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Deerhunter claman a la nostalgia en su nuevo disco “Why Hasn’t Everything Already Disappeared? “


deerhunter Why Hasn’t Everything Already Disappeared

El nuevo trabajo de Deerhunter estará disponible en enero en 4AD, bajo el título de “Why Hasn’t Everything Already Disappeared?” tendremos el octavo disco de la banda. En él, la nostalgia vuelve a anclarse en el sonido de una banda que sigue mirando de cerca a la forma más artesana de facturar sonidos y despertando expectación en su público.

Deerhunter han facturado un álbum de ciencia ficción sobre el presente inmediato, buscando una reacción hacia toda la música popular vacía de sentido. Ya podemos escuchar un adelanto, ‘Death In Midsummer’. El álbum ha sido grabado en  Los Angeles, en Maze Studios y en el ático de Cox (localizados estos últimos en Atlanta).

https://youtu.be/zG2TgCuMcjM

FINAL COVER DRAFT1

Why Hasn’t Everything Already Disappeared? Tracklist:
01. Death in Midsummer
02. No One’s Sleeping
03. Greenpoint Gothic
04. Element
05. What Happens to People
06. Détournement
07. Futurism
08. Tarnung
09. Plains
10. Nocturne

Pre-order smarturl.it/deerhunter_whead

Mejores discos internacionales de 2012

10. Alt-J – An Awesome Wave
El primer larga duración de este cuarteto de Leeds recibió desde el primer momento alabanzas y buenas críticas de la prensa musical especializada. Se trata de un compendio de trece canciones que combinan rock, pop, folk e incluso un poco de electrónica -tal vez por eso haya calado en tantas personas- en las que destaca la peculiar voz de Joe Newman, característica donde las haya.  ‘An Awesome Wave’ ganó el Mercury Price de este año, uno de los premios a la música más importante de Inglaterra, signo de reconocimiento al buen hacer que han demostrado los británicos en su álbum debut, mimado y cuidado hasta el último detalle. Nos vuelve locos.

9. Wild Nothing – Nocturne
Si antes Wild Nothing eran el cargado mojito veraniego en la tumbona de una idílica playa, ahora son la melancólica resaca del domingo de otoño, atardecer y hojas caídas por la ventana incluidas. En otras palabras, los chavales han crecido. Con la intención ochentera, surfera y dreamy intacta, sí, pero con muchísimo más estilo y menos inocencia. Un disco donde Wild Nothing se mantienen en la cumbre del dream pop de baja fidelidad y superan con creces la prueba de fuego del LP sophomore sin, por ello, dar muestras de haber alcanzado su techo.

8. Rufus Wainwright – Out of the Game
Seamos sinceros: por una razón o por otra, los discos de Rufus Wainwright nunca han sido el paradigma de la accesibilidad ni del estribillo que te aprendes a la primera escucha. En cambio, su último álbum, con Mark Ronson como productor, se anunciaba “pop y radiable” y, aunque al final no haya sido así del todo, ‘Out of the Game’ tiene tantas buenas canciones que por momentos parece más un recopilatorio de grandes éxitos que un álbum de estudio. En ‘Perfect Man’ -una de las melodías más bonitas del álbum-, Rufus confiesa que está haciendo lo que puede para que “todas las rosas florezcan al mismo tiempo” y, si tomamos esa afirmación como una metáfora en la que las rosas son las canciones de un disco, no podemos negar que en éste lo haya conseguido. Al final, el mensaje de ‘Out of the Game’ queda más que claro: Rufus is back, bitches.

7. The Delta Saints – Death Letter Jubilee
Vale, hemos hecho trampa… diréis… ¡Pero si aún no ha salido el nuevo disco de The Delta Saints! ¿Por qué está en esta lista? Muy sencillo… el disco debería haber sido lanzado a finales de año pero, suponemos, por trámites con la discográfica, han tenido que postponer el lanzamiento a febrero de 2013 pero el disco realmente se grabó a lo largo de 2012. Hemos tenido la oportunidad de escuchar este DISCAZO debido a que financiamos su lanzamiento a través de Kickstarter con lo que lo tenemos en nuestros iPod desde Noviembre y os podemos decir que es una delicia. Rock en estado puro… fresco y a la vez añejo. El joven grupo de nashville ha conseguido empacar lo mejor de su sonido en 12 fabulosas canciones que transmiten fabulosamente la potencia de su eléctrico directo. Magnífica voz, magnífica instrumentación y fabulosa producción. Escuchadlo en cuanto salga, no os defraudará.

6. Of Monsters And Men – My Head Is An Animal
Of Monsters and Men son la gran revelación de este 2012 dentro del indie folk. Sincronía vocal e instrumental con un alma alegre y sincera en los doce cortes que componen su primer largo. Los islandeses han elaborado un trabajo muy redondo sabiendo tocar la tecla para emocionar con ritmos pegadizos y vibrantes que llenan de felicidad a aquel que tiene el placer de escucharlos. Voces dulces y amables y elementos instrumentales como el acordeón y la trompeta que armonizan los ritmos de las guitarras de este sexteto del norte de Europa. A ver si en 2013 podemos disfrutarlos en directo por España.

5. Hot Chip – In Our Heads
¿Cómo es posible que este grupo se enfrente ya a su quinto disco de estudio bajo los paradigmas de la modernidad y no resulte pesado ni repetitivo para los que les hemos seguido todo este tiempo? Quizá porque más alla de esas influencias ochenteras, los teclados cruzados, las vocales -y juegos de voces- muy cuidadas, algunas guitarras muy Prince y capas de beats y samplers locos -entre otras cosas- el grupo de Alexis Taylor ha construido un disco muy compacto, con más bien pocos singles pegadizos de primeras (ni siquiera el adelanto del disco que fue ‘Flutes’, temazo de 7 minutos) que tiene su gran recorrido en las escuchas posteriores y la apreciación de los detalles y grandes melodias; y dejarse capturar por emocionantes baladas (me refiero a la grandísima ‘Look at Where We Are’ entre otras), disfrutar con la elegancia mayuscula de temas como ‘These Chains’ o locuras de ritmo del tipo ‘Night and Day‘.

4. DIIV – Oshin
De una pequeña colección de experimentos creados en su habitación a un discazo como es ‘Oshin’. Zachary Cole Smith no era consciente de lo que tenía entre manos hasta que la bomba estalló. Un viaje de trece canciones que recrean diferentes ambientes y atmósferas que beben del dream-pop ochentero y un shoegaze poco agresivo que incluso a veces escupe post-rock en pequeñas dosis. Este larga duración es una obra maestra de melodías agridulces donde los instrumentos devoran cada corte. Una mezcla de géneros donde las voces ininteligibles hacen que cada canción crezca y se enlace con la siguiente como si se tratase de una sola. Un puesto número 4 que bien podría ser el 1 del indie internacional de 2012.

3. The xx – Coexist
La continuación más esperada de los últimos 10 años llegó por fin este septiembre y ha resultado también ser uno de los discos que más polémica ha generado. Tras su debut allá por el verano de 2009 con un álbum increíble que los llevó a los altares, les hizo girar por todo el mundo e incluso ganar el prestigioso e importante -también monetariamente- Mercury Prize las opiniones enfrentadas no se hicieron esperar. ‘Coexist’ sigue la línea de su predecesor, siendo capaz de mantener esa sensación tan característica de “coitus interruptus”, de subidón que no llega, pero se vuelve más minimalista si cabe y se le añade una capa extra de base electrónica que subraya la elegancia y base rítmica del conjunto. Lo mejor, los temas ‘Angels’, ‘Fiction’ o ‘Sunset’, sin duda a gran nivel y el equilibro en general del CD. ¿Lo peor? Hacer uno de esos discos que entró directamente en esas listas de “imprescindibles de los 1700s” pesa como una losa y le saca los colores a cualquiera, éste incluido, lo cual no habla precisamente mal de él. Un tercer puesto con opiniones diversas entre los redactores de NTD.

2. Tame Impala – Lonerism
Hace poco que empecé a leer ‘Cosmos’ de Carl Sagan. El libro es un tratado de divulgación científica orientado a todos los públicos, haciendo de todos los entresijos del universo y de la vida un ente comprensible, fácil y entretenido. El segundo trabajo de Tame Impala es, en cierto modo, bastante deudor de esa filosofía. Los australianos recogen la siembra de la psicodelia clásica, alejada en general de la cultura de masas, y la transforman en algo pop, accesible y divertido. ‘Lonerism’ es un disco grandilocuente, épico, tremendo. Que busca el sol a través de guitarras, de melodías soleadas y estructuras disonantes. ‘Lonerism’ es un disco del que, con toda seguridad, hablaremos a nuestros hijos mientras sacamos pecho. Hijo, yo estaba ahí.

1. Chromatics – Kill For Love
El de Chromatics no es un disco que, por norma general, debiese gustar a demasiada gente a la hora de abordarlo. ‘Kill For Love’ es un trabajo en sí, incoherente si lo analizamos en extractos sueltos. Y es lógico que encontrarse un disco de hora y pico después de cinco años sin material nuevo de la banda pueda echar atrás. Sin embargo, es esa concepción cinematográfica la que lo convierte en algo enorme. Es imposible pulsar el play en la evocadora ‘Into The Black’ y que no te dejes llevar, mecido por sus sensuales ritmos, por las voces aterciopeladas, por sintes y ritmos cargados de oscuridad, por esa sensación de opresión que acaba en placer. Y si por el camino te encuentras temas tan soberbios como la homónima ‘Kill For Love’, ‘These Streets Will Never Look The Same’ o ‘Lady’, acaba por un salir un disco redondo.

Wild Nothing / Nocturne


Si el sello neoyorquino Captured Tracks se ha convertido en una de las más reputadas referencias del panorama alternativo yanqui y anglosajón en sólo cuatro años, es de recibo otorgar parte de culpa a Jack Tatum, chavalín que por aquél entonces apenas superaba la veintena y compositor de unas demos, que valdrían su fichaje, que estaban en clara consonancia con el espíritu que quería implantar el sello: pop lo fi y dreamy respetuoso e influenciado por el pasado y escrito en clave contemporánea. Wild Nothing pronto se convirtió en santo y seña de la casa discográfica con un ‘Gemini’ (2010) que entró por la puerta grande de medios y público, consolidando una escena a la que se sumarían Beach Fossils, Cosmetics, Girls Names o Minks ese mismo año.

Era de esperar, por tanto, que el siempre difícil segundo trabajo de los de Virginia llegase con expectación, máxime cuando su sello lleva todo 2012 rozando la excelencia (DIIV, Heavenly Beat, Craft Spells, Holograms…).

Sin embargo, algunas cosas han cambiado durante el trayecto: si antes Wild Nothing eran el cargado mojito veraniego en la tumbona de una idílica playa, ahora son la melancólica resaca del domingo de otoño, atardecer y hojas caídas por la ventana incluidas. En otras palabras, los chavales han crecido. Una madurez que no ocultaban en su primer adelanto, una ‘Shadow’ reposada y voladiza que se escurre entre acústicas y vientos cargados de morriña y culpabilidad. Y es precisamente en ese paso adelante donde ‘Nocturne’ carece de concreción y encuentra sus mayores virtudes y defectos. Seamos claros, el disco adolece de una canción estrella clara, lo que sería ‘Chinatown’ a ‘Gemini’. Algo que, por otra parte, se hubiese solucionado con la introducción de ‘Nowhere’ –split publicado a principios de año–, mucho más directa y pegajosa que su predecesora y sin perder demasiados litros de su nueva savia por el camino.

De todos modos, y partiendo desde esa premisa, el disco es un gran disco, un salto de trampolín necesario para no caer en la obviedad y el atosigo y un estupendo retrato de todas las facetas de Jack Tatum.
Y es que es también en esa no monotoneidad donde Wild Nothing ganan enteros respecto a un primer disco que quizá peca de algo más plano y monofacético que su hermano mayor. Con la intención ochentera, surfera y dreamy intacta, sí, pero con muchísimo más estilo y menos inocencia. Así lo demuestran en la homónima ‘Nocturne’ o en ‘Midnight Song’, entre punteos certeros y aires de grandilocuencia. Los títulos, de hecho, no pueden ser más concluyentes. A lo largo de todo el disco encontramos un espectro oscuro en el que Jack Tatum no se había prodigado demasiado hasta entonces, pero que, pese a todo, va dilucidándose y tornándose lumínico progresivamente hacia el ecuador del disco: ‘Nocturne’ nace del fango y el reposo y huye hacia la luz.

Es ‘This Chain Won’t Break’ –para servidor la canción más destacada del tracklist– el punto de inflexión, donde hasta Tatum aparca su voz grave para entrar en un tono más agudo y optimista, incluida una letra que no parece hablar de desamor, sino de todo lo contrario (“esta cadena no se romperá por ti”). A partir de ahí, es más el sol que la luna el que baña el disco. Desde la Destroyeriana ‘Disappear Always’ –a la que perdonaremos ese punteo tanto casposo a lo Manic Street Preachers que aparece y desaparece–, pasando por la baleárica ‘Paradise’ –otra muestra de lírica optimista; “el amor es el paraíso”– en la que se vuelven a encontrar con The Cure, hasta llegar a ‘The Blue Dress’, coqueta con el tropicalismo, y ‘Rheya’, llena de sintetizadores que aportan color y refresco.

En definitiva, un disco donde Wild Nothing se mantienen en la cumbre del dream pop de baja fidelidad y superan con creces la prueba de fuego del LP sophomore sin, por ello, dar muestras de haber alcanzado su techo. Tenemos Wild Nothing para rato. Así sea.