La rebeldía moral de Morrissey recae en Madrid. Crónica de su paso por Movistar Arena. Julio 2026
Durante cuatro décadas, Morrissey ha forjado uno de los cuerpos líricos más reconocibles de la música popular anglosajona, siendo al mismo tiempo celebrado como el mayor poeta de su generación y repudiado como el enfant terrible que traicionó sus propios principios. Pocos artistas han encarnado con tanta intensidad la contradicción entre lo que se dice y lo que se es como Steven Patrick Morrissey. Su infancia fue dura, sus padres, irlandeses en tierra extraña, un Manchester que se desindustrializaba, la economía como punto de dolor, ser extranjero dentro de tu propia lengua, todo ello marca, ya sea en su carrera con The Smiths o en su larga trayectoria en solitario, parece que hay un lastre que continúa cuál remora en su vida y que no termina de soltarse para vivir en paz.
Durante los últimos años su mayor constante ha sido la capacidad de cancelar shows con escaso margen de maniobra, con o sin razón, bueno todo depende del prisma bajo el que se mida. Lo que si es cierto es que esto unido a sus opiniones controvertidas y su conversión en un ‘personaje‘ ha ido saturando esa imagen idílica del genio musical para ser convertido en un meme por ocasiones. Es duro, y más si tú has crecido rodeado de esas composiciones, más y menos celebradas, desde que descubrieramos a The Smiths hasta que vibraramos con su ‘Viva Hate‘ en solitario. Han sido muchos años a tu lado Moz. 12 años después, parece que fue ayer, volvíamos a vernos las caras en el mismo recinto madrileño. La presencia persiste, las fuerzas comienzan a flaquear, pero el aura sigue latente.
Madrid, Madrid, Madrid, Madrid…espetaba Moz junto a su banda nada más entrar al escenario. Una hora después de estar revisando videoclips de toda índole desde grada y pista, de Bowie a Interpol, de Visage a Los Ramones, Morrissey y su banda se presentaban en un recinto a medio gas, pista que presentaba una entrada menor a su anterior visita, y grada extensible con alguna que otra calva (no sólo de público que también). Sin duda el miedo a un nuevo plantón fue determinante en la venta de entradas.
Pero bueno, las ganas estaban ahí, al menos la banda desprendía solidez y unidad, con un Patrick en estado de gracia, con una voz que no decae, con un estilo que pese al que le pese, sigue manteniendo, con un setlist que siempre tiene prescindibles, pero que siempre tiene joyas para no olvidar. Las famosas proyecciones durante la interpretación de la banda también fueron aconteciendo durante el directo, marca de la casa. ‘Billy Budd ‘era la elegida para arrancar, seguida de ‘I Just Want To See The Boy Happy’, una misma figura, una misma mirada hacia la vulnerabilidad de ese joven latente en cada uno de nosotros, una mirada de protección y afecto y otra de indignación hacia un sistema que destruye, por algunos temas no pasa el tiempo. ‘The Youngest was the Most Loved’, qué le pasa al más amado ahora, cómo esa figura del joven vuelve a ser dañada ante algo que debiera ser bondadoso. Constantes habituales en la obra de Moz.
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La sombra de The Smiths es alargada, y más de uno sólo estaba allí para recuperar las tonadillas de los de Manchester, ‘Shoplifters Of The World Unite‘ fue la primera en caer, una auténtica delicia de la banda que refleja a la perfección el Manchester que fue acosado por las políticas de la Thatcher, de la llamada a la revolución proletaria de Marx (Workers of the World, unite!), que ha quedado en el ‘Make-Up is a Lie‘, de estas composiciones…De súbito un paseo por ‘You Are The Quarry‘, discazo mayúsculo, como ese bombazo que sueltan de manera temprana , ‘First Of The Gang To Die‘. Tema que protagoniza los primeros momentos de revuelo y tímido – y no tan tímido – bailoteo general. Otro joven que es destruido por algo incontrolado, una constante inicial, un mundo que no perdona cuando los recursos no acompañan. Nueva fuente de elegía.
Morrissey charla, a su manera, se pasea, se deja querer, derrocha voz (eso ya lo hemos dicho), pero el sonido no acaba de ser afinado, embotado por momentos, quizás provocado por esos gaps dentro del recinto, y un técnico de sonido al que le costó de lo lindo pillar el punto a la Gang de Moz. ‘How Soon Is Now‘ nos lleva al hipnotismo de los ochenta, a esa transición entre el observador y el protagonista, ‘I am human and i need to be loved/ just like everybody else does’, la soledad del ídolo. Piel de gallina, uno de los momentos sin duda de la noche. Antes nos sorprendía con una incursión a su nuevo disco, una de las salvables, ‘Kerching Kerching‘, vuelve a sonar la caja registradora, el éxito y la pasta como el único dios al que rendir pleitesía (con las entradas a 100 pavos le tenemos que dar la razón) , de nuevo aparece esa constante que aparecía en los primeros temas del directo, y que vuelve en otra de las nuevas que Moz quería que sonaran en las emisoras de radio españolas a todas horas ¿lo conseguirá con ‘Zoom Zoom The Little Boy’?, una Meat Is Murder modernizada y esa vuelta a la alegría y al niño que sólo quiere salvar a sus animalitos, la misma a la que nos llena su show por el momento, que incluso consigue encontremos el punto a su ‘Make-Up Is A Lie‘ que tocarían un par de temas después sin pena ni gloria. ‘Now My Heart Is Full‘, se clavaba como la mirada de Morrissey en el ‘Vauxhall And I’, lagrimillas…al igual que con ‘Life Is a Pigsty‘, poco se habla del pepino que es ‘Ringleador of The Tormentors‘, álbum con el que se ha vuelto a reconciliar en esta gira, una pocilga que en el fondo tiene un remamente romántico, jodido pero es así, la vida también es una pigsty sin tus canciones…
Hemos de hablar de su banda, ningún inglés militando en la misma, pero sonando dignos, sólidos, dignos escuderos de un adalid tan particular, no podía faltar su alegato animalista, y venía al pelo en nuestra ciudad. ‘Esta es la canción que va a representar a España en Eurovisión este año’, y entre imágenes de corridas de toros con el torero sufriendo lo que sufre de por sí el animal, espetaba ‘The Bullfighter Dies‘, similar a su anterior cita en 2014. ‘I Know It´s Over’, otro de los grandes legados de The Smiths nos dejaba con el corazón en un puño como punto previo a la traca final. ‘Everyday Is Like Sundays’, ‘Monster Of Pig Alley’, ‘Suedehead’ van una tras de otra, como un miura, los domingos como una espera al apocalipsis, los monstruos del callejón llamando a tu puerta y uniéndose a nuestra troupe, los fantasmas del pasado… todo tiene cabida en un setlist que tiene más de autobiográfico de lo que pensamos. El final está cerca, y esas raíces hacen mella en ‘Irish Blood, English Heart‘ para desembocar en los brazos de ‘Jack The Ripper‘.

Todo tiene su fin. Cabe destacar que la deuda con Oscar Wilde es explícita y declarada a través de su discografía (Morrissey decoraba su dormitorio adolescente con retratos de Wilde, escribía el nombre del dublinés en las cubiertas de sus cuadernos, y continúa llevando flores al escenario reproduciendo el gesto estético-decadente del poeta victoriano) hasta el punto que la frivolidad para Moz sigue siendo una forma de rebeldía moral. Esas flores brillaban mientras el artista sudaba la camiseta que rezaba ‘Madrid‘ mientras al público se le empañaban los ojos – mayoritariamente a través de una pantalla – con ‘There Is a Light That Never Goes Out’, himno con la muerte como liberación, el deseo como algo diferido, el ‘adios‘ que pronunciaba sobre el escenario se ejecutaba de manera soberbia. Desembocando en un sentimiento en el que las canciones de su set no pertenecen a Morrissey, pertenecen ya a todos los que las necesitamos en el momento preciso.