Crónica de teatro: “La Barraca del Zurdo”, en el LAVA (Valladolid) – Noviembre 2011

RESISTIR, VENCER LA AUSENCIA DE MEMORIA

El LAVA, bien nutrido de espectadores en su sala grande, fue escenario el pasado sábado 19 de noviembre del último montaje de Laví e Bel: 90 minutos de teatro fueron 90 años de historia, porque la historia de LA BARRACA DEL ZURDO es la de todos nosotros, inscrita en un convulso siglo XX que ha dado paso a un principio del XXI aún más frenético. Daniel Buenaventura, hijo de una granadina y un anarquista asturiano, quiso entregar su vida al mundo del espectáculo y montó una compañía familiar que arrancó el 8 de octubre de 1920. Sus descendientes la mantienen viva, gran hazaña en el tiempo del culto a lo efímero, que los chicos de Laví e Bel (Cabaret Líquido, Max al Mejor Espectáculo Musical en 2008) pasean desde 2010 por todos los escenarios de España.

Lo cierto es que los actores Piñaki Gómez, Larisa Ramos, Nerea Cordero y Antonio Ramos (bajo la varita de dirección de Emilio Goyanes) son en la obra Miguel, Nina, Edith y Daniel, los nietos de “El zurdo”, el lanzador de cuchillos que lanzará sus puñales sobre el pecho destrozado del siglo XX, sobre las venas abiertas de América Latina, sobre la vieja y salvaje Europa, destruida y reconstruida una y mil veces. Y es que LA BARRACA DEL ZURDO es un viaje en el tiempo a través del peregrinar de la compañía que conoce el éxito en España durante la República pero que ha de salir del país tras el estallido de nuestra Guerra Civil y vaga por América Latina y Europa durante décadas.

Su periplo se relata frente a la entrada de la Barraca, aderezada con luces y fotos de la familia, mediante un cóctel de conceptos y lenguajes sabiamente agitado. Viven los años de éxito durantes las Misiones Pedagógicas, las actuaciones clandestinas con la victoria de los nacionales, la huida a Argentina, la gira por Europa durante la Guerra Fría, siempre con la mente puesta en España, al otro lado de la cicatriz con la memoria destrozada, Los Pirineos, que no cruzaron hasta finales del siglo XX: Kilómetros y kilómetros sin piel, siempre mirando al sur. Kilómetros que recorrieron con un grito de guerra tatuado en las entrañas: resistencia, resistencia, resistencia… reza el leit motiv de la obra anidado en sus canciones. El recorrido se dibuja en forma de números de variedades, cabaret, mimo, clown… Una obra más para ver y sentir que para describir.

La música en directo, por Alejandro Cruz, ambienta cada época (del cabaret de los 30, pasando por el tango o los ritmos más españoles) y comulga con el juego de luz y sonido, que son un personaje más de la obra para subrayar un trabajo actoral arduo. Los cuatro actores interpretan hasta 37 personajes diferentes. No existe el tiempo ni la identificación de cada actor con su papel de forma lineal: conviven pasado y presente (también en el vestuario: siniestro, cabaretero, futurista), vivos y muertos, padres e hijos, familiares, allegados, secundarios, figurantes… todos los personajes son ellos, a veces de forma simultánea en un ejercicio de desdoblamiento (curiosa la declaración de amor de Daniel a Aurora que interpretan, dos y dos, los cuatro actores a la vez) que supone gran dificultad interpretativa acentuada por la necesidad de coordinar también canto y coreografía.

Como decía, un siglo de historia concentrada en la memoria de una familia luchadora con la que el espectador se siente identificado a la salida del teatro (intensísimos y prolongados aplausos el sábado) porque encuentra en ella valores siempre ansiados: el amor incondicional más allá de la muerte, el apoyo familiar, la perseverancia de luchar por lo que se cree, la ilusión de conseguir aquello que se persigue aun al final de la vida.

Resistencia, resistencia, resistencia. Muy con los tiempos. En palabras de su director: una resistencia alegre, jodida e inamovible justo en este momento en que la apisonadora de esta crisis fabricada a la medida del sistema nos pasa por encima. Esa apisonadora nos deja planos como una página en blanco sobre la que escribir nuestro futuro.

Compañía y obra: Laví e Bel, LA BARRACA DEL ZURDO
Guion y dirección: Emilio Goyanes
Interpretación: Piñaki Gómez, Larisa Ramos, Nerea Cordero, Antonio Ramos Leiva
Músico en directo: Alejandro Cruz Benavides
Lugar: LAVA, Laboratorio de las Artes (Valladolid)
Función: Sábado, 19 de noviembre

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