Crónica de concierto: Dropkick Murphys (sala Razz, Barcelona, 17/02/15):

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Enmarcado en la gira “CELTIC PUNK INVASION TOUR” la doble visita española de los DKM arrancó ayer en la barcelonesa sala Razz – por cierto en Madrid ya hace días que han puesto el cartel “sold out” – con un programa que comenzó a las siete de la tarde con The Mahones, para luego seguirles Blood or Whiskey & Bryan McPherson. Pero el plato fuerte eran los bostonianos que parece que le han tomado cariño a nuestras ciudades por lo menudo que las visitan y por los llenazos que consiguen. Y es que la sala estaba a petar antes de las nueve y media, hora que arrancó el directo, de un público local y foráneo, veterano y jovenzuelo sediento de la fiesta que prometía la banda. 20150217 Dropkick Murphys _DSI6526

Con toda puntualidad las luces se apagaron para aparecer en la pantalla el logo del grupo entre una misteriosa humareda a la vez que sonaba una balada tradicional de Sinnead O’ Connor. Tras tal expectación los siete músicos se situaron rápidamente para abordar un inicio atronador. Comenzando con  “Out Of Our Heads” y su declaración de intenciones “Here we go, here we go We’re out of our heads, and it’s starting to show”, cantaban mientras los primeros remolinos se formaban en la pista. Luego “Citizen C.I.A.” con sus aromas a los Clash, “The Gangs All Here” y un plato fuerte avanzado como la fabulosa “Rose Tatoo” coreada al unísono por toda la audiencia. La tradicional “Rocky Road To Dublin” con las imágenes de boxeo clásico de fondo, homenajeaba su pasión por aquel deporte y por la lucha en general. Una lucha que se vivió a lo largo y ancho de la pista, con los habituales bailes hormonales de sus seguidores alentados por un Al Bar que, siempre bien erguido y tras su boina y tatuajes, cumple perfectamente el papel de hombre duro de la banda con su agreste voz, gestos de boxeo y actitud rebelde. Para cuando el otro líder y bajista Ken Cassey  adquiere el papel de solista principal desaparece de escena. Son quizás las canciones de Ken las menos punks de su repertorio, seguramente mas idóneas a su voz más dulce y profunda.

Pero ante todo, los Dropkick sonaron compactos, dando muestra de su energía punk y melodías celtas, con todo su arsenal de instrumentos (gaita, acordeón, flautas,…) y la potencia de una batería que les hace elevar el tono de sus interpretaciones.

 

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Fue de este modo como a lo largo de la escasa hora y media que estuvieron tocando lograron tener del todo entregados a su público hasta que abordaron la recta final con platos fuertes como “The Warriors Code” o “Johnny, I Hardly Knew Ya” antes de que se plantara en el centro de las tablas el también bostoniano Bryan Mc Pherson que interpretó la folky “Caps And Bottles” con su harmónica y guitarra acústica, completada al final con los auténticos protagonistas de la velada. Luego se sumaron el resto de “teloneros” con el himno “I’ m Shipping Up To Boston” que fue el punto y final previo a los previsibles bises. Estos, arrancados por todo el auditorio coreando “Let’s Go Murphys! Let’s Go Murphys!” comenzaron con la ilustrativa “The Boys Are Back” y “Kiss Me I’ m Shittfaced” momento en que hicieron subir al escenario a un grupo muy numeroso de jovenzuelas con Ken desplegando toda su simpatía. Luego el meollo de arriba se fue ampliando con la subida de chicos que pudieron bailar junto a sus ídolos “Skinhead On The MBTA” y gritar al unísono “United” de la final “If The Kids Are United”.

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Este fue el fin de fiesta del gran directo de esta buena banda digna heredera de los Stiff Little Fingers y los Pogues, que a muy seguro se debe disfrutar mucho más yendo del todo borracho y dispuesto a partirse la cara bailando como si te fuera la vida.

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Texto: Àlex Guimerà

Fotos: Desi Estévez

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