Iron City : Interpol en distancias cortas. Madrid. Sala But – Julio 2026
Lo mejor de los conciertos secretos es lo poco que tardan en viralizarse en una ciudad como Madrid. Pocos días antes del paso de Interpol por el Mad Cool empezó a circular por distintos foros, nosotros nos enteramos por Pepo Márquez (gracias infinitas), que los Interpol estarían tocando en la Sala But (La Paqui o como la quieran llamar cada día) el jueves 9 de julio bajo el alias de Iron City, que por cierto era uno de los temas que formarán parte del nuevo trabajo de los de New York, y que justo un día antes de su concierto soltaban a todo el público.
Aunque el rumor cobraba desde el minuto uno la sensación de que la banda era quien se escondía tras ese nombre, un nombre crudo, demasiado post-punk, demasiado ellos, siempre hay quien duda, el precio, 40€, también nos podía hacer pensar que no iban a ser unos mindundis los que salieran a tocarse algo. Aún así tardaron unos cuantos días en agotarse los tickets para el directo.
Bueno, ver a los Interpol en una sala de tal calibre – en Madrid – no es algo habitual, la última vez que los cazamos en sala ya fue en la doble Riviera que ofrecieron presentando su anterior trabajo. Pero lo habitual es verlos en una linea medio-alta de festival, si bien no son un nombre que se jacte de llevar un público multitudinario, el culto en distancias cortas siempre llama más, nos estamos acomodando a ver las cosas en condiciones y no rodeados de mamarrachos.
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El calor de julio en Madrid actuó como amplificador de la tensión acumulada antes de que sonaran las primeras notas, el retraso de apertura, las colas que daban la vuelta a la calle principal y la eterna espera una vez dentro valieron la pena. «Untitled« arrancó desde las sombras como si la banda estuviera retomando una conversación interrumpida hace años. Paul Banks, hierático y carismático como siempre, encaraba el micrófono con esa postura que mezcla fragilidad y autoridad de un modo que pocos vocalistas consiguen sostener durante más de veinte años de carrera. «No I in Threesome» nos metía de lleno en un recital en el que la nostalgia tendría un peso importante, tema que sonaba más sucio y directa que en su registro de estudio, con Daniel Kessler serpenteándose como ya es habitual con esa elegancia marca de la casa. Ya a la tercera, y con un «C’mere« impoluto—uno de los grandes singles de Antics— la sala se empezó a creer donde estábamos, en un concierto especial, al que mayoritariamente sólo fans acudieron con total devoción. Devoción trasladada mayoritariamente en un respeto a la banda y público.

Para muchos ‘El Pintor’ es un disco infravalorado, del que incluso a veces la banda hace poca gala en directo (mención aparte a su homónimo Interpol que han borrado prácticamente de la faz de sus setlists), por ello verles recuperar temas de la talla de ‘All The Rage Back Home’ siempre nos hace no perder la esperanza en tal LP. Si algo echamos en falta esa noche fue el ritmo que Sam Fogarino imparte a la banda, el batería, sigue aún recuperándose de una cirugía en su columna y aún no se ha incorporado al live de la banda. Como principales adalides, Paul y Daniel, mantenían el equilibrio del resto de los componentes manteniendo a la perfección los tempos. No tocaron ‘Iron City‘ pero si presentaron un sosegado nuevo tema, ‘Wings On Fire‘, que habrá que catar con calma ya que a priori tampoco nos dijo gran cosa en directo, no fue así con ‘See Out Loud’, que si que suena como un misil.
‘Evil’ y ‘The New’, juntas, son como la tempestad y la calma , dos extremos que juntos funcionan como arma demoledora, entre el pop oscuro y más celebrado de la banda junto a esa brecha donde la oscuridad emerge como un alma rota flotando por la sala, momentos en los que desgañitarnos cantando hacia dentro y hacia fuera. ‘Obstacle 1′, ‘NYC’,’Not Even Jail’ y ‘PDA’ , quemando naves, un temarral tras otro, un hit tras otro y una nueva muestra del peso que ‘Turn On The Bright Lights‘ sigue teniendo para la banda y para sus seguidores, un disco de culto en el que cada uno de sus temas se clava como una cama de alfileres en nuestra piel.

Nadie quiere que eso acabe, es demasiado bueno para ser verdad que tenemos a una de las bandas de nuestra vida a escasos metros, no en un tumulto festivalero en el que escuchas más la chapa del de al lado que esos bajos del averno que brillan como estrellas fugaces, pero todo tiene su fin, un nuevo escarceo a sus dos álbumes fetiches, esos que protagonizaron por goleada la velada, ‘Roland’ nos acelera y ‘Slow Hands’ nos lleva al jodido orgasmo con el público abalanzándose a un medio pogo hacia las primeras filas.
Ser feliz a veces sólo consiste en esto.