Teatro Paraíso: un Pulgarcito no exactamente (solo) para niños

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Pulgarcito

Llevan 35 años haciendo teatro para público familiar, trabajando por dotar al teatro para niños y jóvenes de la trascendencia que merece: los espectadores de hoy son el público de mañana. Y los complicados tiempos invitan a forjar voluntades bien amarradas a la necesidad del arte para sobrevivir. Son la compañía vasca Teatro Paraíso. Acaban de pasar por FETAL, el Festival de Teatro Alternativo que desde hace diecisiete años se celebra en la localidad vallisoletana de Urones de Castroponce. La presente edición de FETAL se puede disfrutar hasta el próximo sábado.

Los artífices de Teatro Paraíso, Tomás Fernández Alonso, Rosa Ángela García (directores artísticos), y Pilar López (directora del equipo humano), castellanos y leoneses de origen, han pisado la meseta castellana con una versión escénica contemporánea del popular cuento de Perrault, PULGARCITO, en fase de preestreno, interesante por las diversas lecturas que ofrece.

Interpretado por Tomás Fernández y Ramón Monje, y dirigido por Iñaki Rikarte, en este PULGARCITO un hijo se enfrenta al dilema de cómo hacer para cuidar convenientemente a su padre, un anciano dependiente que recurre a la fantasía para evadirse del presente… o quizá para explicárselo. A él mismo y a su entorno. Actualidad y valores universales en una sola obra, muy apta para pequeños y grandes: “Según se dice, los cuentos se inventaron para dormir a los niños y despertar a los adultos, pero ¿y si los padres fuesen los niños y los hijos los adultos?”, se pregunta el equipo de Teatro Paraíso.

La compañía radicada en el País Vasco (trabaja fundamentalmente en Vitoria) recibió en 2012 el Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud. Se refieren al departamento I+D+i en su trabajo con naturalidad. No resulta habitual el empleo de esta idea en cultura. Ellos lo hacen cuando hablan, por ejemplo, de los desvelos que les ha provocado poder sacar adelante Kun Arte (solo una parte de una propuesta más ambiciosa que quedó en el camino a causa de la crisis), un Centro de las Artes para la Pequeña Infancia, o del Beñat Etxepare, un proyecto ligado a la formación de espectadores en colaboración con el Ayuntamiento de Vitoria, por el que ya han pasado 26.000 almas en casi dos décadas de existencia. Más de tres décadas dan para mucho, luces y sombras. Las luces pasan por una comunicación fluida entre agentes sociales: compañías, familias, administraciones.

«Programar es un trabajo de creación artística»

Pilar López (Burgos, 1962), la responsable de los programas de formación de espectadores, deja tras el paso de la compañía por FETAL, algunas ideas productivas sobre el panorama general del sector en España. Todas ellas desde una visión cristalina: se consideran un “servicio público» para el espectador-ciudadano, que no espectador-consumidor. Y esa esencia tiene su punto de arranque en los responsables de la programación, que es “un trabajo de creación artística», remarca. «No se trata de rellenar contenidos, de comprar cualquier cosa. Dependiendo de los ingredientes, se crea un universo o se crea otro”, sostiene Pilar López, “es un trabajo muy delicado, muy importante al creo que en general se ha prestado poca atención”, continúa la directora, y hay que hacerlo “siempre teniendo contacto con el público”.

Teatro Paraíso apuesta por un modelo de gestión mixto, una fórmula que se ha desdeñado en España hasta ahora. “Las compañías también tenemos una gran responsabilidad en esto. En nuestro país ha habido una fórmula casi única salvo excepciones: las compañías hacían los espectáculos y, generalmente, funcionarios de la administración pública, dirigían los teatros. Ha habido poca colaboración entre las dos partes para generar otro tipo de proyectos”, asegura.

Se ha hecho mucho en el sector de las Artes Escénicas en las últimas décadas, pero queda mucho camino por recorrer en la mejora de la colaboración público-privada, según la burgalesa. Colaboración no significa privatización, ni siquiera rentabilidad económica, aclara, significa “rentabilidad social”, y que “el teatro, y el arte en general, no está de adorno, es una de las herramientas que el ser humano tiene para serlo, está con nosotros desde que estamos en la faz de la tierra porque nos permite expresar y comunicar, y esto es algo que no nos lo pueden quitar”, demanda.

Que la Administración Pública busque solo la rentabilidad económica a sus teatros es un error, a juicio de la directora: “A veces la Administración Pública se olvida de su naturaleza de servicio público. No solo la sociedad civil tiene que trabajar en esta dirección”.

Innovar es provocar actitudes críticas

Convencida de que la expresión cultural es fundamental para el desarrollo del individuo, Pilar López extrapola esta tesis a lo que ocurre en Europa: “Las regiones más ricas de Europa están ligadas a desarrollos de las industrias culturales. Hay estudios que lo demuestran. Antes de la crisis el 3% del PIB de este país estaba ligado al a industria de la cultura, por encima de otros sectores que nos parece que están más presentes en las discusiones económicas. Pensemos que la cultura es la oportunidad que tenemos para generar contenidos, para crear ideas innovadoras. Pero todo esto no surge de la nada, surge cuando hay un caldo de cultivo, con ciudadanos que tienen una base cultural, que se hacen preguntas, que buscan respuestas, que nos se conforman. Ahí está la innovación”, revela.

Pero las directrices del Gobierno no se lo ponen fácil, reconoce cuando se le recuerda el golpe del 21% de IVA en cultura: “Nosotros tenemos una doble dificultad, como compañía y como programadores. Nosotros recaudamos el dinero de las entradas. Estamos en un momento delicado, trabajando mucho en las asociaciones profesionales para que se de la vuelta a eso porque hemos demostrado es que no ha habido más recaudación de impuestos y ha habido una bajada de consumo cultural importante. Es un anacronismo en el resto de Europa. A cien kilométros de donde vivimos podríamos tener un IVA de un 2,4% y sin embargo lo soportamos del 21. Esto hace que no seamos competitivos. Estamos en una de las batallas más importantes del sector en los últimos años porque de ello depende nuestro futuro”.

 

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