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De Carolina Durante y nuestras noches – Crónica de su paso por La Riviera – Noviembre 2019

De Carolina Durante y nuestras noches

Crónica de la noche del 24 de noviembre en La Riviera y una breve reflexión sobre Carolina Durante

 

Escribe María Rozados

 

Una generación vacía, repleta de duda y error. Cada día, somos menos. Pero no en números. En lo de dentro. Decrecemos, nos tambaleamos e intentamos preservar lo poco que nos queda, cuando todo se ha ido. Cada día, hace más frío. Y cada día, estamos peor. Si es que aún podemos alcanzar a entender algo, y no es tanto lo que nos persigue. Lo que cae sobre nuestras espaldas y hace ruido. La falta de esperanzas, los sueños que se agotan y el desolador estruendo que persigue las noches. Y todavía hace frío. No sabemos a dónde ir, pero avanzamos. Nos caemos y tropezamos. Pero la realidad sigue temblando, y nosotros preferimos acomodarnos a ella antes que descifrar el aliento que le infunde vida. Mientras supura el recuerdo, se eleva la voz. 

La banda sonora de nuestros días, el fútil suspiro de las derrotas pasadas (y las que están por venir). La pasión que desborda la ira, y entierra la duda. Si es que aún hay algo por lo que luchar, luchemos por lo que sobra, por el exceso, por la amargura y el rencor. Por las cosas que se pelean y serpentean en los caminos de la memoria, en los cercos de la mente, en la desgracia y la tragedia. La desilusión que conmueve, la rabia que aprieta sin llegar a ahogar. Todo tiene cabida ahí adentro. Carolina Durante lo saca a relucir, y lo hace nuestro. Tan nuestro, que escuece.

La noche se hacía un hueco, inquieta, en el corazón de La Riviera. Luego de la tierna euforia de Bestia Bebé, llegaban los de Madrid para cerrar la segunda de sus noches en la ciudad que los vio nacer. Ocurrieron en la noche, aunque no un 12 de enero. Las cosas dejaron de ser como antes, y se abrieron paso en la desidia para dar voz a una generación entera. Una generación perdida, derrotada y derribada por las expectativas. Una generación tan confusa como el caos que la acoge, sumida en el desencanto y la fragilidad de las cosas. Pero estamos en sus letras, ellos hablan de nosotros. Hablan de lo que queremos decir pero no sabemos cómo. Y lo hacen sin querer, sin tomar conciencia. Le cantan a la vida que se ha olvidado de ser, al sinsabor de una eterna despedida que, en su quietud, se hace de hielo. 

Abrieron con Cementerio, y cayó la noche. Se les vieron los colores, parecían de mentira. La demoledora poética de Diego aunaba la furia de la que se impregnaban los cuerpos. En sus incendios, aire. En sus idas y venidas, la emoción. Y todo sin que diese tiempo a respirar, sin que hubiese hueco para la incerteza. Todo se sucedía a un hipnótico ritmo capaz de contagiar la más absurda de las pasiones. Casi como un sueño, pero sin soñar.

La arrolladora carisma del vocalista, unida a lo dramático de su expresión corporal y la teatralidad con que hacía de la despreocupación un acto de fe, dio en trastocar el sentido de una velada fugaz y difusa. Diego, tan suyo como nuestro, invadía con su meteórica silueta el lienzo de una noche al margen del espacio-tiempo, escrita en humo sobre un “casi-futuro” cada vez más diluido. La apoplejía de los versos resignados a morir, el crepúsculo de una generación y el soporífero recuerdo de las luces que la vieron nacer.

Buenos consejos de las peores personas. A la euforia la siguió la euforia, y el eco se hizo lento. Una Riviera encendida, dispuesta a sentir con cada pedazo de su sed el éxtasis de la noche, y saciar el apetito arrojado por el lamento.

De ahí, al Himno Titular. El “contra-himno”. El “anti-himno”. Un canto al odio, a la resignación, a la contradicción en que reposan nuestros ideales. En su indiferencia, melancolía. En su furia, la catarsis. El final de los principios, el amanecer de una era. Y siempre igual. Retratando sus verdades: afiladas como cuchillas, ácidas como el recuerdo. Incógnitas que se deslizan en los misterios del tiempo, y empuñan la dulce agonía que arropa el tormento de vivir.

Su sonido, salvaje y distorsionado, puro y sincero. Envuelto en el duelo y el extrañamiento, en la poética de la miseria y el desconcierto. Tan ajeno como cercano al misterio que nos envuelve. Pero siempre sin pretenderlo, sin acercarse a la vida más que a la mentira. Siempre sonando alto, retumbando en la periferia. Ordenando las memorias, avivando el fuego hasta revolver las cenizas.

Y luego vinieron Cuando Niño y El Año, y hasta lo dijo Martín Barreiro. Porque el de los telediarios se hizo un hueco en el escenario y subió a corear el tema que se le dedica.

Como el humo que nos envuelve y aprieta, se hacían y deshacían. A cada momento que parecían desvanecer, regresaban con más ímpetu y firmeza. Y una y otra vez. Siendo muchos a la vez, retumbando como los desastres que devoran el mundo.

La fiesta continuó con Nuevas Formas de Hacer el Ridículo, su sagaz denuncia a la incongruencia del contraste entre las relaciones online / offline, y la ansiedad que de ahí deriva. Las falsas apariencias, la inseguridad que rige el mundo y la dificultad de establecer vínculos entre los seres humanos.

Y cuando queríamos volver a querer, llegó Falta Sentimiento. La demoledora batalla contra nosotros mismos, que cicatriza en una oda a la apatía y la ausencia de horizontes. Siguiendo la línea oscura y descarnada que define a sus primeros trabajos, los 300 Golpes retumbaron en la Riviera como un eco grave y feroz .

Y entonces volvieron a la noche que los vio nacer. La de Madrid, la de los Muertos Vivientes. Un metro vacío a las seis de la mañana, Dionisio bajando por Corredera y el silencio. El mortífero silencio. Las canciones de Juanita, con El Mató pero nunca Policía, y un portal de madrugada. Recuerdos como taladros, lo amargo de la memoria y la aspereza del olvido. Todo cayendo a nuestras espaldas, como los puñales que aún nos duelen, y atraviesan. Siempre sin saber, pero apuntando bien.

Ahí entró la Niña de Hielo, oteando desde su palacio el marchitar de las vidas, el desgarrador vacío que deja el amor en su partida. Todo ello enmarcado en la fragilidad de las relaciones de nuestro siglo, y lo insulso de la vida contemporánea en el marco de una sociedad cimentada en el individualismo y la pérdida de valores.

También dejaron ahí un espacio a su tema inédito, Si supieras cómo soy, que dio pie a KLK y al contundente El Perro de tu Señorío. Probablemente el tema más oscuro de todo su repertorio, cargado de metáforas y simbolismo, sumido en el abismo de la conciencia y el desacato a la verdad escrita. En su retórica, cruel y desarraigada, reside mucho de verdad.

Su ultimísimo tema también sonó, arropado por un público que ya apuntaba a sus letras con fuerza y decisión. Y es que No Tan Jóvenes los consolida ya como los voceros de la generación vacía, como abanderados del fracaso y la abulia a la que nos vemos condenados los siervos de la posmodernidad. Exiliados del futuro, nuestros sueños nos han sido expropiados y vendidos al mejor postor. Y, en una acertadísima producción audiovisual bajo el sello del maestro Ernesto Sevilla, se define esta circunstancia como inherente a la condición humana. Ametrallados por el miedo, consumidos por la indefinición. Aún procurando la dejadez, reposa en ella lo contundente de sus reflexiones, empapadas de nuestras entrañas.

En un retorno a los albores de su música, sonaron fuerte En Verano y Necromántico, para concluir con tres de los himnos que ya vienen de atesorar: la de Perdona, Cayetano y Joder, No Sé, tema con que cerrarían una de sus noches más emblemáticas en el corazón de Madrid, proclamándose como portavoces de nuestras vidas. Nuestros fracasos, nuestros miedos, nuestras vergüenzas y nuestro adiós. Una generación reflejada en ellos como en un espejo cóncavo, una nueva óptica capaz de deformar la realidad.

Y sonaron, y no sonaron mal. Sonaron mejor que ayer. Porque ya no hay futuro, solo error. Y ya no cabemos, donde no cabe el destierro.

Carolina Durante llega este fin de semana a La Riviera

La inquebrantable promesa del panorama musical español, Carolina Durante, llega este sábado a La Riviera para presentar su disco, y lo hacen con doblete. Después de un extraordinario “sold out” con seis meses de antelación, la banda madrileña ha concretado una segunda fecha en la capital. Sábado y domingo se disponen a subirse a los escenarios de la mítica sala de conciertos para dar vida a la banda sonora de nuestras vidas, envuelta en lo ácido de su metáfora.

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Su paso por la música ha sido tan fugaz como fructífero. Vieron la luz en el 2017 con su primer tema, La Noche de los Muertos Vivientes, y desde entonces sólo los ha acompañado el éxito. Los ecos de su música resonaron todavía más luego de la publicación de su single con Amaia, y hoy se consolidan como la banda nacional que más conciertos ha ofrecido el verano pasado, y la más sonada revelación de este 2019. La llegada de su primer álbum, Carolina Durante (por Carolina Durante), ya define su estilo bajo un icónico sello de identidad.

Más que un grupo, son toda una estampa de nuestros días. De lo cotidiano, la tragedia. Desolación, ira, inocencia. Inconformismo caótico y confuso, que se entremezcla con los escombros de un futuro incierto y precoz. La autenticidad pura y sincera, fría pero abrasadora, afilada como sus cuchillas. El sinsentido de la vida, su nihilismo existencial teñido de referencias mitológicas y costumbristas y el pintoresco retrato de un Madrid suburbano.

Nuestros fracasos, nuestros miedos, nuestras vergüenzas y nuestras noches. Una generación reflejada en ellos como en un espejo cóncavo, una nueva óptica capaz de deformar la realidad. Anticipan lo que creemos saber, y se refugian en nuestros tropiezos, en la verdad que asoma inquieta tras la sombra que se aleja. Todo lo que no toma forma, lo hacen suyo. Sucedieron en la noche, “con ojeras algo largas”. Ocurrieron como ocurren los milagros. Y ahora los vemos, como a los desastres que ponen por la tele…

Y sonarán, sonarán mejor que ayer.

 

https://youtu.be/qBiNWUJivoM

 

 

Este sábado 23 de noviembre, y el domingo 24, a las 20:00. No faltéis.

Los Axolotes Mexicanos llegan este domingo a La Sala El Sol


La insólita andanza musical de los Axolotes Mexicanos, remontada al 2013, se ha materializado en dos icónicos álbumes –Holi <3 y Salu2– y varios sencillos y EP. Su sonido, definido como una mezcla entre pop electrónico y punk trastornado, se asienta en unas melodías edulcoradas y absorbentes, que esconden cuestiones tan punzantes como incongruentes. La rareza de los días perdidos, y el sinsentido de un tiempo que se escurre. Historias que navegan de lo real a lo fantástico, y se adentran en una suerte de subconsciente colectivo al que dan forma sin pretenderlo. Lo disparatado e ilógico se fusionan en torno a un universo alegre y despreocupado, casi infantil. Ahí reside la constante dualidad entre lo tierno de su imagen y lo oscuro de sus letras.

Es precisamente la dulzura de Olaya Pedrayes -líder y vocalista del grupo- la que moldea esa estética tan incierta que los define, y que los ha posicionado como una de las más innovadoras de la escena nacional. Su mellizo Juan Pedrayes, a la batería, y el guitarrista Mario del Valle, ambos integrantes de Carolina Durante, son también parte de la formación. Esta la completan Carlos René al bajo, y Lucas De la Iglesia (Confeti de Odio) a la guitarra.

La luminosidad de su directo, que se trastoca en una desconexión sutil y perfecta, atrapa desde el primer momento. Este domingo llegan a la Sala Sol en Madrid. El concierto dará comienzo a las 20:30.

Las entradas ya han volado en WeGow, pero aún podéis haceros con ellas en Mutick. ¡No os quedéis sin ir!

 

Axolotes Mexicanos Sala Sol

Alberto Ballesteros, Bruno Bonacorso, Coppel, Mundo Chillón, Gatoperro, Patricia Lázaro, Jairo Martín y Alicia Ramos quedan CRUZADOS en el Fotomatón Bar.


Calvario Música vuelve a enredar a Alberto Ballesteros, Bruno Bonacorso, Coppel, Mundo Chillón, Gatoperro, Patricia Lázaro, Jairo Martín y Alicia Ramos en otra cita de esta caravana de músicos itinerante que esta vez acontecerá en FotomatónBar durante varios de los jueves de los próximos meses.

De primeras entran a matar este jueves 15 de febrero con Alberto, Bruno y Gatoperro a los que acompañará Jairo Martín.

cruzados en fotomatón bar de calvario música
Anticipadas: https://entradium.com/entradas/fotomaton-ballesteros-bonacorso-gatoperro

Absolut Manifesto: Tres fiestas que apuestan por la libertad en el amor, la igualdad y el futuro.


Nuestra marca favorita de vodka nos está preparando buena mandanga para empezar el año con tolerancia, amor y diversión. Free Love, True Equality y Responsible Future serán tres fiestas únicas para creer en la creatividad como motor del progreso. Durante tres días podremos disfrutar de la fusión de música electrónica con arte contemporáneo,  para que volvamos a creer en un mundo mejor. Este evento tendrá lugar el 25, 26 y 27 de enero.

Absolut Manifesto: Tres fiestas que apuestan por la libertad en el amor, la igualdad y el futuro.

 

La programación de las tres fiestas presenta nombres de la escena electrónica internacional como Sophie, Evian Christ, Horse Meat Disco, 18+, Aérea Negrot o Lorenzo Senni. Así, de un cartel que une a artistas de grandes lugares de la electrónica – Reino Unido, EEUU, Suecia o Dinamarca – se completa un cartel con nombres nacionales como Sodamantina, Lanoche o Mark Luva.

Free Love se centrará en problematicas de deseo y de amor libre. Diferentes identidades sexuales se expresarán, distintos tipos de belleza. Al día siguiente, True Equality celebraremos la posibilidad de ser uno mismo, con todas nuestras diferencias y rarezas. En Responsable Future, se planteará la posibilidad de que las tecnologías nos permita vivir en un mundo mejor; sin fronteras, ni muros. Tres noches memorables para soñar un futuro molón, y soñar es gratis.

ABSOLUT MANIFESTOTRES FIESTAS QUE APUESTAN POR LA LIBERTAD EN EL AMOR, LA IGUALDAD Y EL FUTURO

Entrada diaria: 12€ I Abono: 30€

Información y entradas en www.absolutmanifesto.com

Pabellón Satélite: Casa de Campo  I  Calle Ferial, 9. MadridDe 21.00h a 01.00h