Crónica del concierto de Bigott. Teatro Cervantes – Valladolid. Octubre 2012.

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Tras haber llenado el día anterior  en la Joy Eslava era un poco desolador ver  aquel casi vacío patio de butacas donde unas 50 personas se distribuían, sin previo acuerdo pero muy ordenadamente. Algunos aprovechamos los huecos que pudimos para estar de pie y bailar como en cualquier otro ambiente.

Aparece en escena la banda con cierta cara del niño que está tramando una trastada y se van preparando. Desde el fondo de la sala, se va acercando de repente una figura disfrazada de fantasma al más puro estilo sábana recortada. Se comienzan a esbozar las sonrisas entre los asistentes. Es Borja, sube al escenario con sus compañeros, esta vez cuenta con tan sólo dos: Clarín a los sintes, coros y bajo y Esteban a la batería.

Sonaron temas de Fin como la genial “She is my man”, algún otro de This is the begining of a beautiful friendship como “sparkle motion” y “my my love” y si no fallan los cálculos, todas las canciones del último disco.

Se echaron de menos algunas cuerdas y coros pero está claro que estos tres grandes defendieron muy bien un montaje que cuenta con más instrumentos. No sólo salieron airosos en el terreno musical sino también con espectáculo. Desde el primer momento Borja nos animó con los aspavientos y bailes free-style que se marca. Los risueños temas, y la personalidad entrañablemente particular del propio Bigott (que a veces recuerda a Phoebe la de Friends), con el buenrollismo que había entre un público, hicieron del concierto de Bigott el centro del optimismo y la diversión al más puro estilo Naïf.

Canción a canción se caldeaba el terreno alcanzando niveles máximos de bailoteo con Flying Circus. Llega el momento de irse, hacen el amago correspondiente ante lo que la gente responde coreando el “oooooo…” de Cannibal Dinner hasta que reaparecen. Borja, en su espontaneidad comienza la canción desde el suelo. El tema melódico va perdiendo fuerza, pero la batería toma el relevo. El tema se convierte en un virtuoso concierto de percusión. Otra vez llega la despedida. El público exige por segunda vez Cannibal Dinner.

Por fin sale la banda, suenan las bases de fondo. Clarín y Esteban comienzan a bailar una coreografía digna de la clase de gimnasia del cole que obtuvo la carcajada del público. Borja retomó su sábana de fantasma para cantar el conocido hit ante la diversión de todos los asistentes.

Y así en definitiva, fue un concierto íntimo en el que todos disfrutamos literalmente como niños, con la música más inocente y la sonrisa más sincera en nuestra boca.

Como colofón, al día siguiente quedamos con ellos para repetir experiencia acústica en Acordes Urbanos y nos les llevamos al Colmao de San Andrés a grabar tres temas más d esu “The Orinal Soundtrack”. Os dejamos un previo de la sesión.

 

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