Que las camisetas blancas no pasen de moda : Crónica del directo de La M.O.D.A en sala La Riviera. Madrid. Noviembre 2017.

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QUE LAS CAMISETAS BLANCAS NO PASEN DE MODA…

Sin tirar de estadísticas, a ojímetro que se dice, llenar La Riviera tres veces en una misma semana no es tarea apta para todos los grupos. Echamos cálculos: 1.800 personas caben en la sala, lo multiplicamos por tres y nos sale La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Ahí es nada. Normal entonces la sonrisa de orgullo que vestía David Ruiz, vocalista de la banda, al subirse al escenario en el directo que cerraba esta triada de sold outs, el del 30 de noviembre. Noche muy fría en Madrid, que se encargaban de encender los siete de Burgos con su último trabajo, “Salvavida (De Las Balas Perdidas)” aún bien calentito debajo del brazo.

Con dos fechas previas para probarse aquí, el show de su nueva gira estaba más que rodado y ahora solo tocaba relajarse y recoger lo sembrado. Empezaron bien fuerte, haciéndonos saltar desde el primer momento con Mil demonios y la Inmensidad, dos de los temas más sonados de su nuevo disco que apenas lleva en la calle un par de meses. Pero el público las coreaba todas, con las revoluciones rozando la zona roja con O naufragar y Los locos son ellos. Y es que por mucho que el sonido de La M.O.D.A parece evolucionar en ciertos sentidos, no abandona ese aire charanguero y a ratos folclórico que les ha llevado donde están -y que tanto nos tira-.

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Después de una primera parte dedicada casi en exclusiva a “Salvavida“, nos concedían un breve respiro con La cuerda floja antes de la tralla de verdad. Era el tiempo de las míticas, las que te dejan sin voz con la que trabajar el viernes: 1932, ¿Quién nos va a salvar?, PRMV y Catedrales, todas seguidas y sin carrerilla. Buenísimo. La verdad es que, saciados todos los presentes, podían haber parado ahí tras 15 temas bien cargaditos, pero todavía quedaba adrenalina que soltar aunque no nos diéramos cuenta. Tras acordarnos al unísono de Los Hijos de Johnny Cash, levantaron el pie incrustado en el acelerador para dedicar La vieja banda a Adán, ex-guitarrista del grupo que abandonó La M.O.D.A recientemente para “dedicarse a otros proyectos”.

Alguna voz entre el público se alzaba con las reivindicativas Campos Amarillos e Himno Nacional, pruebas de ese enriquecimiento que ha experimentado la banda desde “La Primavera del Invierno”. Y para tratar de apagar la noche del jueves, más leña al fuego tirando fuerte del banjo en los bises: Nómadas, Gasoline y Héroes del sábado terminaron de volar por completo La Rivera. Qué gusto acabar tan arriba un directo y qué lujo ver a unos músicos que se gozan tanto tocando, ojalá no tengamos que esperar mucho para volver a disfrutar de ellos en alguna sala de Madrid. Dice David en una de sus letras que no importa si “vivo de esto o de ser camarero”, pues preferimos los micrófonos a las bandejas, amigo. Larga vida a La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

 

Texto : Nacho Carrasco Ambrona.

 

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