Crónica del concierto: Rufus Wainwright en el Auditorio Miguel Delibes (Valladolid) – febrero 2012

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Rufus Wainwright tocó el sábado en Valladolid. Y no fue un concierto cualquiera, sino un espectáculo único en el que, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, bajo la dirección de Andrés Franco, Rufus interpretó canciones propias, ajenas, antiguas y recientes. Si como concepto es ya de por sí una delicia, el resultado fue, sencillamente, fascinante.

El show, titulado ‘Classico Rufus’, se dividió en dos partes. La primera comenzó sin Rufus en escena, con la OSCyL interpretando ‘Carnaval, Obertura op. 92’ -una pieza escogida, según comentó Andrés Franco, no sólo por la época del año en la que nos encontramos sino porque «habla de la vida, al igual que las canciones de Rufus»- y continuó, ya con el canadiense sobre el escenario, con cinco sonetos de Shakespeare orquestados por él mismo -tres de los cuales ya los habíamos escuchado en su último LP, ‘All Days Are Nights: Songs For Lulu‘-. Como en su anterior gira, pidió expresamente que, en esta primera parte, no se aplaudiera entre canción y canción.

La segunda parte, mucho más distendida -con un Rufus encantador, más cercano y dicharachero y dirigiéndose continuamente al público para referirse a cada tema interpretado-, empezó con tres canciones suyas: ‘Vibrate’ -lo que nos permitió disfrutar del improbable momento de una orquesta sinfónica poniendo música al verso “I tried to dance Britney Spears”-, ‘Little Sister’ y ‘This Love Affair’, una selección bastante evidente para la ocasión, especialmente las dos primeras, que ya incluyen arreglos orquestales en su versión de estudio. Tras ellas, Rufus dejó el piano de cola y, de nuevo de pie, como en la primera parte, interpretó tres canciones del ciclo ‘Les nuits d’été’, de Hector Berlioz -“el director de orquesta con el mejor pelo de la Historia”, comentó-: ‘Le spectre de la rose’, ‘Absence’ -“una canción tan bonita que la primera vez que la escuché casi tengo un accidente con el coche”- y ‘L’île inconnue’ -“mi parte favorita es la de «Où voulez-vous aller?» se la canto a menudo a mi marido”, comentario que dio pie a una reflexión sobre el matrimonio homosexual: “aquí en España sois muy guays respecto a ese tema”.

A partir de aquí, todo fue in crescendo. Rufus revisitó dos de los temas que grabó para ‘Rufus Does Judy At Carnegie Hall‘, su disco homenaje a Judy Garland: la neoyorquina ‘You Go To My Head’ y la célebre ‘Somewhere Over The Rainbow’. En teoría, el espectáculo debía acabar con su clasicazo ‘Oh What A World‘. Sin embargo, Rufus sorprendió interpretando un tema más, para así terminar de la misma forma que lo hace su ópera ‘Prima Donna’, recientemente estrenada en Nueva York -“le ha encantado a todo el mundo menos al New York Times, pero ya sabéis lo que opino yo del New York Times”-. La canción es ‘Les feux d’artifice t’appellent’, también contenida en su último álbum de estudio y, haciendo gala de francofilia, estuvo precedida por las primeras notas de la Marsellesa. La canción ilustra el momento en el que la protagonista de la ópera se asoma al balcón para ver los fuegos artificiales del Día de la Bastilla en París -“no es para nada gay”, bromeó-. Cuando parecía que el show había acabado, Rufus se volvió a sentar al piano para interpretar su famosa versión de ‘Hallelujah’, de Leonard Cohen, con cuya hija, recordamos, ha tenido recientemente una niña.

Con el auditorio en pie, Rufus se vio obligado a salir cuatro veces a saludar y, por fin, a tocar la última, ‘Poses’. En un momento del concierto comentó que, antes de venir, no tenía ni idea de dónde estaba Valladolid: “ahora ya lo sé”. A ver si no se le olvida. Este espectáculo maravilloso, a los que lo presenciamos ayer, seguro que tampoco.

Fotos: Verónica Pareja Castro.

 

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