Vida Festival. Julio 2015. Los detalles marcan la diferencia.

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La cantidad de festivales que se celebran en nuestro país no hace más que crecer. Existen festivales para todos los gustos: desde pequeños festivales con un reducido cartel hasta esos eventos concurridisimos con un line-up inabarcable, festivales en la playa, en mitad de la ciudad o en plena meseta castellana, algunos se están haciendo hueco aún mientras que otros son ya toda una institución en España.

El Vida Festival se podría definir como un festival pequeño, enclavado a la orilla del mar Mediterráneo, en medio de un bosque de encinas lleno de bombillas que iluminan las noches estivales, tan cuidados los detalles que lo convierten en un acontecimiento único e inigualable, un festival que se está haciendo hueco en mitad de una marabunta de propuestas y que, sin duda, en su segunda edición ha dado un paso firme hacia su definitiva consagración.

Disfrutar de un concierto de Benjamin Clementine, con sus largos dedos acariciando las teclas de un piano de cola y su voz, profunda y emotiva, desgranando letras de una infinita tristeza, es un placer indescriptible, pero hacerlo rodeada además de un público tremendamente respetuoso y conmovido, se convierte en un hecho casi insólito.

La rebelde melena de Adam Granduciel, agitada por el viento y por su propio ímpetu a la hora de interpretar temas como Red Eyes o Under the pressure, que han convertido al último disco de The War on Drugs en uno de los mejores del pasado año. La voz de Nacho Vegas, rompiendo el silencio del bosque en compañía de Abraham Boba, ambos encaramados en la barca azul y blanca; «El Veixel», Andrew Bird y su violín, poniendo música al atardecer catalán. Las guitarras inconfundibles de los americanos Woods, colmando de belleza la noche estival. Todos estos detalles se convierten en recuerdos imborrables en un paraje idílico, casi irreal.

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Aunque sin duda, el momento culmen del Vida Festival arrancó con I love you, Honeybear. Father John Misty aparecía en escena con una camisa de impoluto blanco, desabrochada, aunque quizás no lo suficiente para tocar frente al público español, como el mismo nos consulto. Todo su atractivo, toda su energía se desprendía en cada uno de sus gestos, en su movimientos seductores sobre el escenario, en su hermosa voz. Nos iba atrapando, envolviendo con sus encantos, conduciéndonos al apogeo final en el que The Ideal Husband, desató todo el huracán de emociones experimentadas por una audiencia fascinada que se sumió en un baile espontaneo a modo de despedida.

Los pequeños detalles son aquellos que marcan la diferencia y, sin duda, el Festival Internacional de Vila Nova i La Geltrú. estaba repleto de ellos.

 

 

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