3 julio 2026
carlangas-universo-paralelo
Nos adentramos en el 'Universo Paralelo' de Carlangas : 'Tenía una necesidad personal de soltar bastantes cosas. Venía con la mochila un poco cargada, y es la primera vez que me suelto así.'

Nos adentramos en el ‘Universo Paralelo’ de Carlangas : ‘Tenía una necesidad personal de soltar bastantes cosas. Venía con la mochila un poco cargada, y es la primera vez que me suelto así.’

Carlos Pereiro, voz y alma de Novedades Carminha durante más de una década, presenta «Universo Paralelo«, su tercer disco en solitario. Un año y medio después de hablar con él sobre «Bailódromo, Vol. 1″, volvemos a sentarnos con Carlangas para hablar de guitarras, barrio, ruptura y de por qué a la inteligencia artificial solo le pregunta por sus análisis de sangre.

  • Antes de nada, gracias por hablar de nuevo con nosotros. Hace año y medio hablamos con motivo de «Bailódromo».

Es un placer volver a charlar contigo. Así me gusta, que no se pierdan las buenas costumbres.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por CARLANGAS (@carlangas)

«El barrio es un universo paralelo»

  • Quería empezar haciendo referencia a esa oda de amor al barrio que hiciste cuando tocaste en las fiestas de La Pradera, en San Isidro, en Carabanchel. La expandiste antes del directo y durante el concierto. ¿Qué significa para ti hacer cultura de barrio en tu día a día?

Yo no diría que hago cultura de barrio, quiero decir. Yo al final vengo de fuera y el barrio me acoge muy bien. Tengo muchas relaciones con los vecinos, sobre todo en mi distrito. Carabanchel es un barrio muy grande, pero yo vivo en San Isidro, que es donde se hacen las fiestas, por eso saqué ese vídeo.

Estaba especialmente jodido porque cerraron el bar al que voy todas las mañanas a las siete y media a tomarme un café y ordenar el día, antes de que amanezca en mi casa. Lo cerraron porque tengo la sensación de que están especulando con el edificio. Me jodía porque en mi barrio también vive mucha gente joven, artistas que han cogido naves como estudios, y eso también es muy bonito: gente expresándose, viviendo una vida muy diferente a la de la gente trabajadora que vivía aquí hasta hace unos años. Pero creo que a nivel general hay una convivencia buena y un respeto muy positivo.

¿Qué pasa? Que siempre llegan los listos: los fondos de inversión, los fondos buitre, que se aprovechan del barrio precisamente por eso. Y de repente empiezan con eso de «el Beverly Urgel» —Urgel es la parada de metro— o «el Hollywood de Pueblo«, cosas así en la prensa que a mí me tocan un poco los cojones. Porque por mi casa pasan artistas muy conocidos y menos conocidos, pasa el del bar, a veces voy yo a casa de mis vecinos. Hay una convivencia muy pacífica entre los nuevos y los viejos. Pero siempre hay pescadores en río revuelto, y a eso me refería: los barrios se transforman y evolucionan, pero no nos olvidemos de que un barrio sin la gente, y sin crecer al ritmo que crece la gente, es un puto aeropuerto que no tiene ningún sentido. Es un trozo de tierra.

Por eso hice ese vídeo el día que fui a tocar. Porque igual que hay mucho brillo alrededor del barrio, a la vez está habiendo desahucios. El otro día hubo uno cerca de mi casa y fue un puto drama verlo. Hay gente sufriendo, no todo es Beverly Hills. El barrio es muy amplio y, por lo menos en mi caso, hay una convivencia muy humana con la peña. Pero para eso hay que bajarse al barro y saber lo que hay, si no vives en un mundo de ilusiones, en un universo paralelo.

Para mí el barrio es un poco eso, un universo paralelo. Paso mucho tiempo aquí, mi hijo va al colegio aquí, tengo mi día a día con la gente de por aquí. Se genera un espacio donde estoy muy tranquilo y en paz, que no es lo que se vive fuera.

Al final llevamos una temporada, desde la pandemia quizá, en la que no hay más que guerras, movidas geopolíticas chungas donde sufre la gente, y aquí también hay una tensión con la vivienda brutal. Y pensé: esto me está amargando la vida, y es jodido no pensar en ello. Evidentemente hay que poner voz, hay una obligación como artista de dar luz sobre estos problemas y pronunciarse, cada uno a su manera. Y por otro lado, buscar un universo paralelo donde yo pudiera estar fuerte y contento, porque no puedo luchar desde un sitio donde no tengo esa energía. Por eso el universo paralelo: un espacio donde poder respirar y vivir. Que no me la van a joder estos cabrones que estén deprimidos y desconectados de la gente.

 

  • «Bailódromo» era un disco de verbena, de groove expansivo. En «Universo Paralelo» vuelves a las guitarras con mucha contundencia. ¿Ha sido una corrección consciente o simplemente ha llegado así?

Por un lado llegó así. Al final hago caso al instinto, a esa antenita interna que uno tiene, y veo lo que me apetece hacer en cada momento, lo que me pide el cuerpo. Y por otro lado, la etapa de «Bailódromo» y de mi primer disco fue una etapa de transición que acaba con este disco: de transición entre Novedades Carminha y lo que estoy haciendo ahora, en un intento de encontrar mi lugar y mi voz. No es lo mismo llevar quince años haciendo música con cuatro colegas que, de repente, plantearte una carrera en solitario. Tuve claro desde el primer momento que tenía que permitirme un espacio para probar de todo y ampliar el espectro, separarme de la idea de Novedades Carminha, aunque en ningún momento quise evitarla. Después de volar en esos dos primeros discos, lo que me pide el cuerpo es volver a hacer las canciones como las hacía casi desde el instituto: con una guitarra, una voz, un bajo y una batería.

Y de ahí «Universo Paralelo«. La verdad es que el disco me ha dejado muy en paz. Estoy muy orgulloso de los dos primeros discos, me gustan, estoy contento. Pero mi casa es esta. Tú puedes estar de viaje por el mundo, ir a sitios fantásticos, dormir en hoteles de la hostia, estar en paraísos, pero al final lo que quieres es estar en tu casa un domingo por la tarde. Eso es lo que me ha pasado con este disco: es una vuelta al hogar en toda regla, y una vuelta a la raíz sobre todo. Yo vengo de ahí, de escuchar rock de los setenta y luego rock de los dosmiles.

 

  • Hay un arco de referencias que va de Lou Reed a The Strokes, Blur, Beck, Elvis Costello… ¿Es una oda a la música de tu juventud?

Tampoco diría que es una oda. Al final el rock and roll es un lenguaje, igual que la música de «Bailódromo» es un lenguaje que hay que entender, o la cumbia cuando dice «cae la noche» con Manu Chao. El rock and roll es un lenguaje que yo me sé, y fue un disco que me salió de forma bastante sencilla: en menos de un año, desde que lo empecé hasta que estuvo editado.

Creo que sentir esa pulsión también era como decirme: vuelve a hacer esto, porque en la última época de Novedades Carminha ya no estaba haciendo rock como tal, y sentía esa necesidad. Resultó que lo tenía muy interiorizado y fue relativamente fácil. Luego tuve que dar con las canciones, pero dije: esto lo sé hacer muy bien, o por lo menos me sale muy fácil. Este disco me da la sensación de que me consolida personalmente, me da como las alas de decir: desde aquí voy a hacer lo siguiente. A lo mejor mezclo cosas, ya veremos hacia dónde voy, pero es desde esta forma de hacer, desde estas tímbricas y desde el lenguaje del rock.

  • ¿Qué ha tenido más peso en este proceso compositivo?

Tenía una necesidad personal de soltar bastantes cosas. Venía con la mochila un poco cargada, y es la primera vez que me suelto así. Hasta ahora siempre había reivindicado la música como un espacio hedonista, de pasarlo bien, y lo sigo reivindicando, me parece esencial bailar y me parece muy bonito lo que genera la música a su alrededor. Pero también encontré otras vías, como en «Vienen a por ti», «Familia S.L.» o «Si lo sé no vengo»: decir, joder, hay cosas que me están dañando, voy a soltarlas, porque es la mejor manera de dejarlas atrás.

En este disco es la primera vez que me expongo así, incluso personalmente, en «Podría ser peor»: como una mirada al espejo, a cosas de mí que a lo mejor no me gustan tanto, pero que también soy yo. No solo soy lo que tú te imaginas o quieres que sea, también tengo mis contradicciones. Este disco a lo mejor no tiene ese carácter tan alegre al que tengo acostumbrada a la gente, pero necesitaba hacerlo así, y estoy contento de cojones de haberlo hecho, porque me ha liberado mucho.

  • ¿Te ha servido también para aliviar la salud mental?

Sí, para seguir el camino. Es un disco de continuación absoluta. Llegó un momento en que pensaba que solo podía hacer una cosa: canciones de buen rollo, de ritmazo. Y dije, espérate, que tenemos esta base, la de cuando aprendí a tocar en el instituto.

  • En la escena se comenta que has vuelto al sonido de las primeras Novedades Carminha.

Creo que eso siempre ha estado presente, pero con esa mutación que le doy a todo lo que toco.

  • Cuando hablas con la gente sobre tu disco, en círculos de amigos, de músicos, de periodistas, te das cuenta de que Carlangas es un poco leyenda, que ha puesto banda sonora a varias generaciones. ¿Te sientes así?

No, tío, la verdad es que no me siento para nada leyenda. Pero sí, he hecho ya mucha música. El otro día alguien me decía que mi setlist en directo suma no sé cuántos millones de reproducciones. No sé si serán tantos, para no colarnos, pero decenas de millones seguro. Y pensé: joder, parece que es la hostia, pero yo no tengo esa sensación en ningún momento. Sí que me considero un suertudo, porque me sigue escuchando la peña, que es algo que no suele pasar. Te puedes leer algún que otro libro y documental de peña que lo ha pasado realmente mal cuando empezó en solitario. Son talentos a años luz de lo que yo pueda hacer en toda mi vida. Yo tuve la suerte de caer de pie con el proyecto en solitario: me sigue escuchando la peña, sigo vendiendo discos, la gente viene a las salas. Tengo un agradecimiento absoluto.

Leyenda no, todavía, porque mi próximo disco tiene que ser el mejor. Tengo solo 38 tacos, me queda carrete por delante.

 

Soltar lastre a través de la música, la mejor terapia.

  • Hablabas de «Familia S.L.», que se presenta como una de las canciones más crudas de esta etapa en solitario, una historia de traición y desencanto. ¿Hasta dónde llega la autobiografía en este trabajo?

En todos, quiero decir. Al final hago un retrato de las cosas que me rodean. A veces es hiperbólico, a veces más crudo de lo que es, a veces uso la ficción. Pero en este disco me quedé a gusto, la verdad. Tuve algunas decepciones en los últimos años y esa canción lo relata a la perfección: gente que te adula, que te adora exageradamente porque entiende que quiere algo de ti, y luego, a la hora de la verdad, cuando vienen mal dadas, no está ahí. Son cosas con las que te encuentras en la vida. Yo también soy un poco Bambi en ese sentido: confío en que cuando alguien te dice que te quiere es porque te quiere. Pero eso también te curte. Estaba muy acostumbrado a dar una cara alegre, divertida. Y en este disco, que es de ruptura —a pesar de volver a la raíz, para mí es de ruptura con una época de mucha investigación, de volar— dije: tengo que probar otras líricas, otras letras. Y me ha molado, es muy liberador. Si tenéis algún problema, escribid una canción. Un problema que no sea médico, ojo, pero alivia soltarlo.

  • Decías que con la edad se aprende que no merece la pena guardarse las cosas.

Pesa muchísimo guardarse las cosas. Al final todo sale, y sale peor, con mala hostia. Es mejor soltarlo cuanto antes. Con la edad también te vuelves menos Bambi: la gente no siempre es tan buena como piensas. Creo que en parte viene de la pandemia: desde ahí nos hemos vuelto más individualistas, más interesados. Antes no lo veía tanto. Íbamos a salir mejores de aquello y al final hemos salido más hijos de puta, muchos por lo menos.

  • Títulos como «DNI», «Gran Vía» o «Si lo sé no vengo» tienen ese peso cotidiano. ¿Hay una intención de anclar las canciones en lo concreto?

Es lo que me sale. Al final escribo escupiendo las letras, no me paro a pensarlo demasiado, son situaciones concretas. A mí de mayor me gustaría ser como Kiko Veneno: ponerle polvitos mágicos a las cosas cotidianas. A eso me refiero, es un poco mi escuela. Si resucitara García Lorca y viese toda la interpretación que se hace sobre sus poemas, igual flipa, porque a lo mejor lo hizo de una manera mucho más ligera. Interpretar tus propias canciones, y encima con tanta frescura, a mí me resulta complicado.

  • Pero tú también tienes que flipar con lo que escribimos cada uno…

hay alguien que escribe sobre una canción mía algo que a mí no se me había ocurrido, y luego yo hago otra canción con eso. Es la metacanción, hay un feedback, nos servimos los unos de los otros.

  • Es como la inteligencia artificial, retroalimentando información…

[risas] La IA es muy poco creativa, es como hablarle a un funcionario en una taquilla de la administración pública. La peña que compone con IA, o los hits de IA, me dan la misma pereza que ir a hacerme el DNI. Aunque para cosas mundanas funciona bien: el otro día estaba mirando cómo afeitarme mejor, porque me he pasado a usar cuchilla y brocha, y la IA me hizo como un tutorial con todas las opciones. Eso me encanta. Pero para lo musical creo que todavía le queda mucho para que alguien con criterio se lo coma.

Una vez estaba borracho en un hotel con gente de la banda y le pidieron a una IA que hiciera una canción como Carlangas. Si hubiera estado un poco más sereno le habría partido la cara al ordenador, era una mierda, tío. Todo alabanzas desaforadas hacia la figura de Carlangas y una canción que era una basura de primaria. Demasiada gente la está usando, por lo que escucho por ahí las letras tiran bastante. Nos quejamos del reggaetón, pero hostia, hay alguna cosilla por aquí también.

  • La ironía y la mirada torcida de siempre sigue aquí, pero ahora con mucha más distorsión, con este paso al rock. ¿El rock endurece el sarcasmo o lo humaniza?

Yo creo que lo humaniza. Sobre todo cuando hablas de cosas que te joden y te distorsionan a ti, tiene sentido usar distorsión en el ampli, por decirlo así. Creo que refuerza el mensaje, lo enmarca mejor. En sí misma, la distorsión ya dice cosas, para mí es como un grito. En algunos temas viene genial.

  • Dear Joanne y Leiva funcionan como extensiones naturales del disco, no como atrezo, sino sumando capas. ¿Cómo llega alguien a colaborar con Carlangas?

 

Tiene que haber una propuesta artística muy concreta y atractiva, y a partir de ahí fluyo. El hecho de sumar nombres no me hace feliz en absoluto, de hecho tengo muy pocas colaboraciones en muchos años de carrera, y tienen que estar justificadas. 

Con Dear Joanne, al final me encuentro con unas punkis en las que me veo reflejado quince o dieciocho años atrás, con esa energía, ese punch un poco fuera de tendencia, como me he sentido yo siempre desde que formé Novedades Carminha, generando su propio camino con unos referentes muy similares a los que yo tenía cuando hacía un punk más pelado. Las descubro, me flipan, y les propongo entrar en «Problemas», que hice pensando en esas referencias, en los básicos, en el underground, en esa música que es mi escuela.

Con Leiva me había cruzado bastantes veces en los últimos años. Se puede decir que es una leyenda, sí. Estaba haciendo una instrumental con una letra que me sonaba muy dosmilera, en el bar del que te hablaba antes, el que acaban de cerrar, que era mi sitio de paz mental, donde me salen muchas ideas primarias. Y pensaba: cuando escuchaba a los Strokes, o «Up the Bracket» de los Libertines, eso era la música internacional. Pero la música nacional que petaba en el pop rock de aquí era Pereza. Y me preguntaba cómo sonarían esas dos cosas juntas, porque en España siempre hemos tenido una forma muy concreta de hacer rock, como puede pasar en Argentina, y el mundo anglo es otra movida. Mi instrumental sonaba más a ese ruido anglo, no tan a rock latino o español. Pensé: imagínate juntar esos dos mundos. Llamé a Leiva, se lo conté, y me dijo «¿tú qué dices, chaval?», pero accedió al momento. Buscamos el hueco y me fui a grabar las voces a su casa. Estuvimos grabando quince minutos y dos horas poniéndonos música el uno al otro. Le descubrí el nuevo disco de Geese, él me puso el de no sé quién, y así todo el rato, hablando de la música de otros. Eso une.

Hay una conexión personal y musical, y las dos colaboraciones quedaron muy integradas en el disco. Para mí es muy importante que sea algo creíble a nivel artístico. Pero no hay ninguna intención de colgarme de la estela de Leiva, porque es algo imposible: representamos cosas muy diferentes. Me gustaría que no hubiese ese punto comercialoide que sí veo en muchas colaboraciones, y que imperase lo artístico. Al final esto es tu legado, lo que vas a dejar. Hacer canciones en las que no crees sería tirar piedras contra mi propio tejado. A lo mejor te da un pico de hype en un momento dado, pero ¿para qué? Yo no puedo vivir del hype.

 

 

Apostando por el futuro

  • Bueno y puntazo las Dear Joanne, que además se alzaron con el Rock Villa De Madrid, las lleváis con Caries, el sello que habéis montado ¿bien no?

Sí, es algo que teníamos ganas de hacer, Natalia —mi pareja— y yo. Los dos somos muy fans de esa energía primaria de cuando se montan las bandas, de los primeros discos. Veíamos que había un déficit: nos quejábamos de que no salía nada de new wave, rock and roll, punk o cosas así, y pensamos que había que generarlo, que muchas veces hay que poner tú el espacio. Aprovechando que llevamos años en esto —Natalia en el mundo de la imagen, como DJ, y más metida aún en la industria musical— usamos esos contactos para montar un sello como Caries: muy pequeño, pero donde hacemos lo que nos da la gana, sin contemplaciones. Es un sello disruptivo, esa era la intención: sacar cosas que a priori no encajan en la industria, pero por qué no, hasta que alguien las propone y funciona.

Dear Joanne ya está empezando a ir bien. Hace seis meses solo hacían teloneos, y veíamos ese potencial en ellas. Lo están desarrollando a fuego, sobre todo con la ayuda de Natalia, que es la capitana de Caries. 

  • Es de admirar que, con una carrera ya consolidada, sigas apadrinando bandas nuevas.

Es que a mí me ha pasado, alguien te tiene que dar la alternativa y dejarte volar, sin deberle nada a nadie. Simplemente nos viene bien a todos. Me gusta que haya escena de grupos de rock, me encantaría que hubiera más bandas salvajes. Cuando veo sellos como Caries o como Candorro, que lo lleva la gente de Camellos , me siento muy conectado a eso, es como yo quiero vivir. El espíritu punk sigue ahí. No tiene sentido que yo saque un disco como si tuviera diecinueve años, pero sí tiene sentido que saque a grupos que me emocionan por eso.

  • Hace año y medio nos comentabas que te apetecía sentarte a escribir un libro. ¿Cómo va ese proyecto?

[risas] Me senté y escribí un disco. Supongo que te lo decía porque me siento comunicador y hay muchos formatos que me pueden molar: la radio es uno de ellos, llevo años haciendo podcast, en Radio 3, en Radio Nacional… Y escribir un libro me gustaría, tengo ofertas encima de la mesa, pero de momento he dicho que no porque no tengo ni escritorio, la verdad. 

 

Que el ritmo no pare

  • Con la cantidad de proyectos que llevas, cuesta entender de dónde sacas el tiempo.

Es algo que me gustaría frenar un poco. Lo pienso muchísimo, que tengo que parar la máquina, porque tengo la sensación de que dentro de un tiempo tengo que sacar un disco grande. Tengo uno en la cabeza desde hace años que nunca me he atrevido a hacer, y toca ponerse, porque no creo que saque otro disco el año que viene. En mayo de 2023 saqué el primero como Carlangas y estamos entrando en junio de 2026 con ya el tercer vinilo. Por mi bien y por el de mis oyentes, no voy a sacar más música en un tiempo. Voy a disfrutar de girar, y alguna canción suelta por el medio. 

Quiero centrarme en ese disco que tengo en la cabeza desde Novedades Carminha y que siempre he ido aparcando porque se me ocurría algo mejor por el camino.

  • ¿Como los discos rollo El Salmón de Calamaro, que se van amontonando?

[risas] No, no, Calamaro es una locura aparte. Estuve una tarde entera con Ariel Rot y me contaba que era ultraprolífico, que se le caían las canciones de los bolsillos. A mí ni de lejos.

  • Detrás de «Universo Paralelo» hay una banda nueva. Después de Los Cubatas, con quienes hiciste «Bailódromo», has cambiado de gente con la que tocas.

Era también mi idea desde el principio: ya que tengo la oportunidad, adaptar los discos a las personas que necesitan, traer a la gente que pide cada disco. Los Cubatas era una banda más funk, que bebía de ritmos de hip hop. Aquí me monté una banda de rock and rolleros, gente a la que le flipan Blur y la música de los setenta, lo que yo estaba escuchando en ese momento. Hasta me compré los amplis que quería para hacer este disco: el típico Plexi de Marshall, un amplificador mítico para encontrar ese sonido.

Parte de los que grabaron el disco son la banda que me acompaña en directo, así que voy ultra-respaldado, con gente que se sabe este lenguaje al dedillo. Es un disco grabado en directo: lo que suena es lo que sonaba en el estudio el día que arreglábamos los temas, un proceso parecido al que se ve en «Get Back», el documental de los Beatles: llegas con un tema, se arregla en el estudio, y cuando está listo le damos al «rec«. Se grabó así en ocho o diez días, todo en directo, con gente de muchísimo nivel, sobre todo del mundo del rock. Necesitaba que la gente me propusiera cosas en esa línea. Estoy contentísimo.

  • Ya lo habéis estrenado en directo.

Tenemos bolos casi todas las semanas. Cerramos el año en La Riviera de Madrid y en Apolo de Barcelona, dos conciertos muy importantes, y entre medias otros veinte festivales: el Pik Nik, las fiestas de La Pradera de San Isidro en Madrid, donde estrenamos muchas de las canciones, y estuvimos esta semana en el Festival de Les Arts, en Valencia.

  • ¿Qué tal sonó allí?

Pues no sonó. Hubo un problema técnico y el público solo pudo vernos tocar, no escuchar el concierto. Fue mucho lío, algo para plantearse cómo se hacen las cosas: nosotros vamos con amplificadores y monitores, para nosotros es lo normal, pero sin sonido es imposible conectar con el público, y sin conexión no hay música en directo. Es como si solo tuvieras treinta segundos para freír un filete: te lo vas a comer crudo. A mí me volvió un poco loco, pensé «¿qué va a pasar con esto?». Es una putada.

  • «Universo Paralelo» tiene un formato compacto, sin relleno. Con «Bailódromo» decías que estaba pensado para ponerse como una playlist seguida. ¿Cómo se escucha este disco?

Tal como está. Me curro mucho el orden de las canciones. Entiendo que la gente escucha singles sueltos, pero lo suyo es escuchar el viaje de «Universo Paralelo» de arriba abajo: la playlist está pensada para que unas canciones encajen con las otras, tiene un sentido, como la portada. Para mí es un todo. Las canciones funcionan como singles, claro, pero a los lectores de No Te Detengas les recomiendo que se escuchen los discos enteros, yo lo hago y es una maravilla.

  • Hemos perdido bastante esa cultura de escuchar un disco de principio a fin.

Totalmente, la gente escucha singles. Y bueno, en una fiesta yo tampoco me voy a poner un disco entero, ahí lo que pega es ir cambiando de artista, hacer un poco de karaoke en el coche con los colegas. Pero en casa es un ejercicio bonito: mi disco dura veinticinco minutos, te lo puedes escuchar haciendo la comida. Creo que tiene sentido y que enriquece la escucha. Y no hablo solo como artista, sino como consumidor: yo escucho todos los discos enteros. Es como leer capítulos sueltos de un libro: tiene sentido leerte el libro entero.

  • ¿Cómo habéis adaptado los temas antiguos al sonido de esta gira, con cambios de un disco a otro?

Es una adaptación al formato que llevamos ahora, desde las guitarras, y funciona perfecto. Al final yo puedo vestir las canciones de una manera u otra, pero siempre he hecho canciones de rock y de pop, es mucho más sencillo de lo que parece. Algunas nos han costado un poco más, pero funciona de maravilla. Hemos abandonado la idea de tocar con cascos en directo, para no estar aislados: he vuelto a tocar con monitores, y usamos amplificadores en vez de emuladores. No es un rechazo a la tecnología, a mí me flipa la tecnología, es una apuesta por la conexión entre nosotros como banda, por poder escucharnos los unos a los otros. Al final las ondas mueven el aire, estamos metidos en un ambiente: si te aíslas de ese ambiente consigues una escucha más nítida, incluso mejor, y a según qué proyectos les puede encajar mejor. Pero nosotros queríamos salvajizar un poco la cosa, y funciona de maravilla.

  • Empieza la gira de festivales, salas y ronda de prensa. ¿Qué es lo que más te gusta de embarcarte en un disco y una gira nuevos, y cómo estás afrontando esta?

Ahora mismo estoy flipado, primero por todos los musicazos que me llevo en directo, y luego por cómo han entendido lo que quería. Yo de alguna manera actúo como director creativo del proyecto, y muchas veces me ha costado llegar a los sitios: tienes una idea en la cabeza y si se queda en el setenta por ciento, pues no. Y me está pasando que estamos llegando a todo. Creo que es una evolución, tanto de la banda como mía, en el sonido: nunca había tenido prejuicios de sonar así, ni para mal ni para bien, sin renegar de lo antiguo, pero llegar a este punto de detalle y precisión sin perder energía me está molando mucho. Y creo que a la gente también.

Hemos hecho pocos bolos todavía, pero tengo muy buena vibra, con el disco y con la gira: tengo fecha hasta finales de verano de 2027, aunque no está todo anunciado. Estoy muy contento, me apetece muchísimo coger la furgoneta. En algunos momentos estaba un poco frustrado porque no llegaba a donde tenía en la cabeza, y ahora va todo rodado, me siento muy arropado, igual que estaba a gusto con el disco lo estoy con cómo hemos preparado el directo. Y eso se traslada luego al escenario: cuando estás frustrado y no llegas, aunque tengas buenos conceptos, hay un pesar de fondo. Sabiendo que la maquinaria funciona, y sería raro que no lo hiciera, genera un nivel de conexión con la gente muy potente. Al final un directo va de eso: de llegar a un sitio, ponerlo todo patas arriba y que la gente lo disfrute como un cabrón, ya sea por lo musical o por la energía. Está currado a todos los niveles, así que estoy súper tranquilo. De hecho me voy a pillar unas vacaciones de la hostia y voy a girar desde Galicia: entre bolo y bolo, estaré en la playa. Es el bonus track, tío, las vacaciones.

 

Próximas fechas

05.07: Valladolid. Patio Herreriano – PIK NIK Alternativo – últimas entradas
11.07: Elche. Nits d’estiu
18.07: Benicàssim. FIB
25.07: Cartagena. La Mar de Músicas [dj set]
05.08: Aranda de Duero. Sonorama Ribera
20.08: Almería. Cooltural Fest