Los Punsetes / LPIV

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LPIV

Después de publicar tres discos con Everlasting Records, los Punsetes han cambiado de sello y acaban de lanzar ‘LPIV‘, su nuevo álbum, con Canadá. Y hasta ahí todas las novedades. De hecho, lo presentan como una “vuelta a los orígenes”, a la urgencia de sus primeros temas -huyendo además de la idea de elaborar un disco conceptual, como hicieran en ‘Una montaña es una montaña‘-. Cuentan también que cuando ‘Me gusta que me pegues’ llegó al local de ensayo su reacción fue algo como “Otra vez la misma puta mierda, ¿ya estamos con esta historia otra vez?”. La reacción del público, a buen seguro, habrá sido parecida: «aquí están los Punsetes haciendo más de lo mismo». Pues sí, claro: ¡pero qué más y qué mismo!

En efecto, en ‘LPIV’ Ariadna y los suyos se dedican a regodearse en ese planeta tan singular que han ido creando disco a disco. Ahí tenemos, por ejemplo, la certera ‘Museo de Historia Natural’, que amplía la lista de animales –cervatillos, monos, galgos…- a los que han cantado, incluyendo ahora, entre otros, águilas calvas que sólo quieren estar muertas -una imagen que es un portento-. Por su parte, la preciosa ‘Los últimos días de Sodoma’, ese himno antimadrileño que solamente unos madrileños podrían haber compuesto, continúa la senda política de ‘Dos policías’ o ‘Los tecnócratas’. Esta vez de forma más subrepticia, ¿pero acaso la frase “Esta ciudad se merece un disgusto” no se explica por sí sola?

Dicen los Punsetes que tenían ganas de componer “temazos” para “venirse arriba”: el leit motiv del álbum no es otro que “¡En tu cara!”. Y lo cierto es que no cuesta imaginarse a los asistentes a sus conciertos creciéndose con las primeras notas de ‘Bonzo’, la hilarante ‘Falso documental’, ‘Tan lejos, tan cerca’ -¿la guitarra no es la de ‘All The Time‘?- y ese momentazo que es “soy tu ángel de la guarda y la estás liando parda” u ‘Opinión de mierda’, esa canción sobre lo que ellos llamantodólogos” que alguien tenía que escribir tarde o temprano. Oh, sorpresa: han sido ellos.

Con ‘LPIV’, por tanto, somos testigos de cómo el planeta punsetero se llena de nuevo de animales deseando la muerte, de gente borracha y/o vomitando, de incendios -gran final con ‘Nit de l’Albà’-, de masoquistas y de ciudades que cada vez se merecen más una destrucción bíblica. Y, sin embargo, está lleno de belleza. Una belleza no apta para todos los públicos, eso sí, pues no es la de un bonito paisaje, sino más bien la de una bolsa de plástico volando por el aire. Si hasta ahora no te habían convencido, ni lo intentes. En caso contrario, he aquí once razones más por las que no querer ni oír hablar de otros planetas. 7,9/10.

 

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