Crítica: WATCHMEN, de Zack Snyder

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Los personajes de WATCHMEN

WATCHMEN (Estados Unidos 2.009, 163 Minutos, Ciencia Ficción – Acción)
Dirección:
Zack Snyder.
Guión: David Hayter, Alex Tse (Sobre el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons).
Reparto: Jackie Earle Haley, Malin Akerman, Billy Crudup, Matthew Goode, Carla Gugino, Jeffrey Dean Morgan, Patrick Wilson.
Fotografía: Larry Fong.
Música: Tyler Bates.

Valoración: 6/10

Sinopsis: Alguien ha asesinado al Comediante, un superhéroe que años atrás formaba parte de un grupo de enmascarados. Uno de sus compañeros, el esquivo Rorschach, comienza la investigación del crimen. Una serie de pesquisas que le llevarán a volver a encontrarse con sus viejos colegas y a descubrir sus más oscuros secretos. Pero el caso parece carecer de importancia cuando el mundo se aproxima a un inevitable apocalipsis nuclear.

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Crítica: He visto tarde Watchmen. Al menos más tarde que la mayoría de mis compañeros. Este forzado receso me ha dado una oportunidad única para nutrirme de sus opiniones personales sobre esta esperada película y percatarme de que sus reseñas, en la mayoría de los casos, van en una misma dirección. Esta bien puede resumirse en una palabra. Fidelidad. O no. El caso es que desde el mismísimo nacimiento del cine de superhéroes esa palabra ha perseguido a creadores y fans. Fidelidad. Como si fuera una llave mágica que abre las puertas a la genialidad. Como si fuera un sinónimo de calidad. La fidelidad es para el fan algo exigible desde la posición que le dan años de “fidelidad” -aquí con otro significado, pero persistiendo en su presencia- hacia sus ídolos. La fidelidad era para los estudios un concepto conocido pero que no era lo suficientemente atractivo hasta que se percataron de que era exactamente eso lo que el público esperaba y reclamaba en estos casos. Fidelidad. En busca de la fidelidad nacen las comparaciones y en base a ellas se juzga desde la mismísima promoción, la calidad de una película. La gente del cine se ha rendido y ha caído en el juego del fan con planos meticulosamente medidos, vestuario diseñado a la medida del original, actores reclutados por su simple parecido con el personaje y efectos especiales al servicio de mundos y escenarios recreados hasta la más ínfima grieta, piedra y pared pintada. Yo quiero prescindir de la fidelidad, de las comparaciones. Quiero olvidarme del cómic y juzgar la Watchmen película. Viéndola he deseado por un momento borrar aquellos momentos en los que maravillado, pasaba una página tras otra de la memorable obra de Moore y Gibbons. Tal vez así podría apreciar la cinta con los ojos de alguien que no se espera lo que se le viene encima. Que no sabe que va a ver una película de superhéroes con una temática totalmente diferente a lo que en cines ha presenciado hasta ahora. Watchmen es la historia cumbre de los superhéroes porque no habla de aventuras, archienemigos y malvados planes. Watchmen habla de hombres y superhombres y los analiza como uno de los mitos más grandes de la literatura del siglo XX. Ese mismo siglo que en la trama, se ve profundamente alterado por su presencia. Watchmen es una obra maestra, a medio camino entre el arte y la ingeniería, en el que cada detalle está cuidado al máximo. Perdonad. ¿Estoy hablando del cómic o de la película? Porque la película puede que sea un ejemplo de clara fidelidad visual, pero la fidelidad para con una obra no se mide por la estética, sino por el tono. Y en ese sentido la Watchmen de Snyder es un producto hecho a la medida de las demandas comerciales, con una chirriante banda sonora -salvo el eficiente uso de cierta canción del señor Philip Glass- algunos actores fuera de lugar y una puesta en escena víctima de su época. Ya lo hizo Snyder en 300, con una Esparta de píxeles y catálogos de moda masculina, y aunque con Watchmen se ha moderado centrándose un tanto más en el ritmo, sigue siendo víctima de su propia trampa. De su propio estilo. Watchmen es una historia de superhéroes diferente, con personajes diferentes -y a la vez muy parecidos a los que ya conocemos- y con escenas diferentes -la narración de algunas, como el pasado del Dr. Manhattan, mantienen la fuerza del original- y muy a nuestro pesar, una exposición exactamente igual que la de otros cientos de películas de acción / aventuras. En cierto modo Snyder ha cumplido a la hora de llevar la novela gráfica al cine con cierto rigor, pero su esfuerzo se queda cojo al no haber sabido trasladar con la misma eficacia ese tono crepuscular que hizo sobresalir la obra de Moore. Como he dicho unas líneas antes, mi intención era dejar de lado la novela gráfica. Pero Watchmen tiene un gran problema del que tal vez no pueda presumir esta película. Para aquellos que la leímos en su momento, es una obra inolvidable.

por Pablo Gutiérrez


 

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