Reseña de Havalina – H

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Origami Records

Hay grupos que por alguna razón trascienden los límites estilísticos que marcan los medios (muchas veces de manera imaginaria) y calan entre el público seguidor de géneros con los que a priori tienen pocos vínculos. Havalina es un ejemplo clarividente de lo anteriormente expuesto. Una banda que, especialmente en sus dos últimos trabajos, ha adoptado un enfoque que navega entre muros de sonido distorsionados, un histrionismo embebido en momentos de calma tensa y la suavidad vocal. Posiblemente muchos de los fans que se han unido a su propuesta a lo largo de los últimos años no han ahondado en la discografía de bandas como My Bloody Valentine o Sonic Youth (por citar alguna referencia de cabecera), pero precisamente ahí radica uno de los principales méritos de Manuel Cabezalí, Ignacio Celma y Javier Couceiro: su capacidad para traspasar fronteras sonoras.

En cierto modo, “H” se revela como un trabajo continuista sobre lo ya anunciado en “Las Hojas Secas” (2010), es decir, un ejercicio de contorsionismo sónico en clave rock en el que se entrelazan ingredientes propios del pop, el stoner, la psicodelia, el shoegaze o el post-rock, con un protagonismo absoluto de las guitarras. De nuevo, Havalina hacen gala de su extraordinaria capacidad a la hora de conjugar influencias y sonidos heterogéneos con una marcada personalidad que los convierte en una rara avis en el panorama nacional. Pero el continuismo no implica inmovilismo, y por ello el trío madrileño ha optado por enfatizar su cara más psicodélica y por ofrecer unos textos más cristalinos, sin artificios retóricos, si bien con una clara invitación a la interpretación personal por parte del oyente. Probablemente son síntomas de madurez y de clarificación de sus metas e intenciones. Quién sabe. La creatividad no entiende o no debería entender de cadenas.

“H” es un cúmulo de densidad y atmósfera, como la inicial “Norte”, “El estruendo”, “Animal despierto, animal dormido”, con un inicio acústico que deriva en una maraña de distorsión puramente noise y un aroma melancólico que va ganando en matices a lo largo de sus siete minutos y medio; o “Música para peces”, que hace honor a su nombre y se revela como una pieza psicodélica, con fraseos de guitarra en clave subacuática. Pero a su vez también encontramos cortes directos e impactantes como “La Antártida empieza aquí”, “Viaje al Sol” o “Compañía Felina”. En la parte final, más reflexiva y homogénea, se ubican canciones como la rítmica y densa “Viernes” con esos cambios de intensidad que ya se han convertido en marca de la casa, o “Cuando todos duermen”, que baja el tempo y transita galopando por un territorio ya conocido, pero no por ello menos excitante.

Nos encontramos ante una banda que ha encontrado su identidad diferenciada, su propio terreno en el seno de una escena musical en la cual se posicionan en un nivel intermedio. ¿Tierra de nadie? En absoluto. Más bien han convertido su propuesta en un polo de atracción de inmigrantes sonoros provenientes de estilos musicales divergentes.

A principios de año los tendremos en Valladolid dentro del ciclo de conciertos de otoño-invierno organizado por Notedetengas.

 

Una Respuesta

  1. BullatePorropopopPorropopop

    14 diciembre 2012 15:50

    Impresionante como poco a poco se va saboreando este disco escucha tras escucha te vas adentrando en el.

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