«Cat Fun», el regreso de Hnos Munoz es uno de los discos nacionales del año

Cuatro años sin material de estudio. Nacho Zayas y Álex Rosano acumulaban singles dispersos, colaboraciones selectas, un exilio creativo que funcionó menos como pausa que como mutación necesaria. Ahora regresan con «Cat Fun», su cuarto disco que ve la luz hoy.
El trayecto del underground
Durante una década, Hnos Munoz trazaron una ruta singular en el underground español. Tres discos, un puñado de singles y colaboraciones con artistas como L’Haine o Rusowsky Varias publicaciones les consolidaron como proyecto de culto con la crítica especializada a su favor. R&B minimal, pop oscuro, electrónica texturizada: géneros que no disolvían la identidad sino que la refinaban. Su antecesor más cercano, «Nuevo Romance« (2020), fue un álbum de R&B oscuro con producciones sutiles, suaves y reverberadas, con graves pesados donde cada tema operaba menos como canción que como esbozo emocional.
Lo que diferenciaba a Hnos Munoz desde el minuto cero no era el talento sino la intención: conscientes de que en el underground español la etiqueta «urbana» funcionaba como cajón de sastre, rechazaban esa etiqueta desde el arranque. Eran músicos que ocultaban su oficio bajo la forma de la canción pop, no productores buscando hits. Esa diferencia es importante.
Entre 2020 y 2026, el dúo publicó singles esporádicos —»AMARRE» (2021), «Chico Serio» (2022), «Mi Fábrica de Baile» (2023) — que funcionaban como señales de vida. Pero señales de una vida distinta. El groove se endureció. Las referencias se ampliaron. Los beats ganaron clase.

La mutación colaborativa
Aquí es donde «Cat Fun» hace su movimiento más agresivo: Hnos Munoz se desliga deliberadamente del gravitacional de cualquier escena. Su intención desde el primer día fue trabajar con músicos, no con artistas. Ahora ese criterio pesa de forma diferente.
Para dar forma a esta nueva visión, reclutaron a tres figuras de talla internacional. Seye Adelekan, bajista de Gorillaz desde 2017, es un músico nigeriano-británico que antes de unirse a la banda virtual de Damon Albarn trabajó como músico de sesión para Paloma Faith, Lana Del Rey y Emeli Sandé. Adelekan no toca el bajo de forma convencional: su trabajo en Gorillaz lo posicionó como arquitecto de texturas bajos que funcionan como instrumento melódico, capaces de sostener grooves que suenan a la vez orgánicos y electrónicos.
Will Fry es un percusionista que ha trabajado con Jamiroquai, Roy Ayers, y ha actuado en más de 50 países, entrenándose en Cuba, Brasil y Senegal. No es batería convencional. Fry es especialista en texturas percusivas: congas, timbales, djembes, la batería cuando sea necesario. Su historial incluye colaboraciones con Duffy y Archie Shepp, lo que sugiere que su enfoque es menos acerca de mantener el pulso que de expandir el color sonoro.
Daniel Collas, cuyo crédito más visible es su trabajo con Phenomenal Handclap Band, representa el lado electrónico más experimental. La combinación —bajo texturizado, percusión multicultural, síntesis experimental— dibuja un espacio que es simultáneamente sureño, francés y estadounidense.