Crónica del concierto: Sidonie en el Auditorio Miguel Delibes (Valladolid) – marzo 2012

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Al igual que hicieron hace casi exactamente dos años con su álbum ‘El incendio’, Sidonie volvieron este sábado a Valladolid a presentar, en la sala experimental del Auditorio Miguel Delibes, ‘El fluido García‘, su último trabajo. Parece ser que la Sala Mambo, en la que -también por estas fechas- tocaron ‘Costa azul’ hace cuatro años, se les ha quedado definitivamente pequeña para albergar a todos sus fans, algo de lo que, por supuesto, nos alegramos mucho, tanto por ellos como por nosotros -no hay color entre el sonido de una sala y el de la otra, la verdad-. Esta vez contaron con el grupo vallisoletano Dehra Dun como teloneros, que tocaron parte de su segundo álbum, ‘Variaciones imprevistas en el cauce del río‘, grabado junto con la londinense Linda Sanshon y el músico indio Baluji Srivastab -que luego volvió a subir al escenario para tocar el sitar con Sidonie en su tema ‘Sidonie goes to Varanasi’-.

Lo cierto es que del directo de Sidonie convence todo: cómo tocan, cómo bailan, cómo cantan, cómo se visten y las cosas que cuentan entre canción y canción. Empezaron con ‘Alma de goma’, terminaron con ‘El incendio’ y, entre medias, la sensación en muchos momentos era la de estar escuchando un hit-over-hit, como no puede ser de otro modo ante un setlist con temas como ‘Costa azul’, ‘Fascinado’, ‘Sylvia’ -interpretada dentro de la “mini-ópera folk” que es ‘Bajo un cielo azul (de papel celofán)’-, ‘El bosque’ o las más recientes ‘Perros’ -inspirada en las chicas poligoneras, según explicó el cantante- o ‘A mil años luz’, buena prueba de que se hallan en plena forma. La psicodelia con la que, a día de hoy, siguen empapando muchas de sus canciones los diferencia claramente de otros grupos bastante menos interesantes con los que a veces se les compara. Y, a día de hoy también, ‘Giraluna’ sigue sirviendo para romper la linealidad del concierto, esta vez con Marc Ros subido en un carrito de supermercado -“del Mercadona”- con el que se desplazaba entre el público.

Para el final dejaron ‘Nuestro baile del viernes’ y su “bailemos canciones de viernes que ni conocemos”. A juzgar por lo coreadas que fueron, allí todos conocían muy bien las canciones del grupo, pero si algún despistado se llegó a creer lo de “somos Sidonie, un grupo maquetero de Barcelona”, seguramente se diera cuenta en seguida de que no es así. No sólo porque los 20 euros que valía la entrada no se corresponden con un grupo maquetero, sino porque la calidad del espectáculo que ofrecen no está al alcance de cualquiera que un buen día decide subirse a un escenario sino de alguien que, como ellos, lleva ya varios años sobre él. Y los que les quedan.

 

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