mir y Carlos Sans

Escenografía: Sebastià  Brosa y Laura García

Diseño de ilumunación: Luis Martí

Dirección y producción ténica: Peni Barratxina

 

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