All Inside Bodega – Los neoyorquinos volvieron a comulgar con su público madrileño en la Sala El Sol
Un mes antes de publicar All Inside Aquarium, el quinteto neoyorquino llegaba un lunes de septiembre a Madrid en un ensayo general con público, tras arrasar en su paso por el Ebrovisión, los americanos Bodega nos dieron sensación de continuar mudando su piel y mutar a ese rara avis internacional que bien podía mamar de Ramones, de la Velvet que de los B 52’s.
El pasado lunes 7 de septiembre, dentro del ciclo Mazo Madriz y con los mallorquines BAF abriendo la noch, Ben Hozie, Nikki Belfiglio y los suyos volvían a pisar la Sala El Sol ( ya lo hicieron años antes con Dharmacide como telonero en la misma plaza). El motivo de su nueva visita estaba claro, tocaba presentar ‘All Inside Aquarium ‘ (Chrysalis), grabado en Leeds con Matt Peel y mezclado en Brighton por Theo Verney, es según Hozie un intento de «volver a las melodías, de ser más una banda de rock como Dios manda». También ha sido como una carta de amor a su adolescencia, hacia la época en la que en una cinta se recorrían desde temas post-punkeros al grunge de manual.
La banda continúa teniendo ese punch de los primeros trabajos, así si vuelves a sumergirte en el ‘Endless Scroll‘ recordarás de súbito porque temas de la talla de «Jack in Titanic» tienen ese toque puro Bodega, ese rollo arty nervioso donde las guitarras contagian y las voces se te clavan. Pronto nos espetaron temas nuevos, y es que ese que da nombre al disco, es un single de manual que en directo funciona como un tiro, ese aire noventero, guitarras pesadas y melódicas e incluso coros por parte del público con «All Inside Aquarium«.
A partir de ahí casi hora y medio de delirio, de una especie de jam bodeguil donde la comodidad y la energía fluían en ambos sentidos, bien se calzaban «Set the Controls for the Heart of the Drum» o «Tarkovski» que llegaban con ‘Literary World‘ o el bailoteo de «Monthly Follower» y «Quantify«, nos habríamos marcado un pogo pero empezar un lunes lesionado no es lo ideal. En su directo lo antiguo y lo nuevo no compite sino que se complementa y da lugar a un set rotundo y mega sólido. También hubo tiempo para navegar entre su versión más dylanesca con ‘Slow Train’ y no dudaron en rescatar algunos de sus hits menos recónditos entremezclándolas con su – entonces – esperado nuevo trabajo. De ‘Doers’ a ‘Weather Me’ o ‘Statuette On The Console’ fueron perfectos engranajes dentro de ese mecanismo que sonaba a la perfección en la Sol.
Les costó irse y los bises se prolongaron, aprovechando en este último tramo para tirar de un temarral como ‘Gyrate’. Las tablas las tienen bien ganadas, las ganas de seguir sobresaliendo también, quizás no han conseguido reunir el público necesario de momento para sobresalir en salas de mayor tamaño, pero a veces poder ver un par de veces a un grupo de tal calibre dándote la impresión de que son grupo de nicho antes de que explote el fenómeno también se agradece, obviamente, más para el lado del fan.