Adiós, Amy

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Decir que la de Amy Winehouse ha sido la crónica de una muerte anunciada probablemente sea algo tan simple como cierto, pero mucho me temo que no en el sentido en que el público en general se lo imagina. Es verdad que, de cara a la galería, la percepción general que teníamos de Amy como una yonqui de todo lo que se terciara -quién no recuerda las hilarantes noticias de su adicción a cosas tan dispares como las mondas de plátano o los estampados florales– se prestaba a todo tipo de bromas y apuestas sobre cuándo aparecería muerta -en esta página incluso regalaban un ipod touch al que acertara la fecha exacta-.

En efecto, las noticias que desde 2008 han ido trascendiendo sobre la cantante no han contribuido mucho a mejorar su imagen pública: desde enfrentamientos con un pasajero de un avión por “mirarla raro” hasta fotografías en las que aparecía a cuatro patas y con una considerable cogorza, pasando, cómo no, por sus cada vez más desastrosas actuaciones en directo, que ya en 2008 dieron pie a algún que otro titular y que últimamente habían alcanzado niveles directamente inaceptables. Los vídeos del que ha resultado ser su último concierto, el del pasado 18 de junio en Serbia, nos muestran a una Amy en peor estado que nunca sobre un escenario -recordemos que ése fue el detonante para que cancelara la gira que la debía haber traído a Bilbao, donde algunos teníamos pensado verla en vivo por primera vez.

Sin embargo, basta con escuchar con algo de detenimiento las increíbles canciones de Amy para darse cuenta de que ella fue la primera en augurar su fatídico final. Que la propia Winehouse era plenamente consciente de lo incorregible de su carácter lo demuestra esa gran obra maestra que es ‘Back To Black’, el mejor legado que cualquier artista puede soñar con dejar. Ahí está para atestiguarlo ‘You Know I’m No Good’, una gran canción que suena ahora más irónica que nunca.

Claro que, a la luz de los acontecimientos, la canción que ya no volverá a ser lo mismo es sin duda ‘Rehab’, una broma con triste final. En ella, leyendo entre líneas se comprueba que Amy achacaba todos sus problemas a la tortuosa relación con su por aquel entonces marido, Blake Fielder-Civil. Y recordemos que llega a decir “No quiero beber nunca más/ sólo necesito un amigo”. ¿Un grito de auxilio ignorado?

No es éste el momento de reivindicar la grandeza de ‘Back To Black’, un álbum con temas tan desgarradores como ‘Love Is A Losing Game’ o ‘Wake Up Alone’, testimonios vivientes de la vulnerabilidad de la cantante y de su lucha por salir adelante, una guerra que al final ha perdido. De hecho, que ‘Back To Black’ sea uno de los mejores álbumes de los últimos años no se debe tan sólo a su indudable calidad intrínseca, sino también a la fidelidad con la que Amy supo reflejar todo su universo decadente y autodestructivo, abocado a este trágico final.

Como bien apuntaban algunos, ‘Back To Black’ es una obra tan colosal que nadie, ni siquiera la propia Amy, será capaz de superarla. Lo último que habíamos sabido sobre su tercer álbum era que la discográfica había rechazado las canciones que ésta había presentado por ser demasiado reggae. El hecho de que Amy tuviera 27 años en el momento de su muerte, más allá de lo curioso del dato y de asegurar su ingreso en el consabido club de los 27 garantiza el nacimiento del mito: el talento como compositora e intérprete de la londinense no será olvidado. Si hubiera pasado lo mismo o no de seguir viva es algo que, desafortunadamente, ya nunca sabremos.

 

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