Nashville Pussy: el torbellino (hard) rock de los americanos arrasa en Valladolid
Nashville Pussy no hace giras para llenar tiempo. Cuando Blaine Cartwright, Ruyter Suys y los suyos deciden viajar una buena cantidad de kilómetros en una semana lo hacen porque la promesa es clara: volumen, sudor y la certeza de que algo va a romperse. The Gimme Some More Tour llegaba a España con una parada estratégica en Valladolid el pasado viernes 8 de mayo.
Nashville Pussy fue bendecida personalmente por Lemmy Kilmister, quien los llamó «la última gran banda de rock and roll de Estados Unidos«. Eso no se lo dan a cualquiera. Lo dijo alguien que pasó 40 años predicando el evangelio del ruido y la actitud, que compartió escenario con todo lo que hace ruido en el planeta y que nunca regaló elogios al azar. Ver en directo a los Nashville hace que tengas más presente esta comparativa, la sangre de Lemmy corre por sus venas, eso es así.

Formados en 1997, llevan casi tres décadas haciendo exactamente lo mismo: descargar guitarreo a mansavla , rellenarse con Jack Daniels, y atacar los escenarios como si fuese la última noche de sus vidas. Esto fue exactamente lo que ocurrió en la Porta Caeli, la mítica sala ubicada en Parquesol, no es una mega sala de 2.000 personas, es un espacio donde el ruido tiene consecuencias, donde el público está literalmente a un par de metros de cualquier cosa que suceda en el escenario. Nashville Pussy supo manejar esta distancia a la perfección, los Nashville no necesitan distancia, sus mejores noches son cuando la sala está tan llena que alguien del público termina en el escenario por accidente, cuando el aire es tan denso que respirar se convierte en un acto físico, cuando todos están en el mismo nivel de catarsis. Salpicarte de sus chupitos, sudar cervezas a través de su rock inflamable, electrocutarse de cerca dado su altísimo voltaje…
«Pussy’s Not a Dirty Word», «Shoot First and Run Like Hell» empiezan como si fuera un asalto a mano armada, «High as Hell» se tercian los pogos, se grita, se tantea el air-guitar, se caen los botellines entre riffs llenos de potencia «Come On Come On» o » Speed Machine» van fluyendo con otras como ‘Go Home And Die’ o ‘Testify’, ‘Hate And Whiskey’, Cartwright tarda bastante en tirarse el whisky por la barbilla, la sonrisa que tiene es la de alguien que sabe exactamente lo que está haciendo y no le importa una mierda lo que pienses. Más de 300 almas siguen noqueadas y la sala ya es un puro hervidero, ‘Piece of Ass’ o ‘Why Why Why’ dan muestra de ello. No hay quien lo pare, ir a mear es perderte un pepinazo, tomarse un chupito es imprescindible, pasear por el merchandising es un acto de fe (buenas clavadas por cierto), no pasa nada, al final del camino nos queda toda una oración del rock, «Go Motherfucker Go», himno, griterío y la sudada final. Ese mix entre hard-rock y la cercanía al metal sigue teniendo una delgada línea roja, la que ellos pisan, dominan y equilibrean sin cesar.