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Crónica concierto Luz Casal en Valladolid, Julio 2014


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Dentro del ciclo estival de conciertos de Las Noches de San Benito tuvo lugar el pasado 3 de Julio la actuación de Luz Casal, presentando su nuevo trabajo Almas Gemelas, en un día desapacible de lluvia y bajas temperaturas que, sin embargo, no consiguieron disuadir a un público vallisoletano, cuya media de edad sobrepasaba de largo los 40, a llenar por completo el espectacular patio descubierto del recinto y disfrutar durante casi dos horas de un recital de calidad exquisita en lo musical y de poderío vocal a cargo de una intérprete a la que su lucha por vencer la enfermedad no ha mellado sus facultades vocales sino que además ha producido que en el dramatismo con el que se enfrenta a determinadas composiciones haga subir de manera exponencial la carga emocional.

Respaldada por un quinteto musical discreto en las formas Luz dividió el concierto en tres partes diferentes, que coincidieron con sus cambios de vestuario. De esta manera empezó pausada y centrada en sus últimas composiciones, más cercanas al bolero y a la “música ligera”, desde la acústica y contenida Ella y Yo  al dramático desengaño de No Me Cuentes Tu Vida, que mantuvieron al público atento y centrado en un respetuoso y teatral silencio que se rompía cuando acudía a su cancionero más popular como Entre Mis Recuerdos, que emocionó a la vocalista o No Me Importa Nada, que dedicó a todas las féminas presentes. Esta primera parte terminó con la audiencia coreando Un Nuevo Día Brillará.

Luz abandona el elegante traje rojo y lo cambia por el cuero blanco, en una declaración de intenciones que muestra que el concierto se va a soltar, moderadamente, la melena, e incluso la cantante suelta el pie de micro para moverse y bailar por el escenario al ritmo su último single,  Por Que No Vuelves Amor, Loca, Un Pedazo de Cielo (la primera vez que los decibelios suben con moderación) o Rufino, que como si del milagro de Jesucristo y Lázaro se tratara consigue que la gente abandone sus asientos y muevan unas caderas que se nota hace tiempo se oxidaron sin remisión.Luz_Casal-photo-Fran_Cea-02

Un traje corto negro enfrenta a Luz a la última parte del concierto y ahí la artista da al público lo que estaba esperando, una colección de singles relajados y de fácil digestión que son coreados con gestos dignos del mejor programa de karoke televisivo por parte de la audiencia, Piensa en MI, Un Año De Amor, Pero Te Dejé Marchar, la más actual Sin Perdón…balas de efecto rápido y muerte lenta para un concierto que, rockeramente hablando, se ha alejado en demasía de los que aún recordamos los tiempos en los que la cantante gallega compartía escenario con Leño o Miguel Rios (los tiempos han cambiado) y que ha adaptado, casi mutado, su ser a otros ritmos más accesibles.

Y sin embargo ¿que hacía ahí alguien que esperaba que las guitarras asomaran?, pues atisbar un rayo de luz (lamento que el juego de palabras sea tan obvio) en forma de un medley de canciones final con menos concesiones y por donde desfilaron la primigenia No Aguanto Más (boa roja incluida), Hechizado, Mantenerse en Pie, A Cada Paso Que Doy o la final A Mil Kilómetros, que me atrevería a decir disfrutó de manera especial a juzgar por las poses y gestos que esta cincuentañera, que las ha visto desfilar de todos los colores, manifestaba.

Sin embargo no quiero que lo arriba expuesto haga olvidar una de las razones fundamentales existentes para acudir a un concierto de Luz Casal, y es la calidad infinita de su voz e interpretaciones y que entre la sucesión de baladas siempre hay grandes momentos. Yo al menos repetiría.

Crónica concierto: Meshell Ndegeocello en Teatro Lara (Madrid) – abril 2013


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Meshell Ndegeocello consiguió agotar el papel en el coqueto Teatro Lara de Madrid en un concierto intimista que sirvió para presentar su nuevo trabajo, el décimo de una carrera longeva, de nombre Pour Une Ame Souvraine y que conmemora el ochenta aniversario del nacimiento de Nina Simone mediante canciones, no siempre compuestas por la genial pianista, pero si que durante algún periodo de su carrera formaron parte de su repertorio.

Se presentó sobre las tablas con la única compañía de un teclista (Jebin Bruni) y un guitarra (Chris Bruce), todos ellos sentados y con tímidas luces, no queriendo romper la magia de una noche que se centró en las canciones y ejecuciones pausadas que entusiasmaron a un público de “mediana edad” que había podido pagar los cerca de 30 euros del precio de las entradas. Meshell, en el centro del escenario, salió vestida con una camiseta de aire étnico, unas grandes gafas naranjas y deportivas a juego y susurró más que cantó (hasta el punto que algunos de los presentes reclamaran más volumen en un patio de butacas en sepulcral silencio) temas que viajaban del blues al soul y el funk con el jazz como hilo conductor. Todo ello con el sonido potente de su bajo, convertido en un hacedor de melodías más que de ritmos, que por momentos consiguió acaparar el conjunto musicalMeshell_Ndegeocello-madrid-foto-Fran_Cea-01 - copia

Pero Meshell sabe perfectamente que su baza para sacar adelante el repertorio no son solo sus temas sino la forma en que ella se aproxima a los mismos y como innova en el estilo, siendo bandera de la música negra en una actualidad de músicos centrados en las ventas y la difusión de las grandes cadenas televisivas, como demostró nada más comenzar su concierto con una irreconocible Suzanne (“me encantan las versiones de las versiones“, nos dijo), argumentó cuando sonó  House Of The Rising Sun y corroboró en una gloriosa cover del Don´t Let Me Be Missunderstood y entre medias muchas de las canciones de su nueva obra intercaladas entre speechs que hablaban de su historia vital o de todo lo que la rodea, como el comentario hacia la zona de prostitución cercana a la zona del teatro y que coronó con buen humor mientras nos preguntaba si preferíamos en estos tiempos “ser putas o ladrones”.

Turn Me On se interpretó con el único acompañamiento de una guitarra casi folk, dejando respirar a cada sílaba que salía de su garganta y See Line Woman, sin embargo, se transformó en una pieza funk high style llena de profundidad mientras que Black Is The Colour Of My True Love´s Air, también casi a capella, fue un silencio desgarrador de voz dulce y Feeling Good mostró en su alegre título la desgracia personal que emana su letra.

Pocas cosas que achacar a un show que pudo ser algo más largo en tiempo y quizás más enérgico si se hubiera traido a su batería titual Deantoni Parks (que inexplicablemente no la acompañó en esta fecha) pero que dejó un sabor de boca estupendo en todos los presentes. Un acierto por parte de este estupendo ciclo llamado Pequeños Y Grandes Momentos y que aún nos ha deparar grandes veladas en el futuro.

 

Crónica concierto The Delta Saints en Valladolid. Junio 2012


Quizás simplemente sea algo sencillo de explicar. Quizás los miembros de The Delta Saints tocan descalzos porque necesitan sentir que están indisolublemente apegados a la tierra que pisan, que ese vínculo que les une a sus raíces, al sonido de las calles de Nashville y al inquietante pantano del Mississippi les obliga a establecer un nexo que permita que su insultante juventud no sea obstáculo para demostrar que por sus venas corre el más profundo sentimiento de la música del sur, y que la encrucijada de su origen se ha situado en  aquel cruce de caminos en el que Robert Johnson se largó con el diablo del blues y mientras lloramos su  ausencia acuden al sonido de los Delta Saints todos los hermanos bastardos del género. El soul, el rhythm and blues, el bayou, el rock and roll…

Y ese probablemente sea el motivo por el que cuando  alguien se enfrenta a The Delta Saints por primera vez cree reconocer todos los sonidos que en algún momento, y de manera más o menos prostituida, han invadido su cabeza y sin embargo toda esa herencia musical es imposible atribuirla a un solo progenitor. Porque  la cabeza a pesar de querer mantener su racionalidad está demasiado influida por el resto de órganos degustadores de la buena música: el corazón, el estómago, las entrañas..

Varios de los miembros de esta web tuvimos la enorme suerte de cruzarnos con Ben Ringel y sus compinches el pasado Octubre y de ese encuentro nos trajimos un concierto espectacular en la Taberna Belfast que pudisteis leer aquí , un par de videos exclusivos para nuestra web hermana Acordes Urbanos y sobre todo la convicción de que este gran descubrimiento debíamos compartirlo y hacerlo llegar a tanta gente como nos fuese posible antes de que se hagan tan grandes que solo les podamos ver en  recintos de tamaño mayor.

Afortunadamente el broche final de la programación de conciertos de esta web les trajo hasta la Sala Porta Caeli y a pesar de los imponderables futbolísticos de rigor más de 70 personas pudimos gozar y bailar como auténticos posesos (de nuevo el diablo del blues hizo de las suyas) con un concierto que para los asistentes posiblemente marcará la fecha más destacada de las que este año tengan lugar en Valladolid.

The Morning Reaver fueron quienes con su rock elegante, de raices americanas y sonido semi acúsitco encendieron la mecha de la buena música con sus composiciones propias y varias versiones que encandilaron a los asistentes para dejar la Porta preparada para la aparición del dobro de Ben Ringel, sentado como es habitual en su fligh case y rodearse de los “músicos descalzos” que desde que pusieron el punto inicial con Cigarrette se lanzaron en una espiral de composiciones nuevas hasta desgranar casi por completo su próximo y esperado disco Dead Letter Jubilee sin importar que el encuentro con sus temas fuera nuevo para todos los presentes, que los recibimos con un entusiasmo tan desmesurado como justificado, y por medio dejar muestra patente de su feeling cuando sonó la versión de Ottis Reeding Hard To Handle, con un solo de guitarra majestuoso de Dylan Fitch o Come Together que cerró el set list con la pérdida de control de los presentes.

Entre medias un armonicista de primera linea como Greg Hommert que nos dejó a todos boquiabiertos, una base rítmica llena de groove con Ben Azzi a los parches y el creativo David Supica al bajo y una colección de canciones que ya son clásicos para sus seguidores y que al lado de temas como A Bird Called Angola, Pray On, Steppin´ o Momma (que me puso el vello de punta) compusieron la noche perfecta.

Están de gira europea pero regresan a España en unas semanas a continuar un tour que pasará por bastantes ciudades y que deberías chequear en su web para elegir los lugares (con uno seguro que no tendrás suficiente) en los que volver a encontrártelos. Nosotros sin duda repetiremos.

Crónica concierto Mars Red Sky+Karma To Burn en la Taberna Belfast. Mayo 2012


Una de las cosas que más me gusta es que aún conservo mi capacidad de sorpresa musical intacta. Tengo las orejas bien abiertas y confío ciegamente en personas cuya sapiencia en este tema está fuera de toda duda. Por eso cuando la gente de la Taberna Belfast de Santa María del Páramo insistieron en que el doble cartel que habían organizado con Mars Red Sky y Karma To Burn era uno de los mayores lujos stoner que se podian ver en Europa en este momento no me lo pensé y puse kilómetros de por medio hasta llegar a mi sala de conciertos favorita de la región.

Admito mi desconocimiento de los franceses Mars Red Sky y haber escuchado puntualmente a Karma To Burn, fundamentalmente al principio cuando se trataba de un grupo vocal, pero debía ser el único ignorante porque el pequeño recinto estaba lleno hasta la puerta de gente venida de muchos puntos del norte de España (Gallegos, Asturianos…) y de toda la comunidad, que se entregaron desde el principio a esta experiencia de música del desierto.

Problemas sobre compartir el backline produjeron que el concierto empezara con algo de retraso, no muy habitual en el Belfast, así que con muy poco espacio para moverse los Mars Red Sky comenzaban a desgranar las canciones de su disco Emergence con un sonido muy etéreo y atmosférico, voces que parecían salir del coro de una catedral y un juego de efectos de sonido en la guitarra que obligaban al pequeño vocalista a hacer auténticos malabares con los pies para activar y desactivar varios al mismo tiempo. Su montaje sonoro es complejo pero se desenvuelven en él con aparente sencillez y consiguen transmitir una sensación de paz muy inquietante. Strong Reflection (que tiene un clip apropiadamente grabado en Las Bárdenas Reales) y Curse fueron los temas que más me gustaron, no se limitan a repetir patrones rítmicos sino que van incorporando cambios de dinámicas musicales y breaks que enriquecen la audición, además el contraste de las afinaciones ultra graves con la voz aguda y cristalina de Julien Pras forman un contrapunto diferenciador. Gran sorpresa y unos “invitados” de auténtico lujo.

Probablemente si Karma To Burn hubieran aceptado compartir backline hubieramos visto aún un concierto más potente. Pero tener que desmontar todo para instalar su sencillísimo equipo (dos amplis sin ningún pedal ni efecto y una batería sin grandes alardes) hizo que el sonido inicial no fuera de su gusto e incluso pararan tras la primera canción a cambiar alguno de los cables de la PA.

El volumen que ellos querían para tocar no era muy compatible con las características del local (Mars Red Sky con un equipo mucho más complicado sonaron muy bien) y su guitarrista Will Mecum estuvo de bastante mal humor por ello. Quizás fue este el motivo por el que apenas estuvieron tocando una hora muy justa (bis incluido) pero al menos desde los lugares en que me coloqué yo en primera fila el sonido fue demoledor.

Es impresionante la maestría de Karma To Burn para construir melodías y ritmos variados con tan pocos recursos, los temas se aceleran y frenan, cambian de dinámica, varían su intensidad y todo ello lo hacen con muy pocas modificaciones en sus patrones, probablemente se trata de talento. Además visualmente son arrebatadores. Cada uno con una estética completamente disonante sobre su compañero. Desde la imagen de motero Hell Angel de su bajista Rich Mullins al aspecto homeless del batería Rob Oswall. Todos ellos con un protagonismo equivalente en el resultado final,  mientras Mecum va iniciando canciones, no hay set lists, para que sus compañeros le sigan.

Eight sonó como un cuchillo con su ritmo roto y sus pentatónicas y los cuellos empezaron a moverse en las primeras filas para quebrarse cuando Thirty Four hizo acto de aparición y el ritmo se aceleró hasta un sonido cercano al Thrash Metal de los primeros Metallica, Fourty Seven se recibió con ovación y Thrity Six puso el punto final a un concierto en el que los que les han visto anteriormente comentaban que no lo habían dado todo mientra,s en mi primera vez, yo me llevaba la imagen de un grupo demoledor sobre el escenario. Esta banda en una sala con una audiencia más desatada podría abrir las aguas. Me los apunto en la agenda para futuras visitas. ¿Quien dijo que es necesario un cantante para transmitir la intensidad?.

Crónica concierto James Taylor en La Riviera. Madrid. Mayo 2012


James Taylor es una auténtica leyenda de la música no solo por sus mareantes cifras de discos vendidos y premios obtenidos (6 Grammys, miembro del RnR Hall Of Fame, más de 50 millones de álbumes vendidos…) sino por la relevancia que sobre la música popular y de autor ha ejercido. Además no es muy habitual verle por los escenarios europeos con lo que su visita a España suponía un éxito absoluto incluso antes que esta se produjera.

Y es que ni siquiera el precio de las entradas (50 euros en Madrid y hasta 70 en Bilbao con merchandising a partir de 30 euros la camiseta) supusieron un obstáculo para que James Taylor colgara el cartel de “no hay billetes” en ambas citas y apabullara con su sencillo montaje y su timbre de voz suave a un público que ya acudía de antemano con la bandera blanca enarbolada.

Audiencias que nunca volverán a cumplir los 35, muchas parejas, fotógrafos y prensa situados a distancia del protagonista para no molestarle y silencio respetuoso (y reclamado vehementemente si alguien se atrevía a saltárselo)  solo interrumpido cuando terminaba cada interpretación y la ovación hacía aparición para un Taylor que acompañado por tres músicos (batería, bajo y un teclista que puntualmente agarraba tanto el acordeón como una flauta) permaneció sentado con su acústica en el frente del escenario salvo cuando se colgó una Telecaster que obró el milagro de levantarle de la misma para rockear (si señores, Taylor también rockea) en clave blues mientras cantaba Steamroller ,solo de armónica incluido, o en Slap Leather, únicas excepciones a un cancionero que se centró en sus piezas más conocidas y que en ningún momento se desmadró en velocidad o volumen.

Blossom y Sunny Skies abrieron la noche con Taylor en solitario en el escenario  entre las miradas de admiración de la concurrencia pero en cuanto sonó Carolina, ya con los músicos sobre el escenario, el primer estruendo de la velada hizo aparición y llevó de la mano a los presentes hasta Walking Man que demostró a la banda que aquí también se cantan sus canciones y que el protagonista de la noche era capaz de hacer responder a todos con mínimos estímulos visuales. La luz tenue y cálida de los focos, la pose relajada con la guitarra sobre las rodillas y el aspecto ligeramente desgarbado de James Taylor con su gorra calada hasta las orejas dejó momentos de comunión total entre público y banda como cuando toda la sala entonó el estribillo de Don´t Let Me Be Lonely o el éxtasis que supuso Sweet Baby James, de su lejano primer disco, que recogió la mayor ovacion de la noche, superior incluso que cuando sonó Country Road, con unos coros femeninos pregrabados que a punto estuvieron de tapar las voces de los presentes.

Recordó sus aventuras con The Beatles cuando presentó Something In The Way y México puso el toque más AOR. Your Smiling Face consiguió que nadie dejara de dar palmas mientras aparecían los tonos más altos del protagonista, demostrando que su voz no ha perdido un ápice de calidez ni color y personalmente creo que solo me sobró la aparición de su esposa para hacerle la réplica en la imprescindible You´ve Got A Friend, quizás porque aún tengo la esperanza de poder ver a Carole King sobre un escenario algún día.

En total algo más de hora y media de folk rock de calidad, de tradición musical americana con el country como telón de fondo y con la sencillez de quien no necesita grandes artificios para llevarse a casi 3000 personas por delante. No creo que a ninguno de los allí presentes, visto lo vivido, les pareciera cara la entrada a tenor de las caras de satisfacción que se veían mientras abandonaban La Riviera e incluso a mi me sentó bien este relajante muscular después de que apenas 20 horas antes los salvajes Karma To Burn casi hicieran que me dislocara varias vértebras en su concierto en el Belfast paramés. Imagino que en la variedad (de calidad) está el gusto.

Crónica concierto Bob Wayne en Sala Porta Caeli. Valladolid. Abril 2012

Es sencillo culpar a la fecha, un lunes festivo en la capital del Pisuerga, o a que la economía es cada vez más precaria y la acumulación de grandes conciertos en nuestra ciudad (el de Bob Wayne estaba entre los bolos de Dr. Feelgood y Hogjaw) es cada vez, por fortuna, más abundante, pero lo cierto es que la apuesta de traer a un fenómeno como Bob Wayne a España, acompañado de los impresionantes The Outlaw Carnies, sigue siendo una labor más que arriesgada si tenemos en cuenta que probablemente estemos ante la primera generación que en nuestro país adquiere una cultura y bagaje musical de manera más numerosa.

Así que nos juntamos bastante pocos en la Sala Porta Caeli de Valladolid para mostrar nuestros respetos al músico de Alabama y escuchar las canciones de su fantástico nuevo trabajo Till The Wheels Fall Off pero, como me dijo el responsable de la Porta, “no se porque pero estos conciertos al final son los que mejor salen” y vaya si tenía razón el bueno de Carlos porque desde que Bob pisó el escenario con su chaleco de Pentagram y acercándose al micro nos dijo “me da igual que seáis cinco o quinientos, vamos a hacer el set completo” quedó claro que durante las casi dos horas siguientes nos trasladábamos todos al garito más duro del sur de los USA con la combinación de música y actitud punk rock con la tradición más pura de los Cash, Willie Nelson o Kris Kristofferson (con quién le compara de manera obvia la prensa).

Arrancó con el tema título Till The Wheels Fall Out con su sonido de locomotora y esa fue precisamente la sensación que dejó una banda que fue la protagonista de la noche por su calidad, desde su joven y tatuado contrabajista punk Jared McGovern a sobre todo su violinista Liz Sloan, el dulce contrapunto de fragilidad en una banda con imagen de tipos duros, que a pesar de encontrarse enferma realizó un trabajo soberbio, y su increible guitarrista Ryan Clackner, un auténtico guitar hero que manejó su instrumento a una velocidad endiablada más propia de un amante del shred que de un músico country.

No tardaron en caer muchas de las canciones más esperadas como la espectacular Driven By Demons, un single perfecto, la más tradicional Devil´s Son, There Ain’t No Diesel Trucks in Heaven (un título glorioso para una canción), las más tranquilas Love Songs Suck, My Friends o Everything Is Legal In Alabama, donde a pesar de romper una cuerda el frenético ritmo no dio pausa para el cambio y continuó con solo cinco.

También estuvieron presentes el tema que hizo a dúo con su mentor Hank Williams III Workin Man y la más cañera Fuck The Law (middle finger incluido) para dejar claro que aunque su estilo se agarra al legado de Johnny Cash no es solo su estética la que deja fitrar otras maneras, desde el punk a la oscuridad rockera de Black Sabbath, sino que la manera de afrontar tanto las composiciones como su ritmo de vida le emparentan de manera más cercana al lado más oscuro de la música de la misma manera que ya nadie se extraña de que Hank III figure en la formación de Superjoint Ritual.

Spread My Ashes On The Highway fue uno de los momentos más especiales con la presentación de la banda y la manifestación de las últimas voluntades de cada uno de sus miembros. Obviamente Bob Wayne eligió para su final reposar en la carretera, el lugar en el que habita en su ritmo de conciertos infernal (además ejerce de chófer de la furgoneta de la banda)  y que es la fuente de inspiración de sus canciones. Seguro que su próxima gira por nuestro país, que la habrá, hará que consiga una repercusión mayor, como lo ha conseguido  con respecto a la del año pasado, ya que aunque su propuesta musical puede parecer lejana a nuestro país su arrebatadora actitud consigue granjearse el favor de los que le conocen. A Wayne le quedan muchas historias aún por contar. Como el mismo dice de manera incesante HELL YEAH!!

No os perdáis en las próximas semanas el acústico exclusivo que Bob Wayne grabó para www.acordesurbanos.com


Marea en Valladolid. Reportaje fotográfico. Diciembre 2011


Marea han pasado a jugar en la primera división del rock nacional y prueba de ello es que en la gira de presentación de su actual En Mi Hambre Mando Yo están llenando todos los recintos por los que están pasando teniendo incluso que repetir fecha en alguna de las ciudades que visitan.

En el caso de Valladolid y a pesar de que tanto en la actuación del grupo invitado como apenas unos minutos antes de comenzar no parecía que se fuera a llenar si se consiguió y más de 4000 personas disfrutaron de un concierto de dos horas de duración en la que repasaron de manera concienzuda su último disco y en la que no faltaron las revisiones de sus clásicos (Duerme Conmigo, Corazón de Mimbre, Ciudad de los Gitanos..) ante los cánticos enfervorecidos de sus fieles que se dejaron la garganta toda la noche compensando un sonido que una vez más en este recinto volvió a ser muy mediocre.

Un éxito de la banda de Kutxi Romero de la que acompañamos unas fotos como testimonio.

Crónica concierto The Delta Saints en Taberna Belfast. Octubre 2011


Nueva peregrinación a la localidad leonesa de Santa María del Páramo, en concreto a la estupenda Taberna Belfast, para disfrutar de otro de los conciertos “imperdibles” de la temporada musical con el lujo añadido de poder ver a bandas internacionales que en ciudades como Madrid o Barcelona actúan para audiencias de varios centenares pero en este caso en un recinto de pequeñas dimensiones (y una acústica privilegiada) donde raramente nos juntamos más de medio centenar de asistentes.

En este caso la cita era con los emergentes The Delta Saints, una de las bandas que más polvareda están levantando entre la prensa musical sin tan siquiera tener editada aún su primera obra completa (tan solo han publicado dos Eps que han recopilado en un cd especial para Europa y que se puede comprar en esta gira) y que se están llevando alabanzas unánimes y el reconocimiento de que nos encontramos ante una de las bandas que puede reinar dentro del panorama del “rock de raices” internacional, y de paso dar una patada en el culo a unos acomodados Drive By Truckers, en tan solo unos años.

Cinco jovenzuelos (apenas superan los veinte años) procedentes de Nashville y que atesoran en su bagage la sabiduría musical de auténticos veteranos del género.

Para hacerte una idea de a que suenan es como si capturaras a los Screamin Cheetah Wheelies del Magnolia (exijo que todo el mundo se ponga en pie al escuchar pronunciar este nombre) te los llevaras una temporada a un pantano a capturar las sonoridades más añejas y después de la sobreexposición a las raices les trasladaras al delta del Mississippi a convivir con los bluesmen más puros del género. La mezcolanza resultante es una fusión de soul, blues, funk y rock, de dobros centelleantes sobre un colchón de harmónica, de bases rítmicas negroides tejidas y entremezcladas a punteos de guitarra de rithmt and blues y de voces que delatan personalidad y crudeza muy por encima de la edad que sus pasaportes delatan.

Es como presenciar el pacto del cruce de la carretera 66 donde el diablo acuerda con un bluesman la eterna juventud a cambio del secreto del blues pero sin perder la personalidad propia, porque si exceptuamos a los citados Screamin Cheetah (de nuevo todos en pie) o a los Blues Travellers más puristas todo lo demás que el oyente percibe es familiar pero a la vez nuevo.

Así que estos imberbes tatuados con cruces y citas bíblicas, será por mantenerse alejados del diablo del cruce, con un look (excepto su bajista) sacado de cualquier pandillero de la peli de Erase Una Vez En América, con camisas blancas, tirantes y descalzos nos ofrecieron a algo más de 40 asistentes una ceremonia musical que dificilmente podremos olvidar.

Desde que abrieron fuego con Cigarrette hasta el final, casi dos horas después, con la versión de James Brown de Sex Machine pudimos asistir al orgasmo gospel, pasado por guitarra eléctrica,  de Company Of Thieves, al folk rural exacerbado de A Bird Called Angola (mi tema favorito de este año con el permiso del Codeine de Jason Isbell) o el blues puro y sentido de Momma que nos puso la carne de gallina al ritmo cadencioso de la harmónica de Greg Hommert (que sopló como un virtuoso) cuando el Belfast se convirtió en una ceremonia de la que los presentes participábamos con los coros.

Pero es que hubo más porque nos regalaron una versión del Hard To Candle de Ottis Redding que hizo palidecer a la adaptación de los “Cuervos Negros” y un aceleradísimo Johnny B Good que demostró que también pueden rockear como los que más.

Pero donde se encuentran más a gusto es cuando la lucha entre el blues y el folk se debate en duelo y surgen canciones como Pray On donde el sonido metálico y profundo del dobro te trae a la cabeza a Muddy Waters o cuando Ben Ringel se deja la voz y las pelotas cantando Voodoo Walk con la garganta rota y el ritmo se acelera y se percibe el calor del infierno saliendo de las manos de un bajista privilegiado, por no mencionar cuando Swamp Groove nos taladró el alma con su cadencia espiritual o 300 Miles nos situó en una carretera a ninguna parte propia de una road movie country.

Un concierto mayúsculo, impresionante, de una calidad que dificilmente será igualado este año y la antesala a la gira del 2012, prometieron volver el año próximo y los presentes les dejamos claro que si no lo hacían iríamos por ellos, en las que con el disco bajo el brazo seguro llenarán salas de mayor aforo y algún crítico lumbreras hablará de ellos como la nueva banda que salvará al rock de este siglo.

Mientras tanto unos cuantos privilegiados recordaremos esta fecha en la que les tuvimos cara a cara, compartimos cervezas (y algunos tipos con suerte como los miembros de esta web desplazados al evento  incluso mantel y anécdotas de la gira) y descubrimos que lo más profundo de los Estados Unidos es perfectamente trasladable al Páramo leones y que cuando alguien pregunte por la capital de alguno de los estados más rednecks de los USA mentalmente todos mencionaremos Belfast y no será precisamente por la verde irlanda sino por el rojo escenario de una taberna en la que algunos tenemos previsto pedir asilo (musical que no político) en breve.