Crónica del concierto de Archie Sheep en la Sociedad Filarmónica de Bilbao. Octubre 2012

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Tras la furia eléctrica de Bellrays y el desparrame sonoro de Wilco, tocaba hacer un kit-kat relajante y nada mejor que el jazz y la presencia en Bilbao de Archie Shepp. Artista multidisciplinar, combinó su faceta musical con escarceos (o algo más) con el teatro y con su asignación a tendencias políticas de izquierda concienciadas con los problemas de los negros americanos. Y Shepp desparramó su sapiencia en una abarrotada Sociedad Filarmónica en el marco del ciclo “365 Jazz Bilbao”, arropado por un grupo superlativo al que no se cansó de presentar, y cimentó su set en el clasicismo del bop, alejándose del free que el ayudó a lanzar.

Con la platea, palcos y anfiteatro llenos de gente dispar (curiosa la conversación sobre un tostón de concierto con obras de Prokofiev de dos señoras a mis espaldas) y durante 100 minutos, Shepp se explayó en la improvisación, sopló con fuste comedido y teatral en el gesto, destilando calidad, y permitió el brillo de sus compañeros en solos estratosféricos y dinámicos del pianista, minimal del contrabajo (más achacoso todavía que la estrella) y estruendoso el del batería. Abrió desatado con “U Jamaa”, veinte minutos de improvisación africanista que solventó con tino, para dar paso a un blues de atmósfera humeante en el que por primera y única vez se despachó al micro, sonando mucho mejor de lo que auguraba su voz rota de las presentaciones. Poseedor de una técnica superlativa, se permitió el tránsito por distintos palos en los que tuvieron cabida desde el bop orgánico, ritmos calientes cercanos a la bossa y swings reptantes que conectaron con facilidad con el público predispuesto.

Ya fuera al saxo tenor o al soprano Shepp se explayó gustoso en solos sinuosos, y como fin de fiesta nos descerrajó un bop cool para enmarcar, en el que tomaron especial protagonismo sus escuderos a las teclas, prístino y rutilante,  y los parches, reptando sutil al principio, asaltarnos con golpeos salvajes que retumbaron en todo el auditorio y volviendo a la senda de la sutilidad para acabar los dos en un crescendo antológico con Shepp al tenor. Dejaron para el bis un tema de ritmo tranquilo, una balada para atemperar ánimos y calmar nuestras neuronas. Y a aplaudir hasta con las orejas.

Y todo por ¡¡¡6 euros!!! Que sirva de acicate a futuras entregas.

 

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