El Club de la Gente Sola : Arde Bogotá sacan pecho ante la nocturnidad, el aislamiento y la melancolía
Bailar pegados para el cuarteto ya no es bailar, bailar sólo, apropiarte de tu soledad antes de ser aplastado, bailar como resistencia, como fuga de emociones, como catarsis en el encuentro de esta epidemia compartid, cuanto más conectamos más nos desconectamos. Puede que sean los Arde Bogotá los que intentan galvanizar bajo un mismo prisma a esos corazones recompuestos cual moderno prometeo (brutal el videcolip que acompaña al sencillo). El giro de la banda late hacia pulsos donde el funk, el dub y el post-punk conviven, un giro ochentero, que puede sonar a Golpes Bajos y a los Wire pero también tiene un punch David Byrne o una base interpolera latente. Inmenso ese toquecito que ha dado sin duda Joe Chiccarelli a la banda.
El tercer anticipo de ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS)’, próximo álbum de la banda cartagenera Arde Bogotá, cuya publicación está prevista para el 2 de octubre, como anunció el propio conjunto en el festival Bilbao BBK Live dentro de uno de los conciertos enmarcados en el ‘experimento’ Bigger Splash, nos invita a bailar desde la nocturnidad y la introspección. Impulsada por un ritmo donde el pop y el punk ejercen de anfitriones y cómplices, el tema supone una nueva forma de alcanzar la emoción para un grupo que continúa demostrando su evolución, inquietud artística y ganas de lanzarse a terrenos desconocidos en su mapa de sonidos. La formación asegura que fue la pieza del disco que más les costó terminar y la que más transformaciones sufrió durante el proceso.
Este lanzamiento se ha acompañado de un videoclip rodado íntegramente en Cartagena, en un lugar emblemático, los antiguos túneles subterráneos de submarinos de El Espalmador. Dirigido por Guillermo Aliaga, con la dirección creativa de Sabotage Propaganda, nos devuelve al ingeniero obsesionado con construir un corazón indolente que ya conocimos en Instrucciones y, posteriormente, en Bigger Splash. Esta vez, el búnker se convierte en el escenario de una suerte de crash test ambientado en los 80, un laboratorio hermético donde el invento es sometido a pruebas extremas mientras un grupo de personas observa, expectante, dispuesto a probarlo. Son ellos, precisamente, El Club de la Gente Sola. Una historia que sigue construyéndose a retazos y cuyo final parece condenado irremediablemente al fracaso.