Diez canciones para recordar a Carlos Berlanga (II)

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5. Políticamente incorrecto (Vía satélite alrededor de Carlos Berlanga).
Carlos volvió a reunirse con Alaska y Nacho en su tercer álbum, ‘Vía satélite alrededor de Carlos Berlanga’: ella le hace los coros en varios temas y las letras las vuelve a co-escribir con él. Por si fuera poco, Fangoria, junto con Big Toxic, su primer colaborador allá por 1990, fueron los encargados de producir el disco, impregnándolo del sonido electrónico que tenían sus propios álbumes por aquel entonces -los tres EPs ‘Un día cualquiera en Vulcano’-. “Carlos quería que sus canciones sonaran como las que salían en el canal alemán VIVATV”, cuenta Alaska. Y vaya si lo hicieron. ‘Vía satélite’, a la postre la obra más extraña en la discografía de Carlos, nos permite hacernos una idea de cómo habrían sonado los álbumes de Dinarama si hubieran seguido juntos en los 90. ‘Políticamente incorrecto’ es una suerte de bolero electrónico totalmente cautivador, encargado de cerrar uno de los álbumes más excéntricos y divertidos de la historia del pop español.

4. Impermeabilizado (Impermeable).
Un año antes de su muerte, Carlos se despide con una obra maestra titulada ‘Impermeable’. Todo el álbum gira en torno a la idea de cerrarse “al mundo que le ha traicionado” y de no querer sufrir ni salir más -llegó a decir que Madrid ya no le gustaba-. Este concepto tan berlanguiano de “todo el mundo está en mi contra” estuvo presente no sólo en sus creaciones -ya ‘Alta tensión’, del primer álbum de los Pegamoides, habla precisamente de hacerle “luz de gas” a alguien; en ‘¿Qué sería de mi sin ti?’ nadie le coge el teléfono a la funcionaria ex-convicta, etc.- sino en su propia vida -cuando volvió de la mili les echó en cara a Alaska y Nacho el haber aprovechado su ausencia para darle a ‘Canciones profanas’ una producción rockera-. Esto aparece muy acentuado en ‘Impermeabilizado’, donde llega a sospechar de “las chicas que postulan con modelón” y de “los chicos vestidos de mormón”. Ojalá todos supiéramos expresar nuestros miedos con tanta gracia.

3. Vacaciones (Impermeable).
Más allá de lo interesante que nos pueda parecer la figura de Carlos Berlanga, está claro que si hoy estamos hablando de él no es por otra cosa que por su talento como compositor pop. En este sentido, ‘Vacaciones’ es, con toda seguridad, la canción de su etapa en solitario que mejor muestra la capacidad de su autor para componer auténticos himnos -¿acaso no lo son ‘A quién le importa’ o ‘Ni tú ni nadie’?-. ‘Vacaciones’ parece ser una oda al sexo anal, pero bien podría tratar sobre cualquier otra cosa. Y es que, como ya dijimos en su día, lo que demuestra la calidad de las canciones de Carlos -y las de cualquier buen compositor- es que cualquier artista se las puede llevar a su terreno y hacerlas pasar por suyas. ¿Alguien duda que esto pueda ser un tema de La Casa Azul? Pues eso.

2. 2002 (Vía satélite alrededor de Carlos Berlanga).
Habitualmente se señala lo premonitoria que fue ‘El Hospital’, aquella canción de los Pegamoides que hablaba de los últimos días de vida de un enfermo, entre tubos de goteo y tomando pentotal, lo que puede que se pareciera a los últimos días de Carlos. Probablemente porque es mucho menos conocida, no suele decirse lo mismo de ‘2002’ y, sin embargo, acierta con tanta precisión el año de la muerte de su autor que por momentos asusta (“era joven cuando quiso Dios/ enviarme al mundo del dolor”). Siempre preocupado por lo que se diría de él cuando ya no estuviera, en esta canción Carlos se pregunta quién le querrá en el 2002 y ya nos va anunciando que lo que ha visto en el infierno no le ha gustado nada. Por lo demás, ‘2002’ es ese tipo de canción que echa por tierra todo argumento en contra de ‘Vía satélite’, álbum a día de hoy muy injustamente considerado. Y no lo digo sólo yo.

1. Manga por hombro (Impermeable).
El último álbum de Carlos se cierra con una de sus mejores canciones, si no la mejor. Siempre es triste que un artista de la talla de Carlos Berlanga nos deje, pero aún lo es más si pensamos que se encontraba en el mejor momento de su carrera. ¡Cuántas canciones buenas habrá dejado sin escribir! Como diría Paloma Olivié, ahora tendrá que escribirlas otro. ‘Manga por hombro’, en sus escasos -y exquisitos- dos minutos y medio de duración, condensa su lado más frívolo (““flamingos, piscinas en forma de riñón””) y su lado más aprensivo, en lo que a intención de trascender se refiere (“”¿quién se acordará de él?””). No en vano, una de las mayores preocupaciones de Carlos fue siempre la de pasar a la posteridad y vender millones de discos -“”pero como Brian Eno, sin que me reconozcan por la calle””-. Los fabulosos coros de Alaska contribuyen a pulir una canción que, si no es perfecta, se queda muy cerca. Un broche final ideal para una de las discografías más genuinas que nunca hayamos conocido.

 

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