The Strokes / Comedown Machine

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¿Recordáis cuando los Strokes grababan esos discos que eran lo mejor de cada año, llenos de canciones redondas e incluso de himnos para tribus urbanas -‘Last Nite‘ probablemente sea la canción que mejor represente, tanto a nivel estético como musical, la fiebre por el indie de los últimos años de la pasada década-, con unas melodías gloriosas y unas letras vibrantes que nos hacían estremecer cada vez que Julian Casablancas abría la boca?

Ellos tampoco. No sabemos muy bien cómo es posible que un grupo de semejantes características haya pasado, en tan poco tiempo, a hacer discos que no escucharíamos más de una vez si sus autores fueran otros, pero el hecho es que eso mismo es lo que ha ocurrido. Si ya en su anterior álbum había poco que mereciera la pena, desgraciadamente en este ‘Comedown Machine’ la tendencia no se invierte. En el mejor de los casos, podríamos hablar de una pequeña -mínima, ínfima- recuperación con respecto al mediocre ‘Angles‘, lo cual está lejos de ser ningún consuelo, sabiendo lo que estos neoyorquinos son capaces de hacer. Muy clarificador a este respecto resulta el primer single, ‘All The Time’, una canción buena pero en la que nadie habría reparado de haber formado parte del ‘Room On Fire‘.

En verdad el disco no empieza del todo mal: ‘Tap Out’ da bastante el pego como primer corte y tras ‘All The Time’ y el buzz single ‘One Way Trigger’, ‘Welcome To Japan’ -segundo sencillo ya- tiene una parte c que es, directamente, lo mejor del álbum (“You did it alone/ You did it for fun/ You did it for everyone who’s on the run”). Pero las cosas se estropean rápido: ’80’s Comedown Machine’ es un rollo -de no ser por la bonita ‘Chances’ y por el estribillo de ‘Call It Fake Call It Karma’ pensaríamos que ya tampoco saben hacer baladas-, ’50/50′ recuerda a cuando Dover iban a pasarse a la electrónica pero de repente hacían canciones rockeras de más como para disimular y ‘Slow Animals’ y ‘Partners In Crime’ son de un mediocre que asusta.

Lo peor de todo es que parece que a ellos les importa más bien poco el haberse convertido en el grupo favorito de nadie. Al revés, como si tuvieran ganas de causar una estampida entre sus seguidores, se empeñan en repelernos con temas como el mencionado ‘One Way Trigger‘, de insoportable escucha desde que alguien señalara su parecido con la canción de Maná ‘El muelle de San Blas’ -¿de verdad no había otro grupo mejor al que plagiar?-. Y esto es, precisamente, lo más irritante del regreso de los Strokes: escuchar ‘Comedown Machine’ es como cuando discutes con una persona -en este caso, con ellos- que, en lugar de adoptar la actitud seria que requiere el conflicto, se empieza a burlar de ti -¿que quieres canciones buenas? Toma ‘One Way Trigger’-. Nos quedamos con las ganas de matarlos y con la convicción de que sí, de que tal y como anuncia el título del álbum, los Strokes tristemente han pasado de máquina de fabricar hits a máquina de decepcionar a sus fans. 3,8/10.

 

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